Monday, August 18, 2008

Vindicación de Segismundo

Crítica teatral / La vida es sueño (Compañía Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid)

Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla
LA VIDA ES SUEÑO, de Pedro Calderón de la Barca , en versión de Pedro Manuel Víllora. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente. Escenografía : Rafael Garrigós. Vestuario: Javier Artiñano. Iluminación: José Manuel Guerra. Música: José de Eusebio. Intérpretes: Fernando Cayo, Ana Caleya, Jesús Ruymán, Daniel Huarte, Josep Albert, Victoria Dal Vera, Víctor Anciones, Pedro Cuadrado, Joseba Gómez y Samuel Señas.
Escenario: Castillo de los Guzmán. Niebla. Aforo: 900 personas (Lleno) Fecha: 16 de agosto, 2008.
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Hacer una versión de un clásico como Pedro Calderón de la Barca , y además de una obra cuyos textos o al menos muchos de sus versos pertenecen a la memoria colectiva, es tarea de la que hasta el día de hoy pensábamos se podría salir airoso o pegarse el que  lo intentare un tortazo de importancia. Pero existe otra posibilidad en la que no habíamos reparado hasta ahora, hasta ver sobre el escenario la extraordinaria versión de Pedro Manuel Víllora. Es esta tercera posibilidad la de construir un armazón eficaz sobre el que componer toda una obra de arte, como esta que con tanta precisión como riesgo ha puesto en escena Juan Carlos Pérez de la Fuente. Repetimos el calificativo: Extraordinaria.
Primero pues, está lo de trabajar el texto, eliminar lo improcedente, lo superfluo que no condiciona la intención última del director, cual es la de narrar la historia de uno de los personajes más conocidos y principales del teatro clásico español, Segismundo. Pero contarla en toda su crudeza, algo que se evidencia desde la primera escena, desde el impresionante monólogo del héroe encadenado. Aquí, y permítaseme la digresión que interrumpe el discurso que llevaba, Fernando Cayo está absolutamente impecable, creíble por cualificar de manera que se entienda de forma meridianamente clara lo significativo del hecho. Quiere decirse que actúa por encima de la normalidad. De nuevo surge el calificativo: extraordinario. Y continuamos, porque está el texto pero también la dirección y la interpretación, que si con Cayo alcanza notabilísimas cotas, no le está a la zaga la interpretación de Ana Caleya, cuya aparición, desde que se abre el telón hasta que finaliza la obra, es contemplar escenas de una fuerza expresiva a tono con el ritmo impuesto por Pérez de la Fuente al clásico calderoniano, vertiginosa, contundente y de nuevo el mejor halago que se pueda dar a un profesional de la escena, creíble.
Tiene el director pues mimbres, que él los habrá buscado y trabajado, para esta oportuna rotulación del nombre de don Pedro Calderón de la Barca en los afiches. Eso sí, a través de sin lugar a dudas su obra cumbre – y por ende de todo el teatro barroco español -. Pero además de los mimbres eficazmente localizados y cortados, seleccionados quiere decirse, están los que se han manufacturado en una producción cuidada hasta el milímetro. Compruébese, por ejemplo, la magnífica tonalidad cromática de toda la puesta en escena, desde los decorados a los vestuarios, donde casan perfectamente los uniformes plásticos con el cuero de campaña, o el caso del utillaje de escena, donde tampoco desentonan lo más mínimo un subfusil ametrallador con la espada corta que es pista que lleva a la historia que se dejó atrás y que ahora vuelve, completa, excelentemente bien explicada, bien versionada pues, en este Calderón en estado puro que la joven compañía madrileña con tanta sabiduría ha sabido construir. Ya lo decíamos antes, desde los cimientos a cada una de las escenas de este barroco purísimo, manierista ya en sus excelentes coreografías y en la interpretación de unos actores sobrados y entregados a esta recuperación colectiva, a esta vindicación del mejor teatro clásico español.
Sófocles nos trajo hace unas semanas su Ayax, y Shakespeare cerrará el próximo sábado con su Hamlet – de nuevo el taquillaje agotado -. El teatro español tiene también su Segismundo y aquí nos lo han traído, Pérez de la Fuente y compañía, envuelto en el mejor papel de seda. Maravilloso.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias, el 18 de agosto.

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Tuesday, July 15, 2008

Construir el pasado, disponer el porvenir

Está reciente la publicación y presentación de un libro ameno y riguroso a un tiempo, “Familia y población en el Condado de Niebla” (Diputación Provincial de Huelva, 2008), del que es autor el profesor y doctor en Historia por la Universidad de Huelva, Manuel Mora Ruiz.
Antes de esta obra, el profesor Mora disfrutó de una beca en la Universidad de Huelva, fruto de la cual y también gracias a haber formado parte del Instituto de Desarrollo Local de dicho institución académica, han sido los estudios “Espacio y población en la provincia de Huelva” (1992), Estudio socioeconómico del Condado” (1993), Iniciativas de desarrollo local en la provincia de Huelva” (1994), “El bien de los pobres” (2000) o sus colaboración en distintas enciclopedias con esta provincia de fondo, como fueron “Los pueblos de Huelva”, “Artes, costumbres y riquezas de la provincia de Huelva” e “Historia de la provincia de Huelva”.
Ahora y después de haber dirigido sus pasos hacia la actividad docente en las enseñanzas medias e incluso de haber realizado una feliz incursión en la vida política – es alcalde de su pueblo, Lucena, tras conformar una candidatura independiente que se alzó con el triunfo en las últimas elecciones municipales -, vuelve a publicar un estudio histórico que se centra en el Antiguo Régimen y en la zona meridional del antiguo Condado de Niebla, centrándose en tres parroquias de aquella tierra condal, las de Beas, Bonares y la propia Lucena, su pueblo natal.
Entre los siglos XVI y XIX, quiere decirse entre el fin de la Edad Media y la aparición de la luz de la razón en la vieja Europa, estas tierras de lo que hoy es provincia de Huelva, vivió una marginalidad que ha dado carácter y modelado la actividad económica en los pueblos estudiados por Mora Ruiz y, en general, por el resto de poblaciones de la provincia. Es el análisis de la evolución de las variables demográficas en Beas, Bonares y Lucena, el punto de partida del investigador para alcanzar a mostrar al lector una realidad compleja como es la de esta zona meridional del que hoy se denomina Condado de Huelva o Campiña.
Tras esta primera aproximación a la realidad a través del estudio de su población, de los registros y huellas que en archivos parroquiales dejaron los vecinos del antiguo Condado de Huelva, Manuel Mora Ruiz profundiza en el análisis de lo que denomina Ciclo Demográfico Antiguo, un periodo histórico que en España se sitúa en estos tiempos del Antiguo Régimen y que se caracterizan por unas altas tasas de mortalidad y de natalidad, además de por un crecimiento estable y moderado. Esperanza de vida, tasas de fecundidad, edad media de matrimonio… sirven al autor para establecer modelos de comportamiento social y cultural que definen un tiempo y un lugar, pero que sobre todo explican unos modos de vida que son directamente los que han devenido en lo que hoy somos. De ahí que conocer estos registros históricos en profundidad, tal como nos ayuda ahora esta inevitable obra de Manuel Mora Ruiz, nos llevará a preparar mejor los tiempos que están por venir, corrigiendo y estableciendo pautas que ayuden a mejorar las condiciones socioeconómicas de esta comarca onubense y del resto de la provincia.
En el centro de todo el entretenido volumen editado por la Diputación de Huelva en su colección “Investigación” (20 euros en librerías),  está la familia como marco de las relaciones vitales del individuo y de reproducción de la organización social imperante. Un trabajo que viene a llenar un hueco importante en el panorama de las investigaciones históricas sobre nuestra provincia y en particular sobre el Condado.
Casi de tres siglos y medio es el periodo que abarca el estudio de Manuel Mora Ruiz, desde 1520 hasta 1860. Esto revela el esfuerzo que ha tenido que desarrollar el autor, toda una labor de años exhumando viejos archivos parroquiales y municipales, para hacerse con una información valiosísima que le ha permitido regalarnos ahora esta precisa información sobre cómo era el discurrir vital de los antiguos vecinos de El Condado. No es de extrañar pues, que después de una serie de estudios e investigaciones realizadas en el ámbito universitario, el profesor Manuel Mora Ruiz haya estado casi ocho años sin publicar ni una sola obra. Esfuerzos políticos y actividad docente al margen, todavía le ha quedado tiempo para construir esta certera y pulcra revisión de nuestro pasado.

publicado en El Mundo - Huelva Noticias hoy, 15 de julio de 2008

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Entretener y soñar

XXIV Festival Castillo de Niebla: Compañía Nacional de Teatro Clásico

LAS MANOS BLANCAS NO OFENDEN, de Pedro Calderón de la Barca , versión y dirección de Eduardo Vasco. Música: Alicia Lázaro. Escenografía: Carolina González. Vestuario: Lorenzo Caprile. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Coreografía: Nuria Castejón. Asesor de verso: Vicente Fuentes. Músicos: Sara Águeda (arpa), Melissa Castillo (violín barroco) e Irene Rouco (cello barroco). Intérpretes: Pedro Almagro, Miguel Cubero, Silvia Gómez, Sergio Mariottini, Toni Misó, Adolfo Pastor, Elena Rayos, Diego Toucedo, Iñigo Asiaín, Montse Díez, Ione Irazábal, Juan Meseguer, Joaquín Notario, Pepa Pedroche, José Luís Santos.

Castillo de los Guzmán. Niebla. Aforo: 900 personas (Lleno) Fecha: 12 de julio, 2008. (***)

Estrenada hace unos días en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, recaló en Niebla antes de marchar con la Compañía Nacional de Teatro Clásico a Madrid. Comedia de capa y espada de don Pedro Calderón de la Barca , cuyos impulsores aseguran que hacía más de un siglo que no se representaba en España.
Probablemente, y de no mediar una entidad pública dedicada a recuperar y poner en valor el teatro clásico español, no se estrenará en como poco un par de siglos más. Liviana, feliz en el argumento, excesivamente blanco incluido el momento en el que César muestra sus genitales a la corte para probar que no es Celia, los textos corresponden más al argumento de un tebeo que a una obra de teatro. La función de compañía y gestores, debe ser pues la mentada recuperación del teatro del siglo de Oro, como ocurre con esta obra de don Pedro Calderón de la Barca , que cogía el lápiz y no había quién lo parara al hombre cuando de escribir comedias se trataba. Hay más Calderón, por supuesto. Y también más teatro clásico español. Esta comedia, de sosita que es, ni ofende siquiera.
Enredos entre damiselas y caballeros de la corte, comedia para divertir en palacio y que en tiempos posteriores pasó a representarse en infinidad de teatros y corrales de comedia, a tenor de las múltiples ediciones que de sus textos se hicieron desde entonces. Desde luego, ingredientes tenía como para divertir al pueblo llano: travestidos, sustos, accidentes… gags les llamamos ahora que la producción y el léxico nos llegan de fuera. En la obra hay de eso, pero sobre todo está la manera de vivir de los estamentos privilegiados, ese espejo en el que el pueblo siempre gustó tanto mirarse o, sobre su reflejo, dormirse y soñar (véanse las telenovelas actuales o los programas del corazón: puro deseo de alcanzar por la contemplación esa gloria efímera y simple).
T
ambién está, y eso sí que atrae, el amor y la juventud, elementos imprescindibles de un juego en el que participan indecisiones y pasiones, el lance, en fin, más apetitoso para el alma humana, algo que estuvo siempre en la pluma, tan prolífica como certera de uno de los más grandes genios de nuestro Siglo de Oro.
Con los vestuarios, plenos de puntillas, encajes y miriñaques, habrá disfrutado de lo lindo su creador, Lorenzo Caprile. La escenografía es justa aunque parca, como corresponde a estos tiempos minimales. Y lo demás, bien. A excepción de los actores, que estuvieron soberbios, mereciéndose destacar la naturalidad y el perfecto acoplamiento que tuvo cada cual a su rol, estrictamente lineal, como corresponde a un tebeo, que es de lo que se trata y lo que escribió don Pedro. Un tebeo para entretener a la corte sin necesidad de meterse en honduras. Comedia nutricia le llamaban a esto.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias el 14 de julio

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Saturday, August 11, 2007

DANZA EN NIEBLA

Últimos pasos de Julio Bocca

BERNARDO ROMERO

Antes de su despedida de los escenarios, que tendrá lugar en Buenos Aires y en un escenario al aire libre el próximo verano austral, el 22 de diciembre exactamente, Julio Bocca ha decidido recorrer algunos festivales españoles durante este verano y otoño del hemisferio norte. Entre ellos, Niebla.

Este mes de agosto le llevará también en su gira internacional de despedida a La Coruña , Santander, Peralada, Gijón y Mérida, mientras que en octubre volverá para bailar en San Sebastián y Victoria antes de regresar a la Argentina.

Piensa y sostiene el bailarín “diez” que los cuarenta años es la edad precisa para abandonar el rigor y los sacrificios que obligan a una primera figura de la danza mundial. Es por ello que continuará ligado a la danza, como director o docente, pero ya definitivamente la malla no se la volverá a poner. Tenemos pues la oportunidad de presenciar – las entradas, parece ser que llevan meses agotadas – en Niebla una de las despedidas parciales, antes de la definitiva en Buenos Aires, que está realizando el que fuera primer bailarín del American Ballet Theatre de Nueva York y que ha cumplido nada menos que 27 años sobre los escenarios.

En el patio de armas del iliplense castillo de los Guzmán e incluido en el sorprendente y extraordinario programa que la Diputación Provincial de Huelva ha confeccionado para esta vigésimo tercera edición del Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla, Julio Bocca presentará junto al Ballet Argentino y con Cecilia Figueredo como primera bailarina, un programa conformado por tres piezas, la primera de las cuales, “Desde lejos”, cuenta con una coreografía de Mauricio Wainrot y música de Wim Mertens. Después vendrá “Nine Sinatra Songs”, con piezas inolvidables de “ La Voz ”, como Softly, Strangers, One for my baby, My Way, Something stupid, All the way, Domani, o “That’s life”. La música será del gran Sinatra y la coreografía de Twyla Tharp. Para finalizar, el “Ave María” de Schubert y otras piezas de carácter religioso, con coreografía de Ana María Stekelman componen el tercer paso de esta actuación, “Cruz y ficción”.

El solo nombre de Julio Bocca nos lleva a rememorar nombres míticos de la danza en estas últimas brillantes décadas. Mijail Baryshnikov, Alicia Alonso, Maia Plissetskaia, Carla Franci o el gran Rudolf Nureyev y, por supuesto este Julio Bocca que estará esta noche en Niebla con la compañía que fundara en 1990, el Ballet Argentino, primera compañía extranjera que actuara en L’Hermitage de San Petersburgo.

Antes de fundar su propia compañía y trabajar denodadamente para popularizar la danza en Argentina, algo que tiene previsto retomar con más fuerza aún cuando ahora cuelgue las zapatillas, Julio Bocca estuvo 20 años nada menos con el American Theatre neoyorkino, con el cual se presentó en todas las temporadas del Metropolitan Opera House. Al tiempo e invitado por compañías de distintos países, el nombre del bailarín argentino ha estado en los más prestigiosos carteles del orbe: Royal Ballet londinense, el Bolshoi moscovita, la Scala de Venecia, la Zarzuela de Madrid, el Ballet de la Ópera de París o el Kirov sanpetersburgués. Una carrera impresionante de un genio de la danza y una sorpresa en la programación del Festival de Teatro y Danza “Castillo de Niebla”, que se ha preocupado de agradecer al astro argentino el significativo hecho de incluir esta cita anual con la danza entre las plazas que verán en España su despedida de los escenarios. Desde luego cita, pero sobre todo una oportunidad que muchos aficionados de esta provincia y otras limítrofes, no se han dejado escapar. Esta noche, en Niebla, Julio Bocca.

  El Mundo - Huelva Noticias. 14 de agosto, 2007

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