Vindicación de Segismundo
Crítica teatral / La vida es sueño (Compañía Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid)
Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla
LA VIDA ES SUEÑO, de Pedro Calderón de la Barca , en versión de Pedro Manuel Víllora. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente. Escenografía : Rafael Garrigós. Vestuario: Javier Artiñano. Iluminación: José Manuel Guerra. Música: José de Eusebio. Intérpretes: Fernando Cayo, Ana Caleya, Jesús Ruymán, Daniel Huarte, Josep Albert, Victoria Dal Vera, Víctor Anciones, Pedro Cuadrado, Joseba Gómez y Samuel Señas.
Escenario: Castillo de los Guzmán. Niebla. Aforo: 900 personas (Lleno) Fecha: 16 de agosto, 2008.
(*****)Hacer una versión de un clásico como Pedro Calderón de la Barca , y además de una obra cuyos textos o al menos muchos de sus versos pertenecen a la memoria colectiva, es tarea de la que hasta el día de hoy pensábamos se podría salir airoso o pegarse el que lo intentare un tortazo de importancia. Pero existe otra posibilidad en la que no habíamos reparado hasta ahora, hasta ver sobre el escenario la extraordinaria versión de Pedro Manuel Víllora. Es esta tercera posibilidad la de construir un armazón eficaz sobre el que componer toda una obra de arte, como esta que con tanta precisión como riesgo ha puesto en escena Juan Carlos Pérez de la Fuente. Repetimos el calificativo: Extraordinaria.
Primero pues, está lo de trabajar el texto, eliminar lo improcedente, lo superfluo que no condiciona la intención última del director, cual es la de narrar la historia de uno de los personajes más conocidos y principales del teatro clásico español, Segismundo. Pero contarla en toda su crudeza, algo que se evidencia desde la primera escena, desde el impresionante monólogo del héroe encadenado. Aquí, y permítaseme la digresión que interrumpe el discurso que llevaba, Fernando Cayo está absolutamente impecable, creíble por cualificar de manera que se entienda de forma meridianamente clara lo significativo del hecho. Quiere decirse que actúa por encima de la normalidad. De nuevo surge el calificativo: extraordinario. Y continuamos, porque está el texto pero también la dirección y la interpretación, que si con Cayo alcanza notabilísimas cotas, no le está a la zaga la interpretación de Ana Caleya, cuya aparición, desde que se abre el telón hasta que finaliza la obra, es contemplar escenas de una fuerza expresiva a tono con el ritmo impuesto por Pérez de la Fuente al clásico calderoniano, vertiginosa, contundente y de nuevo el mejor halago que se pueda dar a un profesional de la escena, creíble.
Tiene el director pues mimbres, que él los habrá buscado y trabajado, para esta oportuna rotulación del nombre de don Pedro Calderón de la Barca en los afiches. Eso sí, a través de sin lugar a dudas su obra cumbre – y por ende de todo el teatro barroco español -. Pero además de los mimbres eficazmente localizados y cortados, seleccionados quiere decirse, están los que se han manufacturado en una producción cuidada hasta el milímetro. Compruébese, por ejemplo, la magnífica tonalidad cromática de toda la puesta en escena, desde los decorados a los vestuarios, donde casan perfectamente los uniformes plásticos con el cuero de campaña, o el caso del utillaje de escena, donde tampoco desentonan lo más mínimo un subfusil ametrallador con la espada corta que es pista que lleva a la historia que se dejó atrás y que ahora vuelve, completa, excelentemente bien explicada, bien versionada pues, en este Calderón en estado puro que la joven compañía madrileña con tanta sabiduría ha sabido construir. Ya lo decíamos antes, desde los cimientos a cada una de las escenas de este barroco purísimo, manierista ya en sus excelentes coreografías y en la interpretación de unos actores sobrados y entregados a esta recuperación colectiva, a esta vindicación del mejor teatro clásico español.
Sófocles nos trajo hace unas semanas su Ayax, y Shakespeare cerrará el próximo sábado con su Hamlet – de nuevo el taquillaje agotado -. El teatro español tiene también su Segismundo y aquí nos lo han traído, Pérez de la Fuente y compañía, envuelto en el mejor papel de seda. Maravilloso.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias, el 18 de agosto.