En el túnel del tiempo

Foto promocional de la Compañía de Revista Puerta de Alcalá
CRÍTICA TEATRAL
LAS LEANDRAS. Libreto de Emilio González del Castillo y José Muñoz Román. Música: maestro Francisco Alonso. Coreografía: Evangelina Esteve. Dirección musical: Félix Sanmateo. Dirección escénica: Adolfo Pastor. Intérpretes y músicos: Compañía de Revista Puerta de Alcalá.
Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 10 de octubre, 2008.
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Casi por estas fechas, a principios de noviembre del pasado año, recalaba en Huelva la compañía teatral “
La Cubana”. Traía uno de los espectáculos más aplaudidos y recordados de sus fecundos veinticinco años de trayectoria: “Cómeme el coco, negro”. De aquello decíamos en este mismo diario que se trataba “de un espectáculo muy bien montado y mejor llevado, pleno de ritmo, de luz y color”. Y también decíamos que además de todo eso estaba “la obra, y un guión que se sinceraba a veces de forma descarnada y tierna con los propios personajes, absolutamente fieles a muchos teatreros y cómicos que ya apenas son historia de la escena última española”.
Eso creíamos, pero no. Para sorpresa nuestra, aunque no para el público que llenó el aforo del Gran Teatro, de apenas historia, nada: las varietés todavía existen, o al menos las han extraído del subsuelo en una suerte de excavación arqueológica que no ha necesitado para ello de la demolición del centenario coliseo de la calle Vázquez López. No ha sido necesaria la piqueta, ni el pico y mucho menos la pala. Los restos arqueológicos estaban allí, sobre la escena. Y uno no daba crédito.
Chistes zafios y bordes, gestos groseros y una pobreza teatral impropia de estos tiempos, servían de envoltorio a una obra que ya en su tiempo, en los primeros años treinta y cuando en España se hacía teatro de altura, con propuestas atrevidas que luego costarían la vida a más de uno y más de dos, era un auténtico desfase, algo anacrónico y muestra evidente de lo que este país no quería ser. Aunque luego, fue. Qué les voy a contar. Ya lo creo que fue… y siguió siendo: sólo hay que ir unos años atrás y recordar eso que llamaron el destape, que nos saca los colores con sólo su recuerdo; o en general toda esa España cutre y salida que pobló burdeles y casas de cita durante todo el franquismo. Un horror.
A estas alturas, con un país metido en la modernidad muy a su pesar, que nos vengan ahora con revistas de este tono, que nos vengan con un muestrario de culos (por cierto, alguno con excesiva celulitis), escotes y mal gusto, pues resulta al menos algo anacrónico, por no excedernos demasiado en calificativos que creemos prescindibles.
El público, en su inmensa mayoría con el carné del Inserso en la cartera, aplaudió cada una de las ocurrencias de las vedettes que se bajaron del escenario a regalar dosis extra de entrepierna y tetamen. Eran del tipo ¡Huy, pero si tiene usted el móvil en el bolsillo! Y cosas por el estilo. Ya les digo, un auténtico horror.
Prescindiremos de hablar de la interpretación o de las canciones con las que regalaron al público, e incluso prescindiremos de hablar de la iluminación o los decorados, que simplemente iban a juego con esta obra que pretende recuperar un espectáculo que ocupó un lugar, triste pero un lugar, en la España de antaño y que ahora tan sólo se puede ver como un mareante viaje a través del tiempo.
Cuando la compañía “La Cubana” hacía ese homenaje a las revistas y varietés que fue “Cómeme el coco, negro”, no pensábamos que se pudiera viajar a ese túnel oscuro en busca de uno de aquellos espectáculos, pero sí. En estos atribulados tiempos, hasta la cutrez vende que se las pela. A pesar de la crisis. Y si no se lo quieren creer, enciendan su aparato televisor. En cualquier canal y a cualquier hora. Es lo que hay.
En El Mundo - Huelva Noticias, 12, octubre, 2008