Saturday, October 11, 2008

En el túnel del tiempo


Foto promocional de la Compañía de Revista Puerta de Alcalá

CRÍTICA TEATRAL

LAS LEANDRAS. Libreto de Emilio González del Castillo y José Muñoz Román. Música: maestro Francisco Alonso. Coreografía: Evangelina Esteve. Dirección musical: Félix Sanmateo. Dirección escénica: Adolfo Pastor. Intérpretes y músicos: Compañía de Revista Puerta de Alcalá.

Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 10 de octubre, 2008.

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Casi por estas fechas, a principios de noviembre del pasado año, recalaba en Huelva la compañía teatral “
La Cubana”. Traía uno de los espectáculos más aplaudidos y recordados de sus fecundos veinticinco años de trayectoria: “Cómeme el coco, negro”. De aquello decíamos en este mismo diario que se trataba “de un espectáculo muy bien montado y mejor llevado, pleno de ritmo, de luz y color”. Y también decíamos que además de todo eso estaba “la obra, y un guión que se sinceraba a veces de forma descarnada y tierna con los propios personajes, absolutamente fieles a muchos teatreros y cómicos que ya apenas son historia de la escena última española”.
Eso creíamos, pero no. Para sorpresa nuestra, aunque no para el público que llenó el aforo del Gran Teatro, de apenas historia, nada: las varietés todavía existen, o al menos las han extraído del subsuelo en una suerte de excavación arqueológica que no ha necesitado para ello de la demolición del centenario coliseo de la calle Vázquez López. No ha sido necesaria la piqueta, ni el pico y mucho menos la pala. Los restos arqueológicos estaban allí, sobre la escena. Y uno no daba crédito.
Chistes zafios y bordes, gestos groseros y una pobreza teatral impropia de estos tiempos, servían de envoltorio a una obra que ya en su tiempo, en los primeros años treinta y cuando en España se hacía teatro de altura, con propuestas atrevidas que luego costarían la vida a más de uno y más de dos, era un auténtico desfase, algo anacrónico y muestra evidente de lo que este país no quería ser. Aunque luego, fue. Qué les voy a contar. Ya lo creo que fue… y siguió siendo: sólo hay que ir unos años atrás y recordar eso que llamaron el destape, que nos saca los colores con sólo su recuerdo; o en general toda esa España cutre y salida que pobló burdeles y casas de cita durante todo el franquismo. Un horror.

A estas alturas, con un país metido en la modernidad muy a su pesar, que nos vengan ahora con revistas de este tono, que nos vengan con un muestrario de culos (por cierto, alguno con excesiva celulitis), escotes y mal gusto, pues resulta al menos algo anacrónico, por no excedernos demasiado en calificativos que creemos prescindibles.
El público, en su inmensa mayoría con el carné del Inserso en la cartera, aplaudió cada una de las ocurrencias de las vedettes que se bajaron del escenario a regalar dosis extra de entrepierna y tetamen. Eran del tipo ¡Huy, pero si tiene usted el móvil en el bolsillo! Y cosas por el estilo. Ya les digo, un auténtico horror.
Prescindiremos de hablar de la interpretación o de las canciones con las que regalaron al público, e incluso prescindiremos de hablar de la iluminación o los decorados, que simplemente iban a juego con esta obra que pretende recuperar un espectáculo que ocupó un lugar, triste pero un lugar, en la España de antaño y que ahora tan sólo se puede ver como un mareante viaje a través del tiempo.
Cuando la compañía “La Cubana” hacía ese homenaje a las revistas y varietés que fue “Cómeme el coco, negro”, no pensábamos que se pudiera viajar a ese túnel oscuro en busca de uno de aquellos espectáculos, pero sí. En estos atribulados tiempos, hasta la cutrez vende que se las pela. A pesar de la crisis. Y si no se lo quieren creer, enciendan su aparato televisor. En cualquier canal y a cualquier hora. Es lo que hay.

En El Mundo - Huelva Noticias, 12, octubre, 2008

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Monday, April 7, 2008

Fado, vida e mistério

Trató de recordarnos Joana Amendoeira que el fado no es sólo saudade, tristeza o desamor, que también puede ser divertido, alegre, tal como demuestra el estar presente en las fiestas populares lisboetas. El fado es vida, afirmaba la joven fadista de Santarem, en la noche del sábado sobre el escenario del Gran Teatro de Huelva, donde estuvo acompañada por tres excelentes músicos que han dado ya la vuelta al mundo con ella en varias ocasiones, poniendo música al hermoso cantar de quien ha sido la fadista más joven en grabar discos y en ser reconocida en actuaciones y conciertos celebrados en las más prestigiosas salas musicales internacionales.
Pedro Amendoeira a la guitarra portuguesa, Paulo Paz en el contrabajo y Pedro Pinhal con la viola de fado, que es como se conoce en el país vecino a la guitarra española, son los nombres de tres músicos grandes, excepcionales, plenos de ritmo y que miden los tiempos tal como la inspiración, el alma misma, les dicta. Tres músicos de alta escuela que arrancaron una de las ovaciones más intensas de la noche en el descanso que se tomó la Amendoeira tras su bravísima primera parte, en la cual demostró por qué su voz ha entusiasmado en muchos más lugares que en Portugal, donde es una de las fadistas más reconocidas desde su juventud. Recuérdese que con trece años recién cumplidos se subió a un escenario nada menos que en la Gran Noche del Fado de Lisboa, recogiendo el primer favor del público y del jurado de aquél certamen. Un año después, en 1995 y en Oporto, volvería a sorprender y a conseguir el galardón que la reconocía como mejor intérprete femenina. Y de ahí, hasta este momento en que es sin ningún género de dudas la máxima representante de la “nova geração” de cantantes de fados.
En Huelva presentó temas de su último trabajo, “A flor da pele”. En este álbum incluye temas compuestos por sus compañeros habituales en el escenario, pero también por otros de los más importantes compositores portugueses actuales. La tradición interpretada desde la modernidad de una voz compleja y sutil, hermosa, plena de registros y con una sensual harmonía vocal que enamoró a todo el público onubense, a un público que llenó el recinto de la calle Vázquez López, demostrando de esta manera que el fado debe ocupar un lugar más importante aún en las programaciones del primer coliseo provincial, pero también en las de citas veraniegas como las de La Rábida , donde recordamos a voces como la de Misia o Dulce Pontes que también registraron importantes entradas de público, como ya ocurriera - hace demasiados años como para recordar cuántos -, con la gran Amalia Rodrigues en el escenario que por aquél entonces se instalaba junto al monolito rabideño.
Celebramos haber podido oír en el Gran Teatro temas como “Saudade por cantar”, donde afirma Joana Amendoeira que es menester ir al barrio de Mouraria para aprender lo que es un fado, lo cual la incluye en la nómina de cantantes lisboetas que tienen en la melancolía, en la nostalgia pero también en las pequeñas historias locales los temas de sus cantares. Con gran tino y sapiencia, la de Santarem procuró alternar temas de corte clásico con otros temas populares de la capital lusa, en los que la alegría, el baile y el ritmo se contagiaron rápido a toda la platea del Gran Teatro, que acompañó con palmas y hasta con tímidas voces esas canciones que en Lisboa se cantan en junio, por Santo Antonio o por Santo João. En todo caso echamos en falta “Sopra o vento”, uno de los temas más sentidos y logrados de este trabajo imprescindible entre los cedés de quienes aman la canción tradicional o, simplemente, la música de altísima calidad.
Joana Amendoeira se contagió del ánimo de los espectadores, que acudieron (como tenemos que reconocer, no esperábamos) al Gran Teatro para ver y oír a la nueva diva de la canción tradicional portuguesa. Las distancias, después de tantas décadas de vivir de espaldas los unos y los otros, parece ser que se están haciendo más pequeñas. A esto contribuye, como pocas cosas lo pueden hacer mejor, este idioma universal que es la música. Joana Amendoeira lo hizo, y con sobrado arte sobre el escenario onubense.
El fado, hecho vida: tristeza y alegría, tal como afirmó la hermosísima fadista. Pero también el fado pleno de misterio y no sólo por sus orígenes, sino por ese recorrer el cuerpo hasta encontrar y cautivar el alma, lo que su música y sus letras logran cuando están interpretados con la gracia, la ternura y la delicadeza de esta dama de la canción que el sábado ofreció, junto a sus extraordinarios músicos y compañeros de ruta, una noche extraordinaria de fados, de vida y de misterio. El fado, de nuevo en Huelva volvía a triunfar y a gustar, a llenar también, un escenario. Una noche de fados, una noche intensa y hermosa con Joana Amendoeira.

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Tuesday, April 1, 2008

Joana Amendoeira en el Gran Teatro

Este sábado 5 de abril, estará en el Gran Teatro una de las fadistas jóvenes de voz más dulce y portentosa. Una voz rasgada, plena de sentimientos y musicalidad. Absolutamente recomendable. Presenta su último disco “A flor de piel”. Una oportunidad como no hay otras a lo largo del año (excepcionalmente en La Rábida en las actuaciones del Foro que oganiza la Diputación) de escuchar la música tradicional portuaria y sentimental que se hace en el país vecino. Aquí tenéis un aperitivo de la joven cantante de fados portuguesa:
http://es.youtube.com/watch?v=v42LZRnrBi8
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Sunday, November 4, 2007

25 años de La Cubana

Luz y lucidez
CÓMEME EL COCO, NEGRO. Idea, guión y dirección de Jordi Milán. Música: maestro Juan de la Prada. Escenografía y decorados: Castells Planas y La Cubana. Vestuario : Cristina López. Caracterización: Joan Alonso. Coreografía: Leo Quintana. Iluminación: José Ángel Nieto. Sonido: Carles Yagüe. Intérpretes: Jaume Bacis, Xavi Tena, Meritxell Huertas, Ota Vallés, Meritxell Duró, María Garrido, Eduard Alejandre, Alexandra González, Roelkis Bueno, José Pedro García, Nuria Benet, Juan Bey, Ferran Botifoll, Jordi Milán y Lula. Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 4 de noviembre, 2007.
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Bernardo Romero
Huelva
Una compañía de teatro de Music – Hall, el Teatro Cubano de Revista, cambia la hora de inicio de su última representación en una ciudad, con objeto de marcharse con la antelación suficiente que le permita llegar a otra ciudad, a otro lugar. Allí volverán a representar “Cómeme el coco, negro”, la producción que tiene en cartel esta compañía de Revista en el ocaso del género y de los actores que soportan las fatigas e inconvenientes de una profesión de la que no se pueden despegar. A partir de ahí, de la confusión provocada por el cambio de horario, plantea La Cubana una obra de teatro en la que, como en ellos suele ser habitual, implican al público asistente, al que provocan y jalean sin parar. En el fondo de la trama está la desdicha y el dolor, pero también la alegría de vivir de una pobre gente encantada con su profesión, con la libertad y el pretendido glamour que a duras penas suplen un horizonte presidido por un bocadillo de mortadela y el trajín de los montajes y desmontajes de la carpa con la que recorren, legua a legua, los pueblos y ciudades de España.
En primer plano y en todo caso, está el esplendor de un espectáculo muy bien montado y mejor llevado, pleno de ritmo, de luz y color. Pero además de todo eso, está la obra, y un guión que se sincera a veces de forma descarnada y tierna con los propios personajes, absolutamente fieles a muchos teatreros y cómicos que ya apenas son historia de la escena última española. “Cómeme el coco, negro” es un viaje, también, a ninguna parte, un retrato de lo que los más viejos del lugar alcanzamos a conocer en espectáculos que, en otro tiempo, poblaron este mismo Gran Teatro o las carpas ubicadas entre las atracciones de la calle del infierno de las Fiestas Colombinas. Cómicos, que ya no están. Los tiempos, que cambian inexorablemente y por supuesto a mejor. Que conste.
Uno quiere recordar que fue en 1983 cuando por primera vez vino La Cubana a Huelva con sus “Delikatessen”. Luego volvieron con espectáculos como “Cegada de amor” o más recientemente “Mamá quiero ser artista”, que reventaron las taquillas una y otra vez. Por lo tanto la compañía catalana volvía ahora, y de nuevo con “Cómeme el coco, negro” a encontrarse, también aquí, lejos de su plaza barcelonesa, con su público, con un público fiel que nunca podrá abandonar a estos profesionales que son capaces de mantenerte dos horas en el sillón sin parar de hacerte reír, de entretenerte, que es de lo que se trata, y además de hacerte pensar. Eso se consigue con la luminosidad y el color de sus excelentes puestas en escena, pero sobre todo por la sencilla razón de que además de la luz, poseen una absoluta y maravillosa lucidez.
Veinticinco años, por supuesto que no son nada. Esperaremos que vuelvan, en consecuencia, que regresen a esta ciudad que, al menos en la función del sábado, les despidió aplaudiendo al compás. Que vuelvan estos nostálgicos del teatro de la legua, estos cómicos que disfrutan con su profesión – y que se les nota, además – a enseñarnos lo hermoso y lo vivo que sigue estando, cine y televisión mediantes, el teatro, la magia y el embrujo de un espectáculo inmortal. Bravo por La Cubana.

 

El Mundo - Huelva Noticias, 5 de noviembre, 2007
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