Saturday, February 21, 2009

fosfoyesos y otros disparates

Los socialistas tienen dos maneras de acabar con el paro, expulsando del país a tantos inmigrantes como pueden, cuando ayer mismo los llamaban a gritos (que hay que ser hijo de puta para eso, ya les digo y les he dicho estos días atrás) y conservando los puestos de trabajo a viento y marea, es decir retrocediendo en el túnel del tiempo en que Zapatero nos ha metido y del que vamos a salir con pantalón acampanao, y si no al tiempo.
Ahora toca jodernos con lo de Fertiberia. Resulta que hay una sentencia para que dejen de echar al río residuos radioactivos, las famosas balsas de fosfoyesos que, junto al resto de la industría química y básica onubense, ha sido y es la principal causa del retraso económico de esta ciudad y de esta provincia (esas industrias impiden el desarrollo de otros sectores que producen más beneficios para la comarca y, por supuesto, más empleo). Pues bien, los socialistas, gente descerebrada y con menos vergüenza que todas las cosas, pretenden que se retrase la sentencia (influir en el poder judicial como si no hubiera división de poderes en España, que desde luego para ellos, que hasta confunden su partido con la mismísima Junta de Andalucía, no) con el pretexto de conservar los cuatro puestos de trabajo que tiene esta empresa que tanto daño y tantas posibilidades de desarrollo ha cercenado en Huelva y provincia. El caso es que el gobierno de Chaves, auténtico recordman mundial en números rojos, que ha logrado situar a Andalucía a la cola de todas las estadísticas de calidad y nivel de vida españolas, pretende mantener en Huelva, a toda costa, una industria química y básica que no quieren en ningún lado, pero además en unas condiciones legales y medioambientales absolutamente desconectadas de la realidad europea y del siglo XXI en el que el resto de andaluces estamos, por mucho que Chaves y compañía pretendan perpetuar el siglo XIX en esta tierra de la que son los nuevos señoritos. Lo dicho, hijos de puta…
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Tuesday, December 2, 2008

El silencio delator

Maquinaria pesada trabaja sobre la inmensa isla, mayor que el propio casco urbano, creada por más de cien millones de toneladas de fosfoyesos radiactivos en la desembocadura del Tinto, a las puertas de la ciudad de Huelva. Foto: Mesa de la Ría

Fosfoyesos = cáncer. Así de clara y concisa era una de las pancartas que avanzaban en vanguardia de la manifestación convocada por la Mesa de la Ría. Quienes no estuvimos en ella, hemos sabido de su existencia gracias a Internet. De no ser así, ni te enteras. Los medios de comunicación a la sociedad de los intereses del capital ignominioso que lleva las riendas de esta ciudad, no se dignaron ir más allá de sucintas notas y breves apariciones radiofónicas o televisivas. La pancarta de marras, por ejemplo, no aparece ni en pintura.
Son malos tiempos para la prensa, para la prensa en general. Todos sabemos los problemas que capean como pueden empresas como al grupo de Prisa, afecto al Régimen y que ha sido buque insignia del mismo, un grupo empresarial que suma a los déficits y descensos en publicidad la imposibilidad de vender Digital Plus o, mucho más, Localia, que la ha tenido simple y llanamente que cerrar. Aunque esta última, les traía al fresco, inútil en su propósito dada la extensa e intensa red de televisiones locales que el Poder controla por otros cauces o similares en toda España. De estos problemas, se deriva muy directamente la sumisión a la inversión publicitaria que tan descaradamente muestran en sus líneas editoriales los medios locales.
Malos tiempos para la prensa. Mandan los ingresos anuales por publicidad que llegan desde la industria contaminante, desde esa que tan poco empleo y menos riqueza ha traído a Huelva. El ingreso por publicidad para los medios de comunicación que operan en Huelva, procedente de estas empresas que han cercenado las posibilidades de desarrollo económico a esta sufrida y silente tierra del sur, son suficientes para cambiar el color de los números finales en el libro de los secretos, en el que al fin y al cabo se termina diciendo la única verdad de todo este asunto: Debe y haber.
3.000 personas hoy, como 20.000 ayer, cuya protesta no trasciende ni a la opinión pública. Una victoria más de la industria química y básica. Romper la baraja será pués la necesidad y el derecho moral de quienes están condenados al silencio. Es hora ya de cambiar de estrategias.

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Monday, September 29, 2008

Algunos datos curiosos

Nada más entrar España en la Unión Europea, y someterse a una legislación obviamente mucho más avanzada, hubo de adecuar su producción industrial a ciertos parámetros respetuosos con el medio ambiente. De esta novedad derivaría una mejora en la calidad medioambiental onubense absolutamente notable.
Fue aquél tiempo precedido por manifestaciones que pondrían en evidencia que la ciudad estaba cambiando. Éramos entonces una minoría que fue capaz de sacar a la calle a alrededor de 20.000 personas en la mayor manifestación de la que Huelva había tenido noticia hasta entonces. Una manifestación que fue y sigue siendo silenciada por la prensa, sometida como es sabido, al poder económico y político hasta extremos que, en el caso onubense, ha llegado a alcanzar el ridículo más espantoso en innúmeras ocasiones.
Dos décadas después de aquello y con la industria química y básica onubense acatando, qué remedio, la legislación medioambiental europea, nos llega la noticia, feliz por supuesto, de que llegan a su fin las descontroladas acciones industriales de Foret y Fertiberia - esta última en retroceso y con la huida de Huelva preparada, con Argelia como destino para sus fases más contaminantes -.  
El caso es que la Unión Europea va a iniciar un proceso sancionador contra el gobierno de España, absolutamente permisivo con los vertidos y manera de proceder de las industrias ubicadas en la onubense Avenida Montenegro, el Paseo de la Punta del Sebo para entendernos. En cuanto al servil gobierno andaluz, recuérdese como botón de muestra las declaraciones de una delegada onubense de ¡Medio Ambiente!, que llamó de todo menos bonitos a los miembros de Greenpeace que lo único que hicieron fue medir la radioactividad en las balsas de fosfoyesos de las marismas de Mendaña. Terrible.
Desconozco si la delegada provincial de Medio Ambiente sigue en su cargo. La verdad, no me interesa como los socialistas se reparten la tarta, los cargos y las prebendas, simplemente no reconozco, desde un punto de vista moral y ético, a este gobierno andaluz presidido por un señor con la cabeza absolutamente ida como el señor Chaves y un cortejo de arribistas y sinvergüenzas que le dan palmaditas en la espalda. Simplemente, no los reconozco. Un poco de insumisión, a estas alturas de la vida, viene bien.
Pero resulta curioso que una vez más, haya tenido que ser la Unión Europea la que le de un tirón de orejas a quienes al menos en Andalucía y en Huelva en particular, están sometidos al poder de la industria química y básica y no a los intereses de los ciudadanos a quienes, en teoría, representan. Ya les digo, insumisión.
Decía Chomsky que la propaganda era a la democracia lo que la cachiporra a la dictadura. Y razón no le faltaba. Opiniones como ésta que aqui se ha vertido, son imposibles de encontrar en una prensa que se dedica mayormente a sobrevivir con los dineros que le llegan de la administración y el capital que a informar con responsabilidad y libertad. Es lo que hay.
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Monday, January 14, 2008

Fosfoyesos radiactivos

Menos mal que la desidia es casi absoluta. En caso contrario, de ser Huelva una provincia articulada socialmente, con resortes suficientes como para defender sus intereses, no se pueden ustedes ni imaginar la que se habría liado con el asunto este de las balsas de fosfoyesos. Sólo con eso, tan sólo con esas montañas amenazantes, infinitas y pastosas que conforman los fosfoyesos vertidos durante décadas entre la capital y los Lugares Colombinos, esos sitios que tanta devoción despiertan en el común de la clase política, de la élite gobernante de ayer y de hoy. Huelva a un lado y el monolito al otro. En medio de ambos dos, los fosfoyesos. La Rábida, el cenobio franciscano, el tan visitado Muelle de las Carabelas, la gloria descubridora en suma… y a sus pies, los fosfoyesos.
Ahora estamos con lo de la contaminación radiactiva. El asunto este de las 7.000 toneladas vertidas por Acerinox y enviadas sin acuse de recibo a Huelva, a estas balsas estuarias con el único argumento de que total, con la que tienen allí los pobres, qué más dará que les enviemos un poquito más. Contaminación sobre contaminación y la ciudad callada. Esto es lo bueno que tiene Huelva, que aquí nadie pía. Fosfoyesos adobados con residuos radiactivos. Con razón la señora Coves, la misma que dijo aquello tan genial de que la ciudad no debería crecer hacia la ría, hacia el mar, que allí están las fábricas y son las que mandan, sino que debería crecer hacia Gibraleón… hacia el pgou de Gibraleón le faltó decir. Qué listos y qué monos.
Qué bien están ellos en sus altos cargos vitalicios, eternos, mientras que aquí no se hable ni a gritos ni tampoco en silencio, en las urnas.
Aquí, ni a verlas venir. Porque los residuos radiactivos que nos ha puesto entre la gloria Colombina y el ver los barcos venir al amanecer del día, nadie los vio. La ciudadanía porque nadie le dice nada, y los que lo saben pero se callan, porque tienen que guardar el carguito las criaturitas mías, que si no a ver, a qué se dedican estos angelitos del Señor, vírgenes laborales como son la mayor parte de ellos. Pues nada, que se callan y aquí paz y allá gloria. Tutti contenti.
Ahora los de Greenpeace están elaborando la denuncia que interpondrán contra la Junta de Andalucía por aquello de que no han dicho ni esta boca es mía cuando se les han pedido papeles, datos y cifras sobre esta barbaridad. Primero decían que de contaminación nada, que de radioactividad, menos todavía. Ahora, ante la evidencia, la señora Coves dice que ella no tiene competencia alguna sobre la situación medioambiental de Huelva, que ella está aquí para poner anillos en las patitas de los jilgueros y cuatro lindezas más que se montan en el zoológico de Doñana. Lo de la contaminación, esa que no existe, tampoco es cosa de la dicha consejería. Lo inexistente  no puede ser competencia de esa consejería. La consejería es algo real, no irreal, es el pesebre donde pastan los que saben cerrar los ojos cuando les ponen por delante las firmas necesarias para que se instale una central térmica nueva al ladito mismo de la ciudad, por ejemplo, que contra esa barbaridad debería haberse opuesto hasta la consejera de Cultura,  por el insulto rotulado en la chapa azulina contra Juan Ramón Jiménez y por despreciar la grandeza del monumento de la escultora Whitney. Pero no hay sensibilidad alguna. Si no la tienen en Medio Ambiente, cómo la van a tener en Cultura. Aquí, y eso es lo mejor de todo, no pasa nada. Qué se le va a hacer. A callar y a cobrar. Es lo que hay.
El compromiso con el medio ambiente de Greenpeace, las nuevas  asociaciones que surgen contra el despropósito de la contaminación en Huelva – Ecologistas en Acción, Mesa de la Ría y poco más- y los jóvenes, los que llegan ahora, que no se dejarán, se supone, engañar por las apariencias, son los únicos que podrán poner remedio a esta lamentable situación.
Habrá que esperar pues a que prospere la denuncia de Greenpeace, que nos enteremos de una vez qué pasa con las balsas de fosfoyesos. Habrá que esperar a que la Mesa de la Ría crezca y su voz suene con más nitidez. Habrá que esperar a que los jóvenes, los que están llegando, conviertan en grito el cobarde silencio. Porque de esta consejera no se puede esperar nada, ella ni siente ni padece. Ella ni sabe ni contesta.

 Qué horror.

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