Thursday, February 19, 2009

El sitio de Zaragoza



El Niño Miguel, tal como el Juli lo fotografió en un parque hace unos días.

Cañonazos, toques de ordenanza, redoble de tambores, descargas de fusilería, y música popular. El maestro Cristóbal Oudrid compuso una pieza popular con el animoso fin de perpetuar en la memoria de los españoles el tremendo episodio nacional que protagonizaron los zaragozanos en el interminable asedio que sufrieron por parte de las tropas francesas, de los ejércitos que trajeron la libertad y el progreso, a la península y a casi toda Europa. Aunque ya se sabe que aquí, somos como somos, y les recibimos al común grito de “Vivan las caenas”. Es lo que hay.

Luego, el maestro Sabicas registró en la pizarra este clásico de la guitarra española, del pulso y púa, para iniciar toda una tradición en el mundo de la guitarra flamenca, la de intentar acercarse al ilustre navarro. El Niño Miguel, hace unos días en
la Peña Flamenca del Higueral, tras una actuación bárbara de Sonia Miranda y Rocío Bazán, que culminaron por bulerías (excelente la versión de Torre de Arena que hizo la de Estepona por fiestas ), se sentó con los artistas y algunos aficionados que quedaban en el recinto peñista y clavó “El sitio de Zaragoza”. Impresionante. Se animó. Y luego, su “Zambra”, ya con los ojos de Manolo Herrero y Paco Javier Jimeno clavados en el mástil de su guitarra. Hasta el punto de que volvieron a coger sus guitarras y acompañar al de la barriada del Torrejón en la pieza de Paco de Lucía “Entre dos aguas”. Las cantaoras disfrutaban y jaleaban al gitano que lleva años viviendo sus penas por las calles de Huelva, prácticamente en la mendicidad. Que a ver quién arregla esto, pero triste ciudad es la que se porta así con un genio, con el guitarrista más grande de la historia de España.

El Niño Miguel se crió cerca de la Peña del Higueral, en las chozas que circunscribían las tapias del viejo Lazareto. Por allí jugaba a la pelota cuando niño, me recordaba Manolo el Colo, hasta que la madre del Niño Miguel, casada con un guitarrista de tronío, el Tomate, le iba a buscar para que su padre continuara con un proceso de aprendizaje severo que hizo de aquél niño un grande de la música.

Así que por allí andábamos unos pocos, oyendo sin poder creerlo siquiera al Niño Miguel en una actuación memorable. Después se fue encontrando a gusto y principió a cantar por fandangos, y entonces fue cuando se arrancaron Eulogio el Telefónica, que puso en el aire unos pocos la mar de apañaos, y Rafael Ortiz, el compadre del Colo, que domina los aires de Huelva y lo hace con gracia y sapiencia sobradas. Paco el Chino, que estudió conmigo en el Colegio Francés, dejó también unos fandangos de Huelva entre las cuerdas de la guitarra del Niño Miguel, y Alfonso el Corbi, nieto y sobrino de Silleros, puso la juventud, el ímpetu y la fuerza que demuestran a las claras que, con lo que ya sabe, lo que está aprendiendo y sobre todo con el arte que tiene, va a escribir páginas importantes del flamenco. Así que apunten el nombre, Alfonso el Corbi, de los Sileros de Huelva. Un auténtico fenómeno.

La noche se metió en fiesta y salió redonda. Cantes grandes y un monumento, la guitarra del Niño Miguel. Luego, a las tantas, se perdió por las nieblas de las marismas. Por allí, habrá algo que le hace falta. Los héroes, como siempre, entre la épica y la tragedia.

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Friday, April 18, 2008

Una lección magistral

Hay ciertas asignaturas pendientes en los centros públicos de enseñanza de Andalucía. Oír, por ejemplo, y por supuesto escuchar, a don Rogelio Beltrán el Puebla ( La Puebla de Guzmán, 1928) cantar flamenco es una de ellas. Obligatorio, como el carné de conducir, debería ser el que los alumnos de las enseñanzas obligatorias atendieran a su voz, a esa forma de cantar tan pura y tan firme, tan dentro de la ortodoxia en la que siempre ha pretendido estar. Desde luego, los alumnos de los institutos andaluces, se merecerían que de vez en cuando un catedrático de la altura y perfección de don Rogelio Beltrán el Puebla, se acercara por sus aulas.
Este martes pasado estuvo en la Peña del Higueral, cantando. Dictando una lección magistral. A su lado Gaspar de Holanda, cada día más suave en el mástil, mostrando una progresión enorme con la guitarra el holandés. Cuando se acerca un día grande, y el martes con don Rogelio Beltrán, lo era, uno toma sus precauciones. Llamé a Eduardo Hernández Garrocho, que además de soberbio cantaor, es la enciclopedia onubense del flamenco (con permiso de Onofre López, por supuesto, y de una extensa nómina de entendios en flamenco que en Huelva dominan este ancestral y complejo, infinito habría que puntualizar, arte jondo). Así que con el maestro me encajé en la Peña del Higueral y allí estaba el Puebla, cantando ya por malagueñas, por livianas y por unas bulerías con un sabor muy especial, el que nos lleva a un tiempo del que tan sólo tenemos referencias, cosas que hemos oído, y afortunadamente grabaciones como las que les aconsejo que disfruten en el youtube ( http://es.youtube.com/watch?v=rTHeyZ05HOg ) y en la que Melchor de Marchena comenta lo que suponía para él tocar al lado de un cantaor como Caracol. Por cierto, que utiliza la palabra cantador, como era propio de la época y como escuchamos en grabaciones antiguas como esa en la que nada menos que don Antonio Chacón canta por malagueñas y el tocador le jalea: ole ahí los buenos cantadores.
Sabíamos que estábamos ante un día grande y el de La Puebla de Guzmán no defraudó. Por alegrías, y sin el tirititrán que ahora se utiliza como norma de obligado cumplimiento. Se gustó el andevaleño y al público lo levantó de sus asientos.
Después hizo lo que todo el mundo esperaba y le solicitaba, cantar por Huelva, por el Andévalo que lo vio nacer y por todos los rincones de esta tierra tan rica en palos flamencos, por mucho que algunos no lo terminen de ver así. Seguiriyas y tonás de su pueblo o de Villanueva de los Castillejos, y por supuesto fandangos, con un sabor y una musicalidad que difícilmente la volvamos a disfrutar salvo en la voz de estos sabios cantadores, de artistas como don Rogelio que, ya les vengo diciendo, es un catedrático en pleno ejercicio de sus funciones docentes. Y un artista sobrenatural, además.
Ya abajo del escenario, los entendíos le cantiñeaban y el Puebla entonces explicaba todos y cada uno de sus tonos, de sus matices, cantando con una naturalidad extraordinaria. La lección, que en la actuación había incluido un recorrido por los fandangos de Jaén: Rute, Cabra, Linares… se amplió luego a las murcianas, las cartageneras, las tarantillas de Albacete o los cantes de las minas, sobre los que también dictaba lecciones al tiempo que iba cantando en una noche verdaderamente muy especial. Ya les digo, una noche en la que aprendimos, disfrutando, de un artista por derecho. Que cantar, con toda esa edad que su carné de identidad dice que tiene, canta. Y cómo canta el Puebla, señoras y señores. Cantar, lo que se dice cantar: don Rogelio Beltrán, el Puebla.
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Sunday, November 4, 2007

En la Peña Flamenca de Huelva


La luz y el color en el baile de la Choni
Desde luego la Fundación Cristina Heeren sabe buscar profesoras de baile, artistas con duende y formación suficientes como para que siga siendo ese centro del saber flamenco, toda una referencia en el mundo cultural andaluz.
Asunción Pérez “ la Choni ” estuvo bailando, y de qué manera, este fin de semana en la Peña Flamenca de Huelva. Y ello en vísperas del estreno de su nuevo espectáculo, junto a Manuel Cañadas y para el que ha contado con la colaboración de Alejandro Granados, formado en Zaragoza de la mano de María de Ávila y que ha trabajado con auténticos mitos de la música contemporánea como Herbert von Barajan, para iniciarse luego en el flamenco con Paco Fernández y Manolo Marín, siendo hoy, además de uno de los más reputados bailarines del mundo, profesor en el Centro Flamenco de Estudios Escénicos que Mario Maya dirige en Granada. El espectáculo “Tejidos al viento” se estrena en la Sala Joaquín Turina que la Fundación Cajasol tiene en la sevillana calle Laraña, y la fecha el próximo 13 de diciembre.
Es precisamente el de Mario Maya, como el de otros profesionales del baile flamenco de la talla de Eva la Yerbabuena , uno de los nombres que se cruza en la trayectoria profesional y formativa de esta bailaora de raza y rigurosa formación, Asunción Pérez “ la Choni ”. En Huelva estuvo acompañada por la guitarra de Raúl Cantizano, que la supo llevar extraordinariamente bien, al compás que exige la dulzura y el encanto de su baile. Detrás estuvo la poderosa voz de Alicia Acuña, que nos enamoró con una milonga cantada con extraordinaria musicalidad y, antes se atrevió con una soleá apolá que recordó a la que don Antonio Chacón dejara grabada con la referencia del Charamusco, pero que algunos aseguran que era del Tenazas de Morón. El cuadro lo cerró el onubense Jeromo Segura, un joven valor del flamenco que se mostró tímido y cauto en sus interpretaciones, aunque luego, en un cante de trilla y tonás, fue por fin a levantar un punto el tono, la voz y, de paso, el favor del público, que agradeció el detalle.
Asunción Pérez “ la Choni ”, llenó el escenario con su arte y poderío. Soberbia, elegante, sublime en los ritmos y pletórica en todos y cada uno de sus medidos, puros y geniales movimientos. Un atrevido traje de enormes lunares, pistacho, rojo y blanco sobre fondo negro, se movía por el escenario con la seguridad que sólo puede dar la sapiencia y la sensibilidad. Encantadora, subió en una milésima de segundo la temperatura de una sala que, inexplicablemente, tenía demasiados espacios vacíos, pero esa palabra en el diccionario de “ la Choni ”, simplemente no existe. Allí estaba ella para bailar y llenarlo todo con su impagable presencia. Un portento. Majestad.
Se podrían contar – también cantar - muchas cosas de esta bailaora excepcional, pero es sobre todo su sentido del ritmo, esa cadencia pulcramente medida pero alejada de academicismos que restan autenticidad al baile flamenco, lo que la caracteriza. Eso, se lleva. No se aprende ni se adquiere. Se lleva dentro. Ya les digo, sensibilidad.
En la primera parte de su actuación ya nos tenía encantado y el público empezaba a aplaudir con ganas, pero quedaba más. Mucho más. Mientras Alicia Acuña cantaba una milonga también emparentada con los cantes de Chacón, la bailaora se ponía un traje negro, lucido con un pañolito blanco y negro al cuello, el talle de la falda muy bajo, a la moda que se dice, y una cola larga, de hermosos y medidos volantes, que manejó como si del pañolillo del cuello se tratara. Qué poderío. Para mover una bata de cola bailando por soleás, no es menester tener fuerza y tino para ello, sino elegancia. En eso estriba el arte de bailar con una bata de cola. Asunción Pérez “ la Choni ”, la movía con la aparente sencillez que tiene en sí todo aquello que se hace de forma elegante. Fantástica. Si hasta ahora nos había asombrado, ahora estaba certificando por qué razón ella es una artista, y por qué razón pudo llenar el escenario, pero también todo el recinto, con su arte y su saber estar. Ya les venía diciendo: poderío.
Cerró la magnífica noche por alegrías y cómo no podía ser de otra manera por bulerías. Una blusilla asimétrica, blanca y adornada con una hermosa flor cercana a una cintura que se arquea con absoluta e impecable plasticidad. Falda roja y mantocillo de igual color. Desparpajo y alegría en el movimiento. A estas horas y ya cercano el final, Asunción Pérez “ la Choni ” se divertía sobre el escenario y nos llevaba a todos en el vuelo de su extraordinario compás.

El Mundo - Huelva Noticias, 5 de noviembre, 2007

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