El sitio de Zaragoza

El Niño Miguel, tal como el Juli lo fotografió en un parque hace unos días.
Cañonazos, toques de ordenanza, redoble de tambores, descargas de fusilería, y música popular. El maestro Cristóbal Oudrid compuso una pieza popular con el animoso fin de perpetuar en la memoria de los españoles el tremendo episodio nacional que protagonizaron los zaragozanos en el interminable asedio que sufrieron por parte de las tropas francesas, de los ejércitos que trajeron la libertad y el progreso, a la península y a casi toda Europa. Aunque ya se sabe que aquí, somos como somos, y les recibimos al común grito de “Vivan las caenas”. Es lo que hay.
Luego, el maestro Sabicas registró en la pizarra este clásico de la guitarra española, del pulso y púa, para iniciar toda una tradición en el mundo de la guitarra flamenca, la de intentar acercarse al ilustre navarro. El Niño Miguel, hace unos días en
la Peña Flamenca del Higueral, tras una actuación bárbara de Sonia Miranda y Rocío Bazán, que culminaron por bulerías (excelente la versión de Torre de Arena que hizo la de Estepona por fiestas ), se sentó con los artistas y algunos aficionados que quedaban en el recinto peñista y clavó “El sitio de Zaragoza”. Impresionante. Se animó. Y luego, su “Zambra”, ya con los ojos de Manolo Herrero y Paco Javier Jimeno clavados en el mástil de su guitarra. Hasta el punto de que volvieron a coger sus guitarras y acompañar al de la barriada del Torrejón en la pieza de Paco de Lucía “Entre dos aguas”. Las cantaoras disfrutaban y jaleaban al gitano que lleva años viviendo sus penas por las calles de Huelva, prácticamente en la mendicidad. Que a ver quién arregla esto, pero triste ciudad es la que se porta así con un genio, con el guitarrista más grande de la historia de España.
El Niño Miguel se crió cerca de la Peña del Higueral, en las chozas que circunscribían las tapias del viejo Lazareto. Por allí jugaba a la pelota cuando niño, me recordaba Manolo el Colo, hasta que la madre del Niño Miguel, casada con un guitarrista de tronío, el Tomate, le iba a buscar para que su padre continuara con un proceso de aprendizaje severo que hizo de aquél niño un grande de la música.
Así que por allí andábamos unos pocos, oyendo sin poder creerlo siquiera al Niño Miguel en una actuación memorable. Después se fue encontrando a gusto y principió a cantar por fandangos, y entonces fue cuando se arrancaron Eulogio el Telefónica, que puso en el aire unos pocos la mar de apañaos, y Rafael Ortiz, el compadre del Colo, que domina los aires de Huelva y lo hace con gracia y sapiencia sobradas. Paco el Chino, que estudió conmigo en el Colegio Francés, dejó también unos fandangos de Huelva entre las cuerdas de la guitarra del Niño Miguel, y Alfonso el Corbi, nieto y sobrino de Silleros, puso la juventud, el ímpetu y la fuerza que demuestran a las claras que, con lo que ya sabe, lo que está aprendiendo y sobre todo con el arte que tiene, va a escribir páginas importantes del flamenco. Así que apunten el nombre, Alfonso el Corbi, de los Sileros de Huelva. Un auténtico fenómeno.
La noche se metió en fiesta y salió redonda. Cantes grandes y un monumento, la guitarra del Niño Miguel. Luego, a las tantas, se perdió por las nieblas de las marismas. Por allí, habrá algo que le hace falta. Los héroes, como siempre, entre la épica y la tragedia.