Friday, December 7, 2007

Una lectura optimista del padrón

Contaminación e inmigración
El tramo de edad que va de los 45 a los 65 años, es el que comprende a aquellos ciudadanos con responsabilidades en la política o la economía onubense. Es así aquí y en cualquier lugar. Que hay excepciones, es algo evidente. Las hay, precisamente, para ratificar el anterior aserto. Este es pues el intervalo de edad en el que se sitúa la mayor parte de los cargos públicos o dirigentes empresariales, vecinales y de asociaciones con peso específico en la sociedad onubense.
Si nos acercáramos al padrón municipal de la capital, descubriríamos que de los nacidos entre 1951 y 1971, no llegan al cinco por ciento aquellos que tienen sus cuatro abuelos nacidos en Huelva, quiere decirse que no son onubenses por los cuatro costados y que una parte significativa de ellos tienen padres foráneos o, ellos mismos, no son nacidos en Huelva. Si, analizáramos en concreto la procedencia de la clase dirigente, económica, política o social, observaríamos cómo los datos son aún más llamativos que los anteriores.
Inmigrantes en su mayoría, o inmigrantes de segunda generación, dominan los resortes de esta provincia, de esta ciudad, y sus decisiones son trascendentales para el futuro de Huelva. Un territorio, no puede asimilar un porcentaje de inmigración con mayor peso que el de la población autóctona. El caso de Huelva, es paradigmático.
Procedentes del interior de la misma provincia de Huelva, de las provincias limítrofes de Sevilla y Badajoz, y en menor número, aunque significativo, del País Vasco y Galicia, la población de la capital onubense tiene una procedencia extraña que la hizo perder o desdibujar sus raíces y que no ha podido mantener el equilibrio económico y social que toda ciudad necesita. Es normal que así ocurra.
Los onubenses de tercera generación, por lo tanto, fueron una absoluta minoría en su propia ciudad. Ahora, pasadas varias generaciones desde esos años en que las pesquerías, primero, y después la industria química y básica repoblaron esta ciudad, los nacidos en Huelva, aunque de padres o abuelos foráneos, son una inmensa mayoría. Los resultados de este significativo cambio, no se harán esperar.
A todo esto habrá que sumar el significativo hecho de que Huelva cuente con Universidad, o que a pesar del informe PISA y todo lo demás, de los escalofriantes datos sobre analfabetismo cultural – la mitad de la población – y de muchos otros parámetros que son para ponerse a temblar, el nivel de instrucción en la capital onubense ha subido considerablemente en las últimas décadas. Quiere decirse que las cosas en esta ciudad están empezando a cambiar.
Habría que mirar algunos detalles que nos muestran el cambio, o el giro que se puede observar en Huelva capital, en la vida cotidiana, pero también política o económica de la ciudad. El de la contaminación, pero también muchos más. Obsérvese por ejemplo el apoyo mayoritario obtenido por el primer alcalde que ha puesto por delante los intereses de su ciudad a los suyos propios, del primer alcalde de Huelva sensu estrictu de la democracia –, Pedro Rodríguez: los anteriores, seguían consignas de su propio partido y anteponían su propia subsistencia política a los intereses de Huelva, como es bien sabido. Pero es igualmente significativo el caso de la lucha contra la contaminación, espoleada por la torpeza de la curiosa unión de todas las industrias químicas instaladas en la provincia de Huelva, las que cumplen con el sentido común, y las que no lo hacen de igual modo. Todas ellas, al alimón, están despertando una conciencia medioambiental en las nuevas generaciones hasta hace poco impensable en esta ciudad desde tiempo atrás sometida.
Barbaridades como cortar un trozo del histórico Muelle de la Compañía Ríotinto para que pudieran pasar más cómodamente los materiales destinados a la construcción de una instalación fabril, como fue el bochornoso caso que aún debería avergonzarnos a los onubenses que vivimos aquél disparate; o la misma edificación de una barbaridad a espaldas del Monumento a Colón, que lo empequeñece y ridiculiza hasta rozar el esperpento, mucho más allá del absurdo, no serán posible mañana mismo. De hecho, esta horripilante e intransigente acción de Endesa en la Punta del Sebo, ha tenido consecuencias que ni la propia empresa, ni su único soporte político, los socialistas – que con tanta alegría rechazaron un proyecto similar en Sevilla, mientras apoyaban el de Huelva y más cerca aún de la ciudad – pueden, en su corteza visual, tener idea del alcance que va a tener, o que de hecho, ya tiene entre las nuevas generaciones de esta ciudad. Generaciones que son ya, del mismo Huelva.

8 e diciembre, 2007. El Mundo - Huelva Noticias

Posted by Bernardo Romero in 16:13:27 | Permalink | No Comments »