Saturday, June 27, 2009

El ecoCarrefour

Por fin una gran empresa que hace las cosas de manera inteligente. Se supone que con la decisión que acabamos de conocer, de hacer desaparecer las bolsas de plástico de sus centros comerciales de aquí a finales de año, conseguirá fidelizar a numerosos clientes, entre ellos por supuesto a mí, que abandono el Mercadona a pesar de tenerlo al lado de casa, pero colateralmente contribuirá de manera notable y eficiente a mejorar el medio ambiente de la mejor manera que se puede hacer, no contaminando.
Hasta ahora nos andaban contando el cuento de hadas de que el plástico hay que reciclarlo, que se puede recuperar, que si pitos y que si flautas, pero al fin y al cabo, el plástico se queda ahí, varios siglos, hasta que desaparece. Una barbaridad. Por eso lo mejor que se puede hacer es eliminar el uso del plástico, y muerto el perro, se acabó la rabia.
No voy a andar ahora dando cifras escandalosas de lo que supone el uso de bolsas de plástico de un solo uso en España (tercer consumidor europeo) y en el resto del mundo, sólo advertir que una estupidez tan enorme y que tanto mal está causando al planeta Tierra, no es posible que se esté cometiendo del modo en que lo está haciendo. Mientras Zapatero se da un baño de popularidad entre la militancia conservacionista más despistada con lo de Garoña, el Carrefour, miren ustedes por donde, está haciendo más por la mejora del medio ambiente que estos que pretenden cerrar nucleares para consumir más combustibles fósiles y, por lo tanto, provocar más contaminación y ser más dependientes aún del exterior. De cierto exterior.
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Saturday, April 18, 2009

Video contra los hijosputa del Polo

Como hace tiempo que no digo nada de los hijos de la gran puta del Polo Químico, que ojalá la crisis los sepulte lo más hondo que pueda, aquí os dejo un enlace para uno de los muchos videos que en el youtube hay contra esta maldita canalla. Os dejo este porque me ha impresionado la letra, clara y directa, de Antonio Cabezas, según reza en los créditos: http://www.youtube.com/watch?v=jEmpkTGBb4s
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Saturday, February 21, 2009

fosfoyesos y otros disparates

Los socialistas tienen dos maneras de acabar con el paro, expulsando del país a tantos inmigrantes como pueden, cuando ayer mismo los llamaban a gritos (que hay que ser hijo de puta para eso, ya les digo y les he dicho estos días atrás) y conservando los puestos de trabajo a viento y marea, es decir retrocediendo en el túnel del tiempo en que Zapatero nos ha metido y del que vamos a salir con pantalón acampanao, y si no al tiempo.
Ahora toca jodernos con lo de Fertiberia. Resulta que hay una sentencia para que dejen de echar al río residuos radioactivos, las famosas balsas de fosfoyesos que, junto al resto de la industría química y básica onubense, ha sido y es la principal causa del retraso económico de esta ciudad y de esta provincia (esas industrias impiden el desarrollo de otros sectores que producen más beneficios para la comarca y, por supuesto, más empleo). Pues bien, los socialistas, gente descerebrada y con menos vergüenza que todas las cosas, pretenden que se retrase la sentencia (influir en el poder judicial como si no hubiera división de poderes en España, que desde luego para ellos, que hasta confunden su partido con la mismísima Junta de Andalucía, no) con el pretexto de conservar los cuatro puestos de trabajo que tiene esta empresa que tanto daño y tantas posibilidades de desarrollo ha cercenado en Huelva y provincia. El caso es que el gobierno de Chaves, auténtico recordman mundial en números rojos, que ha logrado situar a Andalucía a la cola de todas las estadísticas de calidad y nivel de vida españolas, pretende mantener en Huelva, a toda costa, una industria química y básica que no quieren en ningún lado, pero además en unas condiciones legales y medioambientales absolutamente desconectadas de la realidad europea y del siglo XXI en el que el resto de andaluces estamos, por mucho que Chaves y compañía pretendan perpetuar el siglo XIX en esta tierra de la que son los nuevos señoritos. Lo dicho, hijos de puta…
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Tuesday, December 2, 2008

El silencio delator

Maquinaria pesada trabaja sobre la inmensa isla, mayor que el propio casco urbano, creada por más de cien millones de toneladas de fosfoyesos radiactivos en la desembocadura del Tinto, a las puertas de la ciudad de Huelva. Foto: Mesa de la Ría

Fosfoyesos = cáncer. Así de clara y concisa era una de las pancartas que avanzaban en vanguardia de la manifestación convocada por la Mesa de la Ría. Quienes no estuvimos en ella, hemos sabido de su existencia gracias a Internet. De no ser así, ni te enteras. Los medios de comunicación a la sociedad de los intereses del capital ignominioso que lleva las riendas de esta ciudad, no se dignaron ir más allá de sucintas notas y breves apariciones radiofónicas o televisivas. La pancarta de marras, por ejemplo, no aparece ni en pintura.
Son malos tiempos para la prensa, para la prensa en general. Todos sabemos los problemas que capean como pueden empresas como al grupo de Prisa, afecto al Régimen y que ha sido buque insignia del mismo, un grupo empresarial que suma a los déficits y descensos en publicidad la imposibilidad de vender Digital Plus o, mucho más, Localia, que la ha tenido simple y llanamente que cerrar. Aunque esta última, les traía al fresco, inútil en su propósito dada la extensa e intensa red de televisiones locales que el Poder controla por otros cauces o similares en toda España. De estos problemas, se deriva muy directamente la sumisión a la inversión publicitaria que tan descaradamente muestran en sus líneas editoriales los medios locales.
Malos tiempos para la prensa. Mandan los ingresos anuales por publicidad que llegan desde la industria contaminante, desde esa que tan poco empleo y menos riqueza ha traído a Huelva. El ingreso por publicidad para los medios de comunicación que operan en Huelva, procedente de estas empresas que han cercenado las posibilidades de desarrollo económico a esta sufrida y silente tierra del sur, son suficientes para cambiar el color de los números finales en el libro de los secretos, en el que al fin y al cabo se termina diciendo la única verdad de todo este asunto: Debe y haber.
3.000 personas hoy, como 20.000 ayer, cuya protesta no trasciende ni a la opinión pública. Una victoria más de la industria química y básica. Romper la baraja será pués la necesidad y el derecho moral de quienes están condenados al silencio. Es hora ya de cambiar de estrategias.

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Monday, September 29, 2008

Algunos datos curiosos

Nada más entrar España en la Unión Europea, y someterse a una legislación obviamente mucho más avanzada, hubo de adecuar su producción industrial a ciertos parámetros respetuosos con el medio ambiente. De esta novedad derivaría una mejora en la calidad medioambiental onubense absolutamente notable.
Fue aquél tiempo precedido por manifestaciones que pondrían en evidencia que la ciudad estaba cambiando. Éramos entonces una minoría que fue capaz de sacar a la calle a alrededor de 20.000 personas en la mayor manifestación de la que Huelva había tenido noticia hasta entonces. Una manifestación que fue y sigue siendo silenciada por la prensa, sometida como es sabido, al poder económico y político hasta extremos que, en el caso onubense, ha llegado a alcanzar el ridículo más espantoso en innúmeras ocasiones.
Dos décadas después de aquello y con la industria química y básica onubense acatando, qué remedio, la legislación medioambiental europea, nos llega la noticia, feliz por supuesto, de que llegan a su fin las descontroladas acciones industriales de Foret y Fertiberia - esta última en retroceso y con la huida de Huelva preparada, con Argelia como destino para sus fases más contaminantes -.  
El caso es que la Unión Europea va a iniciar un proceso sancionador contra el gobierno de España, absolutamente permisivo con los vertidos y manera de proceder de las industrias ubicadas en la onubense Avenida Montenegro, el Paseo de la Punta del Sebo para entendernos. En cuanto al servil gobierno andaluz, recuérdese como botón de muestra las declaraciones de una delegada onubense de ¡Medio Ambiente!, que llamó de todo menos bonitos a los miembros de Greenpeace que lo único que hicieron fue medir la radioactividad en las balsas de fosfoyesos de las marismas de Mendaña. Terrible.
Desconozco si la delegada provincial de Medio Ambiente sigue en su cargo. La verdad, no me interesa como los socialistas se reparten la tarta, los cargos y las prebendas, simplemente no reconozco, desde un punto de vista moral y ético, a este gobierno andaluz presidido por un señor con la cabeza absolutamente ida como el señor Chaves y un cortejo de arribistas y sinvergüenzas que le dan palmaditas en la espalda. Simplemente, no los reconozco. Un poco de insumisión, a estas alturas de la vida, viene bien.
Pero resulta curioso que una vez más, haya tenido que ser la Unión Europea la que le de un tirón de orejas a quienes al menos en Andalucía y en Huelva en particular, están sometidos al poder de la industria química y básica y no a los intereses de los ciudadanos a quienes, en teoría, representan. Ya les digo, insumisión.
Decía Chomsky que la propaganda era a la democracia lo que la cachiporra a la dictadura. Y razón no le faltaba. Opiniones como ésta que aqui se ha vertido, son imposibles de encontrar en una prensa que se dedica mayormente a sobrevivir con los dineros que le llegan de la administración y el capital que a informar con responsabilidad y libertad. Es lo que hay.
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Thursday, September 25, 2008

La vida es sueño

Mientras el Ayuntamiento de la capital onubense presenta sus nuevos sonómetros, alrededor de medio centenar instalados en distintas zonas especialmente sensibles de la ciudad, el ruido impide el descanso a buena parte de la población onubense.
Creemos con absoluta sinceridad que el propósito de la corporación municipal es la de establecer estrategias sobre cimientos sólidos que permitan acabar con este tipo de contaminación, la cual azota muy especialmente a una ciudad como Huelva, que une a la calidad ambiental habitual de cualquier ciudad, hábitos o conductas absolutamente ligados a las características generales de la población, y recuérdese que la mitad de los onubenses, por ejemplo, disfrutan de una situación de analfabetismo funcional, con lo cual se pueden entender perfectamente esos hábitos y conductas que caracterizan a una ciudad que, a partir de ahora y si el plan puesto en marcha por la concejalía de Adame continúa y llega a buen término, es evidente que va a mejorar en cuanto a calidad medioambiental se refiere.
Motocicletas y todo tipo de vehículos a motor que sobrepasan los límites exigidos, pero que parece ser no están sometidos a control alguno a juzgar por la abundancia de coches discotecas y escapes libres que torturan la ciudad a cualquier hora del día y de la noche; obras, talleres e industrias ubicadas en la ciudad, no en polígonos industriales, que no respetan los horarios establecidos por la municipalidad para su actividad… Apenas son los bares de copas los únicos que han podido comprobar en los últimos tiempos como la normativa municipal en materia de ruidos, existe. Pero poco más. Las denuncias por contaminación acústica, en algunos casos no se resuelven en el Ayuntamiento, hay miembros de la misma Policía Local que desconoce la propia normativa municipal, y es el silencio administrativo la respuesta que suele dar el Ayuntamiento a los ciudadanos que exigen una mejora en su calidad de vida.
Queda trabajo por hacer. Mucho trabajo. El hecho de que en la delegación municipal de Medio Ambiente estén ahora colocando los sonómetros que permitirán estudiar el problema, muestra el estado actual de las cosas.
El ruido produce efectos patológicos en el sistema nervioso central, y a otros niveles – según advierte
la OMS a través de la Guidelines for Commnunity Noise (Directrices para el Ruido en la Comunidad) – produce malestar y dificulta o impide la atención, la comunicación, la concentración, el descanso y el sueño. Y la vida, como se sabe, es sueño. De una exposición continua al ruido, se derivan estados crónicos de nerviosismo y estrés que conducen a trastornos psicofísicos, enfermedades cardiovasculares o alteraciones del sistema inmunitario, tal como recogen estas directrices o como, por otro lado, se recogía en el reportaje publicado en el apartado de Salud de este mismo diario el día que se publicaba la noticia de la ubicación de nuevos sonómetros en Huelva.
Esto podría parecer baladí, o no ser para tanto, pero en realidad estamos contribuyendo a la disminución del rendimiento escolar o profesional, al aumento de los accidentes laborales o de tráfico, al incremento de conductas antisociales o a otras consecuencias más directamente relacionadas con nuestros bolsillos, como pueden ser la pérdida de valor de los inmuebles, y quienes viven en lugares congestionados – botellón, por ejemplo – lo saben perfectamente bien; o al abandono de la ciudad por quién puede y tiene medios y libertad profesional para ello, claro está. Desde luego, como explica la asociación Granada Contra el Ruido en el documento “Efectos del ruido sobre la salud, la sociedad y la economía” (puede consultarse en www.ruidos.org), no es casualidad que los países y regiones menos desarrollados sean también los más ruidosos. En el caso español, Huelva se sitúa entre las ciudades más afectadas por la contaminación acústica. Otro dato más que refleja, al fin y al cabo, la educación y la formación de una parte de la sociedad onubense que, afortunadamente, no va a leer esta diatriba contra el ruido por la sencilla razón de que serían incapaces de entender uno sólo de estos párrafos, lo que en ellos se denuncia o se trata de comunicar, pues es esta precisamente la carencia que cita la UNESCO a la hora de definir el analfabetismo funcional.
Aplaudimos la colocación de los sonómetros, pero tenemos al mismo tiempo que insistir en que es menester redoblar esfuerzos para conseguir resultados en esa lucha que en solitario, desgraciadamente y cada día de manera más notoria, tiene establecida el Ayuntamiento de Huelva para mejorar la calidad de vida de los onubenses.
 

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Thursday, September 11, 2008

El Odiel, la mina y las margaritas


El río Odiel a su paso por Gibraleón

Solíamos parar en el viejo puente del Odiel, una vez pasado Gibraleón camino de Cartaya. Una vez en el río, arriba, en el puente y bajo la sombra escasa de unos eucaliptos dejábamos el coche que uno de la pandilla, algo mayor que los demás, le pedía prestado a su padre. En esos tiempos no había demasiado carné de conducir. Ahora los jóvenes se sacan antes el carné que les permite guiar coches, que esa Selectividad que sólo les permite seguir estudiando.

Bajábamos la pendiente hasta el río y allí nos poníamos en pelotas para darnos un chapuzón. Éramos inconscientemente felices. Jóvenes además, y casi niños aún. En el agua entrábamos poco a poco, porque si movías demasiado el fondo con los pies subía un óxido hasta la superficie que se pegaba al cuerpo. No lo hicimos demasiadas veces, pero sí las suficientes como para recordarlo ahora. Qué bárbaros. Aunque peor aún era lo de las piscinas de los ingleses, en el cabezo de
la Horca, aquél que nos contaban que dominaba la ciudad con la fantasmagórica silueta de un tipo colgando su miseria en el patíbulo como advertencia para la población. Hombre, esto no lo conocí, que conste, que aunque uno tenga su alma hipotecada al Maligno, tampoco pasa de los tres siglos, aunque no le haría uno ascos a una prórroga de semejante amplitud. Pues bien, en aquellas piscinas de los ingleses, los niños pobres y mugrientos se bañaban en verano. Circulaban con naturalidad por aquellas aguas estancadas y fétidas, driblando bloques de ladrillos o hasta una lavadora que a saber quién pudo haber tenido la ocurrencia de subir hasta allí para retirarla en semejante basurero situado en un lugar privilegiado de la ciudad.
De las piscinas de los ingleses ya no queda ni el recuerdo, aunque sería un bonito proyecto recuperar ese espacio dándole sentido y función al parque que allí fueron a instalar nadie sabe para qué. Un parque solitario, peligroso por lo que cuentan. Bien estaría que se estudiara la posibilidad de construir de nuevo allí piscinas descubiertas, chiringuitos y vestuarios para solaz de la población que volvería a utilizar ese altozano de Huelva. El lugar que los ingleses eligieron para sus baños, lejos de la vista y de la curiosidad general. Curioso este asunto del cabezo de la Horca, elegido para dar ejemplo, para que todo el mundo observara el lugar en el que terminaban criminales y gentes de mala ralea hace tres siglos, o hace un siglo sólo el lugar para tomar discretamente el sol y refrescarse embutidos en pecaminosos trajes de baño. Escaparate y celosía a la vez. Las cosas de Huelva.
En Gibraleón nos bañábamos en el río más por hacer la gracia que por otra cosa. Íbamos a Punta Umbría o veníamos de allí, luego no era la lejanía del mar lo que nos obligaba a sumergirnos en un lugar que sobrepasa con creces los límites máximos permitidos para todos los elementos que caracterizan a los ríos onubenses, a los que filtran la faja pirítica y la actividad minera que desde hace dos milenios al menos, se explota a conciencia. Antes de los romanos, también. Pero desde los tiempos del Imperio con especial intención y avidez.
Un congreso reúne estos días a expertos en contaminación de aguas continentales en el Campus del Carmen de la Universidad de Huelva. Hasta veinte estudios de los que se presentarán estos días, se refieren a aguas onubenses. El río Odiel, está en el objetivo de investigaciones como la que llevan a cabo desde hace años los doctores José Miguel Nieto Liñán y Manuel Olías Álvarez, de la Facultad de Ciencias Experimentales de la Universidad de Huelva. Ellos, han tomado muestras a lo largo de 1.150 kilómetros de aguas en la cuenca del Odiel. Ellos son los que nos han recordado que los sulfatos, el aluminio, el arsénico, el cadmio, el cobre, el hierro, el manganeso, el níquel, el plomo y el zinc, las cantidades en esas aguas presentes, dan cuenta del grado de contaminación al que está sometido el Odiel, un río que arrastra sedimentos de la faja pirítica hasta la mar.
Sobre algunos de esos sedimentos nos bañábamos de forma absolutamente inconsciente y feliz, pero eso lo mantendremos en secreto, no vaya a ser que los profesores Nieto y Olías, nos metan a quienes fuimos intrépidos bañistas en una probeta de laboratorio para estudiar el efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, que eso ya Paul Newman lo estudió y con nota alta además. Sean discretos y no lo cuenten.

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Friday, May 2, 2008

Diez y cuarenta años después

 Hace 10 años ya desde que se produjo el desastre ecológico de Aznalcóllar; ese que encendió todas las alarmas porque, más abajo, estaba Doñana. El paraíso cercado.
También hace cuarenta años ahora que las fábricas nos expulsaron de los baños de la ría, de la sal y la brea de una ciudad que sólo pretendía vivir alegremente asomada a su mar. Aznalcóllar, doscientos millones de euros y diez años después, luce un bosque galería alrededor del Guadiamar que ni entonces podía siquiera soñar que pudiera llegar a disfrutar. Doñana respira tranquila. Hay presupuestos, dineros para que los patos en el agua sigan meneando su colita y se digan unos a otros ¡Ay, qué agua tan fresquita!
Más acá, en los paisajes negros generados por una actividad fabril fuera de toda lógica, la cosa sigue igual, o peor, apuntalada ahora por una Junta de Andalucía empeñada en que Huelva, tal como aseguró una consejera de Medio Ambiente cuyo nombre querríamos olvidar, mire hacia otro lado. También lo dijo un dirigente del régimen anterior, que aseguró que las fábricas de la Punta del Sebo estaban bien ubicadas, y que quienes deberían marcharse eran los onubenses. Era la ciudad, entonces como ahora, la que sobra. Cuanta maldad.
Allí en Aznalcóllar, aguas arriba de Doñana queremos decir, todo ha reverdecido. Del lodazal infame se ha pasado a una postal de paraje natural. Da gusto ver correr el río por donde antes no había sino lodos contaminados que ahora tenemos guardados, escondidos, en otro lugar. Aquí por ejemplo.
Apenas quedan en el Guadiamar los residuos que arrastra, imperceptibles pero ciertos, procedentes de la escombrera de la mina abandonada. Pero no importa, simplemente no se ha conectado el corredor del río con el Coto del Rey en Doñana. Problema solucionado. Doñana respira. El espacio natural ubicado en la desembocadura de un río, cosa complicada esa, el final de un embudo que recoge toda la mierda de un inmenso valle, puede al menos respirar. Otros, aquí en la margen izquierda del río Odiel y ya en su desembocadura, no respiramos tanto, las fumarolas sulfurosas siguen ahí, envenenándonos hasta el ánimo. En la margen derecha, las espátulas no hablan. Están mudas y felices, procrean a gusto entre el amoniaco y la urea. Se ve que no tienen nariz, solo picos aplastados. Espátulas. Protegidas espátulas, garzas y garcetas, flamencos y pato real. Y a nosotros, quién nos protege.
Unos y otros. Aquí nos conformaríamos simplemente con respirar. Como los patos de Doñana. Tener la certeza de que se respetarán los acuerdos de 1991, que toda esta pesadilla tendrá, como todo, su final. Allá, en Aznalcóllar y aguas abajo del Guadiamar, en Doñana, piden más. Mucho más.
ndan exigiendo ahora, diez años después y con el paisaje ya reconstruido, la restauración del complejo minero, el uso del agua del río Agrio exclusivamente para fines medioambientales, ampliar el corredor del Guadiamar, limitar los planes urbanísticos (que a estas alturas estarán ellos solitos limitados) y restaurar el sistema hídrico de Doñana. Muy bien. Pero ¿y nosotros?, nosotros qué.
Hace diez años, se deslizaron desde la brecha abierta en la balsa de residuos mineros hasta el río Guadiamar, seis millones de metros cúbicos de lodos contaminados que la empresa Boliden había almacenado de forma consciente hasta la saturación. Un desastre anunciado. Desde hace muchos años más, se filtran efluvios altamente contaminados desde las balsas de fosfoyesos hasta el mar, hasta esta ría que fue, hace cuarenta años, para nosotros el mar. Agua y sal,  brisa y mar.
Otro desastre anunciado y visualizado. En los primeros días de mayo de 1998, las fotografías aéreas del río Guadiamar, asustaron a la opinión pública y encendieron todas las alarmas en el parlamento europeo. Peces muertos en las portadas de los periódicos que en la ría del Tinto, ni antes ni hoy, se pueden fotografiar: no hay vida, no hay peces vivos ni muertos que retratar. Hace diez años las aves acuáticas desaparecieron del Guadiamar. Cuántos años tendremos que esperar para que las garzas y las garcetas, los flamencos y las espátulas, vayan al río Tinto a anidar.

Hace diez años, cuando un vertido cien veces mayor que el del electoralista Prestige, inundó, sepultó, las riberas del Guadiamar, todos se pusieron manos a la obra. Había trabajo, mucho trabajo que hacer. También presupuestos. Hace cuarenta años que sufrimos una muerte sorda en la desembocadura del Tinto y el Odiel, pero para las autoridades simplemente es la ciudad la que se debería mover. Y eso es lo que poco a poco empieza a ocurrir, que la ciudad, esta nueva ciudad, afortunadamente se está empezando a mover. Todo tiene, debe tener, su fin.

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Monday, January 14, 2008

Fosfoyesos radiactivos

Menos mal que la desidia es casi absoluta. En caso contrario, de ser Huelva una provincia articulada socialmente, con resortes suficientes como para defender sus intereses, no se pueden ustedes ni imaginar la que se habría liado con el asunto este de las balsas de fosfoyesos. Sólo con eso, tan sólo con esas montañas amenazantes, infinitas y pastosas que conforman los fosfoyesos vertidos durante décadas entre la capital y los Lugares Colombinos, esos sitios que tanta devoción despiertan en el común de la clase política, de la élite gobernante de ayer y de hoy. Huelva a un lado y el monolito al otro. En medio de ambos dos, los fosfoyesos. La Rábida, el cenobio franciscano, el tan visitado Muelle de las Carabelas, la gloria descubridora en suma… y a sus pies, los fosfoyesos.
Ahora estamos con lo de la contaminación radiactiva. El asunto este de las 7.000 toneladas vertidas por Acerinox y enviadas sin acuse de recibo a Huelva, a estas balsas estuarias con el único argumento de que total, con la que tienen allí los pobres, qué más dará que les enviemos un poquito más. Contaminación sobre contaminación y la ciudad callada. Esto es lo bueno que tiene Huelva, que aquí nadie pía. Fosfoyesos adobados con residuos radiactivos. Con razón la señora Coves, la misma que dijo aquello tan genial de que la ciudad no debería crecer hacia la ría, hacia el mar, que allí están las fábricas y son las que mandan, sino que debería crecer hacia Gibraleón… hacia el pgou de Gibraleón le faltó decir. Qué listos y qué monos.
Qué bien están ellos en sus altos cargos vitalicios, eternos, mientras que aquí no se hable ni a gritos ni tampoco en silencio, en las urnas.
Aquí, ni a verlas venir. Porque los residuos radiactivos que nos ha puesto entre la gloria Colombina y el ver los barcos venir al amanecer del día, nadie los vio. La ciudadanía porque nadie le dice nada, y los que lo saben pero se callan, porque tienen que guardar el carguito las criaturitas mías, que si no a ver, a qué se dedican estos angelitos del Señor, vírgenes laborales como son la mayor parte de ellos. Pues nada, que se callan y aquí paz y allá gloria. Tutti contenti.
Ahora los de Greenpeace están elaborando la denuncia que interpondrán contra la Junta de Andalucía por aquello de que no han dicho ni esta boca es mía cuando se les han pedido papeles, datos y cifras sobre esta barbaridad. Primero decían que de contaminación nada, que de radioactividad, menos todavía. Ahora, ante la evidencia, la señora Coves dice que ella no tiene competencia alguna sobre la situación medioambiental de Huelva, que ella está aquí para poner anillos en las patitas de los jilgueros y cuatro lindezas más que se montan en el zoológico de Doñana. Lo de la contaminación, esa que no existe, tampoco es cosa de la dicha consejería. Lo inexistente  no puede ser competencia de esa consejería. La consejería es algo real, no irreal, es el pesebre donde pastan los que saben cerrar los ojos cuando les ponen por delante las firmas necesarias para que se instale una central térmica nueva al ladito mismo de la ciudad, por ejemplo, que contra esa barbaridad debería haberse opuesto hasta la consejera de Cultura,  por el insulto rotulado en la chapa azulina contra Juan Ramón Jiménez y por despreciar la grandeza del monumento de la escultora Whitney. Pero no hay sensibilidad alguna. Si no la tienen en Medio Ambiente, cómo la van a tener en Cultura. Aquí, y eso es lo mejor de todo, no pasa nada. Qué se le va a hacer. A callar y a cobrar. Es lo que hay.
El compromiso con el medio ambiente de Greenpeace, las nuevas  asociaciones que surgen contra el despropósito de la contaminación en Huelva – Ecologistas en Acción, Mesa de la Ría y poco más- y los jóvenes, los que llegan ahora, que no se dejarán, se supone, engañar por las apariencias, son los únicos que podrán poner remedio a esta lamentable situación.
Habrá que esperar pues a que prospere la denuncia de Greenpeace, que nos enteremos de una vez qué pasa con las balsas de fosfoyesos. Habrá que esperar a que la Mesa de la Ría crezca y su voz suene con más nitidez. Habrá que esperar a que los jóvenes, los que están llegando, conviertan en grito el cobarde silencio. Porque de esta consejera no se puede esperar nada, ella ni siente ni padece. Ella ni sabe ni contesta.

 Qué horror.

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Monday, December 17, 2007

Con Jethro Tull de fondo

Duros de mollera
Aunque es de suponer que, como ocurre con la mayoría de los mortales, a la administración socialista lo que le preocupa mayormente es el puente de la Constitución y algún otro más del calendario festivo, no puede dejar de sorprendernos que el hacer un puentecito de cemento y metal a la altura de la Punta del Sebo, es para estas administraciones toda una prioridad.
Pensarán que con este puente sobre los fosfoyesos se nos va a olvidar la promesa electoral de los tres puentecitos a Punta Umbría y ver los barcos venir al amanecer del día. Pero, no. De eso nada. Seguimos y seguiremos recordando lo de los puentes por encima del Paraje Natural de las Marismas del Odiel, ese espacio natural frontero a los fosfoyesos y a los humos sulfurosos que en la urbana avenida de Francisco Montenegro se levantan a los vientos que suavemente llegan del mar, de ese mar tan cercano por mucho que los del nuevo puente a la Rábida – y repito, a Punta Umbría y ver los barcos venir al amanecer del día – lo quieran mantener lejos de la ciudad. El mar queremos decir, no la contaminación, que esa es cercana y, según dicen los juanramones de Endesa, rosa.
Otro puente que conecte la ciudad, las circunvalaciones de la ciudad, con las fábricas del Polo Químico. Una prioridad. Ya, me cuesta pero lo entiendo. En cambio los puentes hacia el litoral, los puentes que eviten la congestión de verano y otras fiestas de guardar, no. Vaya hombre, qué casualidad. Pues en todo caso no se nos van a olvidar, no. Qué se nos van a olvidar. Tres dijo el señor Chaves cuando desembarcó en plena campaña electoral para hacerse con Huelva, Aljaraque y Punta Umbría, que casi se lo lleva todo, y tres tenemos anotados en la mollera. Somos cabezones, duros de mollera, y eso cuesta trabajo entenderlo. Thick as a brick.
“Really don’t mind if you sit this one out. / My word’s but a whisper, / your deafness a shout. // I may make you feel / but I can’t make you think”. (“Realmente no me importa si no me sigues. / Mis palabras no son más que susurros, / tu sordera un grito. // Tal vez puedo hacerte sentir / pero no puedo hacerte pensar).
Así que podremos ir a la Rábida un día por un puente y otro día por el otro, justo por el de al lado. Bien. País de nuevos ricos y de políticos caprichosos. Eso es lo que nos ha traído la diosa Fortuna, eso y las propinas de un euro que sólo ve el señor Solbes. Los camareros, desde luego que no. Sobre todo desde que necesitamos las moneditas para la zona azul. Pero Solbes y el gobierno a la que les cae, que es culparnos de la crisis, de todas las crisis. A comer conejo y a no dejar propina, que somos unos manirrotos. Ellos, que gobiernan por encima de todas las cosas, por encima del bien y del mal, también, no son causantes de nada. O fue el gobierno de Aznar, o ahora que va pasando el tiempo somos directamente nosotros, que no comemos conejo. Qué pensará la Loles de todo esto. El novio hortelano, que no le guarda los tronchos gordos. Ya le preguntaré. A la Loles , claro, a Solbes, no. Servidor, duro de mollera como es, no lo entendería.
Tampoco entiendo lo de los puentes de Punta Umbría, que son tres, no dos, ni mucho menos uno como últimamente andaban prometiendo. Bueno, para eso han lanzado ya a los curiosos ecologistas onubenses contra este despilfarro presupuestario. Contra los puentes, que atacarán el equilibrio medioambiental de las ranas y los conejos, más conejos, del paraje natural. Contra las fábricas, que aportan sulfuros y otros ambientes a los parajes protegidos, esenciales para la conservación en formol de las especies naturales, no. Contra las fábricas como van a estar esos verdecitos que los tienen igualmente en formol para cuando vengan las elecciones restar algún que otro voto inocente a la izquierda escuálida de Valderas y Pedro Jiménez. Puentes, no. Formol, sí. Todo correcto. Aunque no lo podamos entender porque, como ya avisábamos, somos duros de mollera, cabezones. Thick as a brick.
“And the sand-castle virtues / are a swept away / in the fidal destruction / the moral melee. / The elastic retreat / rings the close of play / as the last wave uncovers / the new fangled way. // But your new shoes are worn at the heels / and your suntan does rapidly peel / and your wise men don’t know how feels / to be thick as a brick”. (Y las virtudes, como castillos de arena, / son arrastradas / por la destrucción de la marea / en la confusión moral. / La elástica retirada / anuncia el final del juego / mientras la última ola descubre / el comportamiento de moda. // Pero tus zapatos nuevos están gastados por los tacones / y tu bronceado se va rápidamente / y tus hombres sabios no saben lo que se siente / siendo tan duro de mollera”). Como yo soy.

El Mundo - Huelva Noticias. 18 de diciembre, 2007

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