Tuesday, July 15, 2008

Construir el pasado, disponer el porvenir

Está reciente la publicación y presentación de un libro ameno y riguroso a un tiempo, “Familia y población en el Condado de Niebla” (Diputación Provincial de Huelva, 2008), del que es autor el profesor y doctor en Historia por la Universidad de Huelva, Manuel Mora Ruiz.
Antes de esta obra, el profesor Mora disfrutó de una beca en la Universidad de Huelva, fruto de la cual y también gracias a haber formado parte del Instituto de Desarrollo Local de dicho institución académica, han sido los estudios “Espacio y población en la provincia de Huelva” (1992), Estudio socioeconómico del Condado” (1993), Iniciativas de desarrollo local en la provincia de Huelva” (1994), “El bien de los pobres” (2000) o sus colaboración en distintas enciclopedias con esta provincia de fondo, como fueron “Los pueblos de Huelva”, “Artes, costumbres y riquezas de la provincia de Huelva” e “Historia de la provincia de Huelva”.
Ahora y después de haber dirigido sus pasos hacia la actividad docente en las enseñanzas medias e incluso de haber realizado una feliz incursión en la vida política – es alcalde de su pueblo, Lucena, tras conformar una candidatura independiente que se alzó con el triunfo en las últimas elecciones municipales -, vuelve a publicar un estudio histórico que se centra en el Antiguo Régimen y en la zona meridional del antiguo Condado de Niebla, centrándose en tres parroquias de aquella tierra condal, las de Beas, Bonares y la propia Lucena, su pueblo natal.
Entre los siglos XVI y XIX, quiere decirse entre el fin de la Edad Media y la aparición de la luz de la razón en la vieja Europa, estas tierras de lo que hoy es provincia de Huelva, vivió una marginalidad que ha dado carácter y modelado la actividad económica en los pueblos estudiados por Mora Ruiz y, en general, por el resto de poblaciones de la provincia. Es el análisis de la evolución de las variables demográficas en Beas, Bonares y Lucena, el punto de partida del investigador para alcanzar a mostrar al lector una realidad compleja como es la de esta zona meridional del que hoy se denomina Condado de Huelva o Campiña.
Tras esta primera aproximación a la realidad a través del estudio de su población, de los registros y huellas que en archivos parroquiales dejaron los vecinos del antiguo Condado de Huelva, Manuel Mora Ruiz profundiza en el análisis de lo que denomina Ciclo Demográfico Antiguo, un periodo histórico que en España se sitúa en estos tiempos del Antiguo Régimen y que se caracterizan por unas altas tasas de mortalidad y de natalidad, además de por un crecimiento estable y moderado. Esperanza de vida, tasas de fecundidad, edad media de matrimonio… sirven al autor para establecer modelos de comportamiento social y cultural que definen un tiempo y un lugar, pero que sobre todo explican unos modos de vida que son directamente los que han devenido en lo que hoy somos. De ahí que conocer estos registros históricos en profundidad, tal como nos ayuda ahora esta inevitable obra de Manuel Mora Ruiz, nos llevará a preparar mejor los tiempos que están por venir, corrigiendo y estableciendo pautas que ayuden a mejorar las condiciones socioeconómicas de esta comarca onubense y del resto de la provincia.
En el centro de todo el entretenido volumen editado por la Diputación de Huelva en su colección “Investigación” (20 euros en librerías),  está la familia como marco de las relaciones vitales del individuo y de reproducción de la organización social imperante. Un trabajo que viene a llenar un hueco importante en el panorama de las investigaciones históricas sobre nuestra provincia y en particular sobre el Condado.
Casi de tres siglos y medio es el periodo que abarca el estudio de Manuel Mora Ruiz, desde 1520 hasta 1860. Esto revela el esfuerzo que ha tenido que desarrollar el autor, toda una labor de años exhumando viejos archivos parroquiales y municipales, para hacerse con una información valiosísima que le ha permitido regalarnos ahora esta precisa información sobre cómo era el discurrir vital de los antiguos vecinos de El Condado. No es de extrañar pues, que después de una serie de estudios e investigaciones realizadas en el ámbito universitario, el profesor Manuel Mora Ruiz haya estado casi ocho años sin publicar ni una sola obra. Esfuerzos políticos y actividad docente al margen, todavía le ha quedado tiempo para construir esta certera y pulcra revisión de nuestro pasado.

publicado en El Mundo - Huelva Noticias hoy, 15 de julio de 2008

Posted by Bernardo Romero at 17:13:19 | Permalink | No Comments »

Friday, November 9, 2007

De la Cooperativa Vinícola del Condado

Los excelentes tintos de este sur
BERNARDO ROMERO
Antiguamente se decía que al sur del Duero no se podía hacer vino tinto. La cosa dolía especialmente en La Mancha , con una producción bastante importante y un sector que se las veía canutas para prosperar en una España dedicada casi exclusivamente a los blancos del año y a la cervecita. Tampoco a los valencianos, con denominaciones tan interesantes como Utiel – Requena, debieron estar muy conformes con tal aseveración. Ellos, con su trabajo contracorriente, vendiendo más graneles que elaboraciones propias con sello de identidad, demostraban día a día, que sí era posible hacer vinos tintos, y buenos vinos tintos al sur del Duero, del Tajo y de todos los ríos del Rin al Guadalfeo, que se pusieran por delante.
Hará cosa de diez o doce años, visité unas bodegas en las Alpujarras donde un inglés de los muchísimos que habitan esas tierras tan plenas de sol como escasas de humedad, se dedicaba a hacer vino tinto sin encomendarse a Dios ni al diablo. Aquello, estaba muy bien. Unos tintos muy correctos y bien definidos, por mucho que tampoco es que fueran a ser para tirar cohetes. Unos años antes, a mediados de los ochenta, tuve noticia de que la Junta de Andalucía empezaba a experimentar con nuevas variedades en el Condado onubense. Fue un trabajo lento, como es natural, pero esperanzador, del que no tardarían en cobrar los primeros frutos. Se podía hacer vino tinto, también, en la provincia de Huelva, en este sur mediterráneo abierto a la mar atlántica.
Fueron llegando los primeros resultados, abriéndose paso entre un rumor insistente de voces que negaban lo que cada día era más evidente, la posibilidad no ya de hacer, sino de elaborar buenos vinos en la provincia de Huelva. El tiempo, que termina por poner todo en su sitio, nos ha dejado sobre la mesa un vino tinto de excepcional calidad. Estos días atrás se presentaba el Lantero del 2006 en la nueva sede que la Federación Onubense de Empresarios tiene en la zona de Zafra. Una nueva añada de Lantero, el tinto de la Cooperativa Vinícola del Condado que ya con el que embotelló en la cosecha de 2004 conseguía a principios de este mismo año la Medalla de Plata en el Concurso Internacional de Bruselas. Un lujo.
Se trata de un varietal realizado a partir syrah, una uva que permite la obtención de vinos muy al gusto de estos exigentes tiempos y que no hace demasiado se empezó a cultivar y vendimiar en el Condado. Concretamente hace doce años y como resultado de la puesta en marcha del proyecto “Vinos de Calidad” puesto en marcha por la Junta , a través de la Consejería de Agricultura, en colaboración con el Consejo Regulador de la D. O. Condado de Huelva.
Este Lantero Roble Syrah vendimiado a finales de agosto del pasado año es justo el que tengo hoy sobre la mesa, el que estamos catando un grupo de amigos que tenemos en el vino una de nuestras pasiones. Y del que a continuación les voy a dar noticia. Una buena noticia, además. Limpio y brillante, tiene un color rojo picota que en los bordes se torna violáceo. Intenso en nariz, a poco que movemos la copa aparecen los característicos aromas a ahumados, donde se van recogiendo luego perfumes de flores y frutos rojos. Por encima de todos ellos, elegantísimo, el aroma de las maderas que obtuvo tras permanecer cuatro meses en barricas de roble – de ahí su nombre – francés y americano. Luego, ya más aireado el vino, nos regala sus profundas tonalidades a especias, vainilla y clavo sobre todo.
En boca el vino es agradable, fresco y con una equilibrada acidez. Aparece en la nariz de nuevo la madera, completándose el retrogusto con esas frutas del bosque que antes nos sorprendieron tan agradablemente. Al final otra vez la elegancia agradable de un vino cuidado y mimado, bien elaborado. Una delicia y una certificación de que al sur de todos los sures se pueden elaborar, por supuesto que también, vinos de alta calidad. Se trata de cuidar la uva, de mimar todos y cada uno de sus trasiegos, pero sobre todo de investigar y estudiar las condiciones climáticas, edáficas y hasta la tradición vitivinícola de este Condado que hace tiempo ya que viene demostrando que con sudor y amor por la tierra, se pueden conseguir cosas importantes. Lantero Roble Syrah, desde luego es una de ellas.
Si me han aguantado hasta aquí, seguro que me permitirán un último consejo. Este es un vino joven, de crianza, pero que puede guardarse al menos un par de años en la más completa seguridad de que va a ir ganando prestancia. Con unos precios la mar de competitivos, es toda una tentación al alcance de la mano y de los estantes de nuestras despensas.

EL TABLÓN
Los generosos
En un nuevo libro de cocina que daré muy pronto a la imprenta, insisto en un buen número de recetas en la necesidad de utilizar uno de los tesoros más desconocidos que tenemos en el Condado, los olorosos secos. Son muchas las bodegas de los distintos pueblos del Condado que elaboran estos vinos generosos, absolutamente impecables y plenos de aromas y sabor. Reconocidos por especialistas de toda España y cada vez más presentes en las relaciones de vinos más prestigiosas, los olorosos secos constituyen un trago corto especialmente indicados para veladas vespertinas o para animar las charlas del aperitivo. Cuando cae la noche, en momentos muy especiales, la elegancia de estos vinos de hermosísimo color, siempre limpios y brillantes, cera virgen en el cristal, son la mar de apropiados. Pero no encajan en los gustos o modas de estos atribulados y veloces tiempos que vivimos, más hechos para la rapidez dulzona del combinado o los licores de aromas planos que dominan discotecas y botellones. Estos olorosos secos, son otra cosa, vinos para gente elegante. Y a unos precios absolutamente irrisorios, que parece que uno está pagando sólo el envase y no el continente. Busquen el Misterio, por poner un ejemplo que me cae cercano: intrigante color caoba, aromas a maderas nobles, a cacao y a café, a almendra y avellanas, que derraman elegantes lágrimas en la copa. Seco, con cuerpo, de soñadora complejidad. Vino, por derecho. Aprovéchese de que vive en Huelva.

El Mundo - Huelva Noticias. 10 de noviembre, 2007

Posted by Bernardo Romero at 17:56:01 | Permalink | No Comments »