Esto de las Colombinas
Podríamos principiar recordando que las Fiestas Colombinas se idearon en Huelva y por quienes entonces controlaban la economía y la política, por una clase dirigente trufada por la colonia extranjera dedicada entonces al comercio y a la minería fundamentalmente. El loado fin era el de celebrar o conmemorar el Descubrimiento de América.
También se podría ir advirtiendo de entrada que este hecho histórico, la incorporación nada menos que de un nuevo y extenso continente a la Historia de Occidente y, de paso, el paso de esa misma historia a la edad que se conoce como Moderna, es absolutamente trascendental y hasta entonces, poca o nada de atención se le había dedicado, bastando para ello recordar que el laboratorio donde se fraguó esta dichosa aventura de descubierta, el cenobio franciscano de La Rábida , no sólo mostraba un aspecto ruinoso, sino que era utilizado como majada o cobijo para el ganado lanar. Fue como saben, el gobernador Alonso, a quién Huelva dedicó la antigua Callejilla del Duende que hoy sirve para titular el espacio que en este diario comparto con amigos como el escritor almonteño Juan Villa, o la sagaz investigadora y, diga lo que diga, algo metidita en carnes, pedicura titulada Alicia Goles.
Con este que creo inútil preámbulo, se podría continuar estableciendo que a nivel científico y sobre todo desde que la Universidad de Huelva es una realidad en marcha, se trabaja y bien en lo que se refiere al estudio de aquél hecho histórico. También que desde la privilegiada tribuna que ocupa hoy un rector realmente magnífico e ilustre como don Francisco José Martínez, se ha alzado la voz para reclamar que Huelva y La Rábida sean foro de reuniones tan importantes y trascendentes como la Cumbre Iberoamericana. Los tiempos, como es natural, cambian, y Huelva con esta Universidad y con una ciudadanía cada día más preparada y concienciada, pide o reclama ya en alta voz, ocupar el sitio que por historia le corresponde. Faltan en todo caso algunos flecos por recortar.
Le falta carácter, hoy día, a estas Fiestas Colombinas que se celebran desde hace más de un siglo con el objetivo, como se decía, de conmemorar el Descubrimiento de América. Eso y el indudable hecho de la participación de estas tierras, de sus gentes, en tamaña aventura, donde se mezcló la ciencia con el riesgo y evidentes aires románticos. Le falta carácter y deseo de vindicación, aunque pueda parecer esto cosa poco lógica conociendo como conocemos a esta provincia y a esta ciudad, a sus gentes y a sus circunstancias. De hecho no hace poco, se quiso cambiar el nombre de Fiestas, que implica la connotación de celebración, por el de Feria, que revela una tradición ferial que en esta ciudad tenía y tiene otra fecha concreta, la del 20 de agosto en que los onubenses rinden homenaje a su santo patrón Sebastián y lo hacen, o lo hacían, en el barrio y calle que llevaba a la ciudad camino de las huertas y sembrados que antecedieron desde los tiempos neolíticos a las populosas áreas residenciales que hoy dominan el norte de la ciudad. Siendo como era una ciudad portuaria, marinera, pero también agrícola, Huelva tenía su feria agrícola, la de San Sebastián. Esto de las Fiestas Colombinas es, y debe seguir siendo, una conmemoración de un hecho del que obviamente todos los onubenses nos sentimos orgullosos. Pero, insisto, le falta carácter a la fiesta.
Las cosas en todo caso han cambiado, y de aquellos fastos en los que se celebraban reuniones plenas de boato y esplendor efímero, pero más huecas que el ojo de Maillo; presididas por las máximas autoridades civiles y militares, por chaqués y chorreras en los uniformes, se ha pasado, aunque estas simplezas persistan, a serios estudios que se hacen en el silencio de los departamentos y las bibliotecas de la flamante Universidad onubense. Queda por lo tanto una sola cosa, la conexión popular.
El onubense debería ser consciente de que al ir a las Colombinas, para montarse en el tren de la Bruja o tomarse un ponche en la caseta del Calvario, está conmemorando el Descubrimiento de América. Sería cuestión de institucionalizar ciertas actuaciones que pusieran de relevancia este trascendental hecho histórico. Recordar el embarque de personas y enseres para tan largo viaje en el primer día de Colombinas, y la vuelta feliz, con la exótica compañía de productos del otro lado del mar desembarcando al pie de la portada de feria, sería no sólo un atractivo y un reclamo mediático para que estas fiestas se conocieran fuera de Huelva, sino insistir en el sentido primigenio de las mismas. Las Colombinas deben ser fiestas para presumir sin complejos de Historia y de carácter. Huelva, ya lo saben, está cambiando. Es el momento.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias el 5 de agosto, 2008