Friday, April 10, 2009

Marcas: mientras más blancas, mejor

La calidad no tiene por qué ser cara. Este es el lema de una de las empresas que más marcas blancas ofrecen, la alemana Lidl. Pero la guerra en España la ha desatado Mercadona. Decidió primero eliminar de sus estanterías un número considerable de marcas caras, el objetivo era bajar el precio del carrito de la compra y de paso unos resultados que habían metido al grupo en números rojos durante el ejercicio de 2008. A partir de aquí, el fin del mundo.
Las marcas, es decir aquellas empresas que venden lo mismo pero más caro porque se dejan un dinero en publicidad, protestan. Pues muy bien, que protesten todo lo que quieran. Las marcas, desde luego, mientras más blancas, pues muchísimo mejor. La garantía la ofrece la superficie comercial que las tiene en sus estantes, la fiabilidad del producto deviene de quién te lo vende. Está todo bien claro: si en un supermercado, pongamos por ejemplo Mercadona, te vende productos de mala calidad, pues simplemente dejas de comprar allí, y esa es precisamente la razón por la que Mercadona o cualquier otro no te va a defraudar, sino más bien todo lo contrario. Es evidente que procurarán ofrecer calidad para fidelizar al cliente. Aquí el único que pierde es el mercado publicitario y de paso las televisiones y otros elementos que viven de la publicidad. A ver qué viene a contarnos ahora Telecinco o Cuatro con apoyar las marcas,  ¿qué pretenden, que paguemos más por un producto pudiendo pagar menos? ¿Qué nos quieren contar, que se les acaba el chollo de la publicidad? Pues muy bien, por mi como cierran esas cadenas de televisión, ya saldrán otras de marca blanca, con igual (o mejor, porque peor es imposible) calidad y más baratita, o al menos con menos publicidad. Yo lo tengo claro, viva la crisis y vivan las marcas blancas, mientras más mejor. A los demás, que les vayan dando.
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Tuesday, July 15, 2008

Entretener y soñar

XXIV Festival Castillo de Niebla: Compañía Nacional de Teatro Clásico

LAS MANOS BLANCAS NO OFENDEN, de Pedro Calderón de la Barca , versión y dirección de Eduardo Vasco. Música: Alicia Lázaro. Escenografía: Carolina González. Vestuario: Lorenzo Caprile. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Coreografía: Nuria Castejón. Asesor de verso: Vicente Fuentes. Músicos: Sara Águeda (arpa), Melissa Castillo (violín barroco) e Irene Rouco (cello barroco). Intérpretes: Pedro Almagro, Miguel Cubero, Silvia Gómez, Sergio Mariottini, Toni Misó, Adolfo Pastor, Elena Rayos, Diego Toucedo, Iñigo Asiaín, Montse Díez, Ione Irazábal, Juan Meseguer, Joaquín Notario, Pepa Pedroche, José Luís Santos.

Castillo de los Guzmán. Niebla. Aforo: 900 personas (Lleno) Fecha: 12 de julio, 2008. (***)

Estrenada hace unos días en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, recaló en Niebla antes de marchar con la Compañía Nacional de Teatro Clásico a Madrid. Comedia de capa y espada de don Pedro Calderón de la Barca , cuyos impulsores aseguran que hacía más de un siglo que no se representaba en España.
Probablemente, y de no mediar una entidad pública dedicada a recuperar y poner en valor el teatro clásico español, no se estrenará en como poco un par de siglos más. Liviana, feliz en el argumento, excesivamente blanco incluido el momento en el que César muestra sus genitales a la corte para probar que no es Celia, los textos corresponden más al argumento de un tebeo que a una obra de teatro. La función de compañía y gestores, debe ser pues la mentada recuperación del teatro del siglo de Oro, como ocurre con esta obra de don Pedro Calderón de la Barca , que cogía el lápiz y no había quién lo parara al hombre cuando de escribir comedias se trataba. Hay más Calderón, por supuesto. Y también más teatro clásico español. Esta comedia, de sosita que es, ni ofende siquiera.
Enredos entre damiselas y caballeros de la corte, comedia para divertir en palacio y que en tiempos posteriores pasó a representarse en infinidad de teatros y corrales de comedia, a tenor de las múltiples ediciones que de sus textos se hicieron desde entonces. Desde luego, ingredientes tenía como para divertir al pueblo llano: travestidos, sustos, accidentes… gags les llamamos ahora que la producción y el léxico nos llegan de fuera. En la obra hay de eso, pero sobre todo está la manera de vivir de los estamentos privilegiados, ese espejo en el que el pueblo siempre gustó tanto mirarse o, sobre su reflejo, dormirse y soñar (véanse las telenovelas actuales o los programas del corazón: puro deseo de alcanzar por la contemplación esa gloria efímera y simple).
T
ambién está, y eso sí que atrae, el amor y la juventud, elementos imprescindibles de un juego en el que participan indecisiones y pasiones, el lance, en fin, más apetitoso para el alma humana, algo que estuvo siempre en la pluma, tan prolífica como certera de uno de los más grandes genios de nuestro Siglo de Oro.
Con los vestuarios, plenos de puntillas, encajes y miriñaques, habrá disfrutado de lo lindo su creador, Lorenzo Caprile. La escenografía es justa aunque parca, como corresponde a estos tiempos minimales. Y lo demás, bien. A excepción de los actores, que estuvieron soberbios, mereciéndose destacar la naturalidad y el perfecto acoplamiento que tuvo cada cual a su rol, estrictamente lineal, como corresponde a un tebeo, que es de lo que se trata y lo que escribió don Pedro. Un tebeo para entretener a la corte sin necesidad de meterse en honduras. Comedia nutricia le llamaban a esto.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias el 14 de julio

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