El silencio y la luz en Pilar Barroso
Pilar Barroso es una enorme pintora, pero es además un puente directo con los años perdidos o menos conocidos de la pintura onubense, con esa generación de artistas de la primeras décadas del siglo anterior, activos durante buena parte del pasado siglo y a la que sólo unos cuantos elegidos: Seisdedos, Franco o la propia Pilar Barroso, conocieron y de los que aprendieron que la pintura era algo más que mezclar colores. Sentimientos, que es decir sensibilidad, emoción y rigor en el trazo. Convicción. Pura celebración a través del esfuerzo, de la formación más intensa.
Recuerdo la antológica que el Museo Provincial de Bellas Artes dedicara hace unos años a Pilar Barroso. Allí estaban, exactos en la ejecución, certeros y mostrando la impresionante mano de la pintora, algunos de los dibujos que realizara en sus años jóvenes, en su etapa de duro aprendizaje en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Eran otros tiempos y al arte se llegaba por el esfuerzo, el sacrificio y la práctica, por el mucho pintar y, sobre todo, por el mucho dibujar. Después la joven artista, con un caballete bajo el brazo y las pinturas ocupando casi todo su equipaje, viajaría por Europa para conocer. Iniciación. Otro capítulo inexcusable en la formación de un artista. Retratos a bajo precio o trabajos compartidos con la emigración de aquellos años en Alemania que le permitirían viajar para conocer. Italia, París… Formación, venimos a decir. Intensa y medida formación. El resultado está ahí. En sus cuadros y también en su sonrisa, en ese saber convivir con un mundo que, ni antes ni ahora, supo muy bien cuales son los fundamentos de las Bellas Artes. Pilar Barroso ha seguido ahí, en su estudio onubense. Pintando.
Paisajes, naturalezas muertas, composiciones ahora, con el tiempo, más lumínicas y sueltas, con el trazo exacto que sólo los maestros pueden ejecutar. Artista. Y el artista, como ser que vive inmerso en una comunidad, desea transmitir de forma consciente los valores y expectativas del entorno social que le rodea, de la gente con la que vive. Pilar Barroso así lo hace. Ella, a través de la forma y el color, describe paisajes y motivos comunes en los que circunscribe el deseo placentero de la tranquilidad, buscando también el silencio de las cosas, el dulce transcurrir de un tiempo que el hombre es incapaz de aprehender, atosigado como vive con prisas y deseos de llegar aceleradamente a ningún lugar. Terapia. El tiempo lento, pausado, en la pintura de la artista, mueve a encontrarnos con la verdadera dimensión del tiempo y de las cosas. Desenmascaramiento. La vida, presentida en su justa medida.
En plena madurez creativa, el color ha ido cobrando importancia en sus cuadros. Ahora se sirve de él, más que nunca lo hizo antes, para a través de la luz reflejada en la superficie de la tierra, de un árbol o de una simple flor, encontrar el ritmo ideal de las formas que conforman sus equilibradas composiciones. Así, el color, a través de contrastes de extensión sabiamente dispuestos, elabora el discurso central de la última obra de Pilar Barroso. Equilibrio y silencio se suman a esas disposiciones lumínicas que manchan el lienzo hasta elaborar contenidos puramente plásticos, hermosos en sí. De este modo, los paisajes se hacen teoría de la forma con el color de soporte o instrumento. Los bodegones buscan en cada uno de sus trazos la cotidianeidad pausada y anhelada por el hombre de hoy, por quienes comparten con ella este momento y esta realidad, de la que nos habla la pintora pincelada a pincelada, tranquila y lentamente, con unos tiempos inmaculados y precisos. Justos.
Pero es sobre todo la trayectoria de la Pilar Barroso pintora, la que obliga a visitar esta exposición que la Fundación de Cultura de la Caja Rural del Sur nos brinda en su sala onubense. Es el saber que estamos ante una de las personas que están escribiendo una de las páginas más exactas y plenas de pureza de la pintura onubense contemporánea. En estos tiempos de confusión, muchos serán incapaces de saber ver lo que encierra la obra de esta pintora de sonrisa amplia, esta artista que sabe, desde hace ya demasiadas décadas, que el pintor se debe a su obra. Eso, y que las personas se deben a quienes le quieren. A nosotros, desde luego, nos tiene cautivados con su obra y con su sonrisa.