Concierto en el Foro Iberoamericano. 11 de Julio, 2008
MARIZA & ARGENTINA
Para una joven cantaora como Argentina, rotular su nombre en un cartel junto a una figura de renombre internacional, todo un mito ya de la canción portuguesa, como es Mariza, debe haber sido toda una experiencia.
La del barrio de Las Colonias aguantó el envite, tuvo el público a su favor y gustó enormemente, sobre todo por los cantes de Cádiz y luego, asomada a la corbata del escenario y sin artilugios amplificadores, quiere decirse sin micrófono, a viva voz, por fandangos. De Rengel y de Rebollo, uno de Santa Bárbara enormemente preciosista, con poderío en los valientes, gustándose en el de la alosnera María la Conejilla … Gustó a un público que ya la quiere, en estos inicios de lo que sin lugar a duda será una excelente carrera y que la arropó en todo momento con el cariño de la gente de Huelva hacia los artistas, un cariño y un respeto que ya conocía la luso mozambiqueña Mariza Reis Nunes, cuyo último trabajo “Terra” le ha producido el onubense Miguel Limón.
Argentina empezó por fiestas y allí incluyó unos fandangos por bulerías que, como nos apuntaba el flamencólogo Camilo Gómez Cruz, ya grabó Vallejo en los años cuarenta. Después, curiosamente, un cante tan hermoso y con tan buenos resultados cromáticos, no ha seguido en los repertorios de los grandes del flamenco, aunque ahora Argentina, que está en el camino, en el mejor de los caminos, los ha incluido en su repertorio. Luego vinieron los aires gaditanos, cantiñas, mirabrás… y tangos, hermosos temas por tangos con el acompañamiento tan excepcional y bien medido que tuvo toda la noche, en los coros, en las palmas y en la percusión, además de las exactas guitarras de Iglesias y el Bolita.
Incluyó una copla y pena, penita, pena que los hados no la acompañaran como a la cantaora le hubiera gustado. Mejor haber pasado por alto lo de la copla, porque en el compás de los temas que fue desarrollando entraban perfectamente amoldadas algunas letras clásicas del flamenco, con guiños a sus ídolos. Camarón, que tantos caminos abrió y que en gloria esté, entre ellos. Por esos caminos, precisamente es por donde con harta soltura camina Argentina. Nos quedamos por lo tanto con su voz, que enamora de tanta musicalidad y versatilidad, de tan hermosas texturas vocales como atesora. Nos quedamos con su gusto cantando por Cádiz, por tangos y por bulerías, por su entrega y su afición, por ese luchar contra las condiciones acústicas del recinto desgañitándose en la corbata del escenario. Nos quedamos con su voz de plata, deliciosamente moldeable… E depois, Mariza.
Apoteósica. De menos a más pero de una forma milimétricamente estudiada. Mariza estuvo en su lugar, en el trono de los grandes de la música internacional. Fantástica su versión de O barco negro, entusiasmando al público con su entrega en el fado Primavera, enorme con el homenaje casi final a la gran Amalia Rodrigues con su Gente da minha terra, el mismo tema que le cortó la voz y con el que rompió a llorar en un memorable concierto junto a la torre de Belem, junto a una luna enorme de verano que se acunaba con su voz, mirándose en el Tajo.
En el repertorio, Mariza suele incluir temas populares, como esos cantes para el baile de las verbenas de San Juan y San António en Lisboa, o como las saias de aquí al lado, que me recuerdan y no sé por qué a las jotillas de Aroche, cantes populares del otro lado de una raya de Portugal que a la gente de esta tierra nuestra nunca separó del todo.
Gente da minha terra, gente unida pela música, pela arte e por uns mesmos sentimentos. Mariza, que entiende el fado como música muy ligada al flamenco, reclamó a la joven Argentina para cantar un precioso dueto con ella, Meu fado meu que ya grabara, creo recordar, Miguel Poveda para el extraordinario filme de Saura, Fados. E depois, como si estuviera en su barrio lisboeta de Mouraria, auténtico templo del fado, la enorme fadista se bajó a la orquesta, el semicírculo que media entre el escenario y el graderío, un lugar con mejores condiciones sonoras, y cantó junto a la viola de fado y la guitarra portuguesa, unos fados de enorme sabor y plenos de sentimiento y pureza. Para entonces, la lisboeta, tenía ya al público metidito en el bolsillo.
Una grande de la música popular portuguesa, una valiente que ha sido capaz de modernizar los conceptos estéticos e instrumentales del fado, que maneja los tiempos de un concierto con tanta profesionalidad como sinceridad en cada uno de sus gestos, en cada uno de sus justos y medidos versos, tal como transmite seu degarrada e doce voz, sua majestuosidad na interpretação e seu enorme elegancia sobre um esceario. Mariza, uma grande.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias el 13 de julio