Monday, November 16, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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LA PASIÓN DE GABRIEL. Dirección: Luís Alberto Restrepo. Guión: Diego Vásquez y Luís Alberto Restrepo. Montaje: Pierre Heron y Sergio García. Fotografía: Sergio García. Dirección de arte: Carlos Ríos. Sonido: Carlos Lopera. Principales actores: Andrés Parra, Cecilia Sánchez y Jorge Rodríguez.

Colombia, 2009. 86’

 

El intramundo de un conflicto interminable

La vida diaria de un pueblo entre la guerrilla y el ejército, narrado con una frescura que acerca al espectador a la realidad colombiana

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Una cosa es la noticia que leemos en el periódico, o a la que nos acercan en los noticiarios de televisión, y otra muy distinta la realidad de un lugar como este que ha ocupado a Luís Alberto Restrepo en su última película, “La pasión de Gabriel”: el de los paisajes rurales colombianos, acechados por la intransigencia de la guerrilla y del ejército. Todos por igual.

Narrada con una frescura que se agradece fotograma a fotograma, la cinta cuenta la cotidianeidad de un pueblo pequeño en el umbral del monte, refugio de la guerrilla, y también a las puertas de las zonas urbanas controladas por el ejército. No debe andar muy lejos de la realidad esta película, o al menos uno termina de verla convencido de que con absoluta probabilidad esté más cerca de la realidad este film, que lo que con tan insultante frialdad nos cuentan las noticias con las que nos desayunamos cada día, y en las que el número de muertos o de barbaridades, de unos y otros, son lo único que importa antes de dar paso a las versiones que sobre el interminable conflicto colombiano tienen las autoridades colombianas o venezolanas, y últimamente también las de todos aquellos que están interesados en que el conflicto se eternice o en que acabe de una vez por todas. Desde luego, viendo lo que vemos de vez en cuando en películas como esta de Luís Alberto Restrepo y otras igualmente agradecidas, nos hacemos a la idea de que ganarán los que prefieren que el conflicto no termine nunca. Pobre Colombia y pobres campesinos colombianos.

Todo esto de lo que les escribo no es más que el fondo, el paisaje sobre el que el realizador ha puesto una serie de figuras que tienen además sus propias pasiones, sus propias miserias y sus propias grandezas, pero todo ello siempre supeditado al conflicto que se vive en esta zona tan atrasada económicamente.

El simple arreglo de un puente puede ser el desencadenante de un conflicto que está latente en la sociedad rural colombiana. Y en mitad del drama que se está viendo venir, los personajes intentan sobrellevar sus vidas con una naturalidad que sobrecoge. El relato, la acción, está bien trenzada, bien pergeñada y traducida a un lenguaje universal que todos entendemos. El inmenso color de la selva, la policromía suave y alegre de la pequeña villa rural en la que se desarrolla la acción, y hasta el vestuario liviano de esas latitudes, permiten que la película aparezca exenta de un drama soterrado que el espectador entiende siempre presente, pero por encima de todo, está una realidad bien contada, una imagen de lo que sucede y de dónde sucede que nos acerca más, mucho más, que las frías imágenes de un noticiario de televisión. Por todo eso y mucho más, es esta pasión del padre Gabriel una hermosa narración que se agradece.

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Sunday, November 15, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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HÉCTOR Y BRUNO. Dirección: Ana Rosa Diego. Guión: Ana Rosa Diego, Encarnación Iglesias, Jesús Ponce, Teresa Vilardell y Miguel Casamayor. Música: Michael Thomas. Sonido: Daniel de Zayas.  Montaje: Miguel Doblado. Fotografía: Nuria Roldós. Dirección artística: Antonio Estrada. Principales actores: Txema Blasco, Edu Bulnes, Sergi Calleja, Maite Sandoval, Fermí Reixach y Montserrat Carulla (colaboración especial).

España, 2009. 84’

 

Problemas de la edad

Dilemas familiares y soledades compartidas. Un viaje con retorno feliz y previsible.

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Hay veces que con una historia trivial, simple, se puede construir una película enorme. Ejemplos hay casi tantos como películas, aunque claro está, menos. En cambio con un guión endeble, por muy buena que sea la historia, la película se cae irremisiblemente. En esta ópera prima de Ana Rosa Diego, no ocurre ni lo uno ni lo otro, quiere decirse que ni hay una historia trepidante, ni profunda, ni que transmita la menor emoción más allá de lo puramente previsible e incluso lacrimógeno, pero tampoco hay un buen guión que soporte una construcción sólida, sino que el guión termina de cercenar las ya de por sí pocas probabilidades de éxito que tenía el film. O que se pudiera pensar que podría tener esta fallida película.

Llama la atención sobremanera, en esta narración que discurre entre lo precipitado y lo intermitente, que haya actores capaces de llevar a buen término, al menos, su propia actuación. Txema Blasco lo consigue. Milagrosamente, pero lo consigue. Debe haber buena madera de actor ahí oculta, tras ese papel cuyas frases se pueden ir adivinando desde dos planos antes. También consigue una actuación por encima de la película Montserrat Carulla, que forma excelente pareja con el anterior, protagonizando las escenas y los momentos más salvables de la película.

De lo demás, poco que salvar. El montaje es igualmente precipitado, cortado con prisas y sin motivo aparente, y pondríamos como ejemplo una escena en la que el protagonista, de espaldas a la cámara, mirando a un tristísimo paisaje urbano, que podría servir para emocionar al espectador, para meterlo más en las soledades que intenta transmitir la película, es cortada de malas maneras para entrar en un diálogo forzado, estridente desde su simpleza como buena parte de los diálogos de este película construida sobre un guión mediocre, que ya es ganas de ponerse a poner ladrillos con semejante argamasa que se desmorona en un ritmo, como ya decíamos, entrecortado.

Vísteme despacio que tengo prisa, nos decían de pequeños cuando queríamos terminar rápidamente cualquier tipo de tarea. Héctor y Bruno han sido obligados a ir demasiado deprisa, y no nos estamos refiriendo al decidido caminar del actor, que eso es otra cosa salvable de la película, sino a los diálogos que les han puesto en las manos.

Una historia normal y corriente, cercana, a la que se le podría haber sacado, no obstante, otro partido. Y sólo hay que pensar en los desaprovechados paisajes rurales del norte, y urbanos del sur, toda una sinfonía para disfrutar filmando y que no han sabido mirar. Una historia para haberla contado de otra manera. Y más lenta, por supuesto. Hay tiempo para todo, para trabajar con paciencia y sensibilidad, también.

Publicado en El Mundo - Huelva Noticias (15.11.09)

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Críticas de Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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LA NANA. Dirección: Sebastián Silva. Guión: Sebastián Silva y Pedro Peirano. Música: Pedro Subercaseaux. Sonido: Roberto Espinoza.  Montaje: Danielle Fillios. Fotografía: Sergio Armstrong. Dirección artística: Pablo González. Principales actores: Catalina Saavedra, Claudia Celedón y Alejandro Goic.

Chile, 2009. 95

La familia y una más, se psicoanalizan

Los interiores de una casa bien, resueltos con un elegante sentido del humor

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Una familia numerosa da mucho juego, sobre todo cuando en el cuerpo de casa hay una asistenta (nana en Chile y alrededores) un tanto desequilibrada, que no disparatada. Esto último, lo del disparate chusco y simplón, daría también mucho, pero que muchísimo juego si se pusiera en manos de la industria norteamericana, por poner un ejemplo evidente, pero si en lugar de eso la historia cae en un cineasta como el chileno Sebastián Silva, la cosa da un giro de ciento ochenta grados. Pero un giro hacia la calidad, hacia la profundidad en el análisis de los personajes, se entiende.

El film está bien rodado, en un tono amable, pero no tanto como para dejar de permitir la inclusión de ciertas maldades y distorsiones mentales de la protagonista. Las claves para entender a la familia, o a la casa que habitan nana y familia, que es un entramado bien amalgamado después de veintitrés años de convivencia, se van a ir ofreciendo paulatinamente, de forma certera y limpia, de modo que en el desarrollo de la película ya está el espectador perfectamente avisado de todas las circunstancias que rodean la vida de una y la de los otros. También de los que llegan, incluso la de la última incorporación a la trama, una chica joven, opuesta en carácter y sentido vital a la protagonista, que desenlaza este entretenido largometraje.

Es historia para ir meditándola, pero es sobre todo historia relatada para ir entrando en los personajes y en el sentido último de la vida: aburrimiento y depresión frente a desinhibición y alegría de vivir pese a las dificultades. La psicología pues ocupa un lugar esencial en la trama y en la disección del personaje central, pero también en la de los otros. Hay mucho de psicología, infantil habría que puntualizar, o de psicoanálisis en esta película que busca y sabe encontrar los adentros, que huye de nadar por la superficie, dónde por supuesto se podrían haber sacado muchos gags y escenas para desternillarse de risa. Aunque, no. Ya les andaba avisando que está historia ha caído en manos (o es propiedad) de un cineasta que le ha sabido sacar partido. Es cine para pensar, para meditar en torno a cómo somos y como nos complicamos la vida.

En cuanto a los aspectos más técnicos, están todos ellos muy bien puestos al servicio de la acción. La película está trabajada por alguien que ama el buen cine, ese cine que tanto se agradece y que tiene como premisa fundamental adobar cada plano, cada secuencia, con la exquisitez de lo que debe ser el buen cine, puro arte. Y esto es buen ejemplo de cómo desarrollar una historia simple, cotidiana, de esas que se pueden tener más cerca de lo que uno piensa, y aún haciéndola en tono amable, tocar las fibras sensibles del espectador.

Un buen trabajo cinematográfico en el que habría que destacar el papel protagónico de Catalina Saavedra, muy metida en el papel y convenciendo en cada fotograma con cada uno de sus gestos, con cada una de sus reveladoras miradas.

Publicado en El Mundo - Huelva Noticias (15.11.09)

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Sunday, November 8, 2009

Los aires gaditanos de Laura Vital

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La gaditana Laura Vital actuó el pasado viernes en la Peña Flamenca de Huelva. Una sorpresa, una agradable sorpresa para quienes no la conocíamos, pues la cantaora tiene una hermosísima voz, poder y dominio, a lo que suma su docto saber: es, además de psicóloga por la universidad Hispalense y profesora de Cantes Flamencos en el conservatorio de la capital andaluza, profesora de cante en la prestigiosa escuela sevillana de Cristina Heeren, donde se están formando buena parte de los artistas flamencos que hoy empiezan a dar nuevos aires al mundo del flamenco.

A quién si conocíamos y dábamos por seguro que estaría sensacional con la guitarra, es a Eduardo Rebollar, sevillano de Bellavista que no es nuevo en esta plaza, como la anterior, sino que ha registrado muy buenas noches flamencas en la Peña de la Avenida de Andalucía, acompañando siempre a excelentes cantaores, como ayer fue el caso de Laura Vital. El tocaor es también profesor en la escuela de Cristina Heeren y tiene un currículo bastante extenso como para resumirlo aquí.

Principió su actuación ante medio centenar de aficionados que se dieron cita en la peña, con unos tientos tangos de exquisita finura en el compás. Luego se fue directamente a las malagueñas, de la Trini y de Enrique el Mellizo, en las que aunó fuerza y gusto, queriendo presentarse ante la afición onubense como lo que es, una gran cantaora. Realizada pues la presentación quiso llevarnos a su tierra con aires de Cádiz. Por cantiñas y en particular las de la Rosa, originarias de su pueblo natal; pero todavía iba a dar en la primera parte de su actuación una lección de buen cante con la doble granaína y la media por Chacón, que ejecutó a pie de escenario, sin micrófono y demostrando que además de buen gusto y saber, además de una deliciosa y hermosa voz, el poderío no lo encuentra precisamente en los aparatos amplificadores de volumen, sino en el alma flamenca y enorme que tiene esta joven y guapa sanluqueña.

El público puesto en pie respondió al gesto de Laura Vital, que en la segunda parte de su memorable actuación volvería a irse a la corbata del escenario a cantar a viva voz. Sería por seguiriyas como empezaría esta segunda parte de su recital. Aires del Torres, y de Silverio Franconetti y de nuevo una impresionante manifestación de buen cantar y excelente interpretar, o de transmitir, que dicen los puristas. Y de este cante grande, a los cantes por fandangos naturales, flamenquísimos los del Pichichi y el Niño Gloria. A estas alturas, Laura Vital y la ejemplar guitarra de Eduardo Rebollar, que estuvo a la altura a que nos tiene acostumbrados, tenían al público en el bolsillo. Así que sólo para rematar se fue la cantaora al borde mismo del escenario para bailar y cantar por bulerías recordándonos a la recientemente fallecida Bernarda de Utrera. Una excelente noche flamenca a la que sólo le faltó la asistencia de más público, socios y aficionados que se perdieron la que ha sido, muy probablemente y a pesar de lo que tenga que venir esta temporada, una de las mejores actuaciones que se puedan disfrutar, pero habrá una segunda parte y en enero volverá a estar en la Peña Flamenca esta cantaora, acompañada de otra artista por determinar, en los viernes peñeros, en esta próxima ocasión en un recital patrocinado por el circuito de arte flamenco de Cajasol.

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Sunday, November 1, 2009

Crítica teatral: Días de vino y rosas

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Cuatro paredes

DÍAS DE VINO Y ROSAS, de J. P. Miller, en versión de Owen McAfferty. Adaptación de David Serrano. Dirección: Tamzin Townsend. Escenografía y vestuario: Rafael Garrigós. Iluminación: Felipe Ramos. Intérpretes: Carmelo Gómez y Silvia Abascal.

Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Agotadas las entradas) Fecha: 30 de octubre, 2009.

(****)

 

Bernardo Romero

Huelva

Es cierto, como reconoce la propia directora, que sobre el escenario hay dos actores fantásticos. También, aunque algo menos que lo anterior, que es un texto importante y para disfrutar. En realidad Townsend está reconociendo que con esos mimbres ella está obligada a hacer una buena obra teatral; o lo que es lo mismo, actores y texto demandan una buena dirección. En esta adaptación de la obra de Miller, a la que dieron sobrada gloria y fama Jack Lemmon y Lee Remick, reconocemos esa correcta dirección. Todo promete.

En todo caso y al margen de lo anterior, meter entre cuatro paredes a dos actores es siempre complicado, pero si la obra ofrece un explícito crescendo escena a escena - ¿o habría que decir, plano a plano? – de lo complicado puede surgir una pieza inolvidable. Y decíamos que había actores. Una actriz por ejemplo, llamada Silvia Abascal, joven pero con una experiencia que demuestra en cada uno de sus perfectos movimientos, y por supuesto en su facilidad para cambiar de registro. En estos Días de vino y rosas, la actriz transita entre la inocente Sandra que espera el embarque hacia su sueño en la sala de espera del aeropuerto, y la homeless que arrastra su alcoholismo por las calles de lo que se transformó en su infierno. Desde luego la obra le brinda ocasiones para actuar, para lucirse. Silvia Abascal, las aprovecha todas, sin fisuras. Téngase en cuenta que nos encontramos de principio a fin con una trama en exceso previsible, pero que en todo caso y cuando se es buena actriz, permite ese lucimiento que toda profesional anhela, y en esta ocasión Abascal es capaz de dar vida a personajes complejos con una absoluta naturalidad, o lo que tiene más valor aún, la actriz es capaz de hacer complejos a sus personajes, que es virtud de minorías, exclusiva sólo de los grandes.

¿Hace falta insistir en lo de los dos grandes actores, o hablamos de Carmelo Gómez? Sería  volver a lo apuntado para la actriz. El actor juega con los espectadores desde el principio, la obra se lo permite y se lo exige. Da vida a un personaje aparentemente vacío, incluso simple, que va tomando fuerza en el desarrollo de la obra hasta alcanzar momentos realmente grandiosos. Está el monólogo ante la asociación de alcohólicos anónimos, por supuesto: es lo más aplaudido, pero está la resolución del personaje que decide regresar con todo su equipaje, dejando atrás sólo un peso imposible de cargar, el de la compañera perdida en el camino. Están esos momentos, pero sobre todo está la fenomenal compenetración de los dos actores, sus silencios, sus sonrisas cómplices y ese saber adaptarse al ritmo de una obra densa, dura, una intensa tragedia que discurre a cámara lenta, pero que se adivina, inevitable y quirúrgica descripción, desde que se levanta el telón hasta el momento en que los aplausos reconocen un trabajo bien hecho.

De modo y manera que Townsend ha metido entre cuatro paredes a dos actores, acompañados únicamente por botellas de licor y una música exactamente introducida. Clásicos versionados para cada ocasión que en esta obra como en muy pocas ocasiones, son tan utillería de escenario, como el peluche o el carrusel infantil que introducen, junto a un único y medido llanto, un tercer personaje en el corazón mismo del escenario y de la platea.

Días de vino y rosas, es la oportunidad de disfrutar de dos grandísimos actores, que dominan eso tan difícil de capturar, la naturalidad. Naturalidad y saber hacer que abren las tres paredes del escenario a esa otra que es el público, integrado en la obra gracias a la magistral interpretación de Abascal y Gómez. Cuatro paredes construidas para encerrar arte, mucho y agradecido arte.

Publicado en El Mundo - Huelva Noticias (1.11.09)

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Sunday, October 25, 2009

La N-435

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Los populares se manifiestan en Beas para exigir el desdoble de la N-435. Genial. Los socialistas, como es sobradamente conocido, para Huelva no piden absolutamente nada, y de exigir ya ni hablamos. Ellos, vírgenes laborales en su mayoría, están a lo que están, a conservar sus miserables privilegios de casta, de ahí que esta provincia, por ejemplo, tenga la cantidad mínima de toda España, e irrisoria por lo demás, de euros por persona en los reciéntemente aprobados Presupuestos Generales del Estado, esos que se dedican a certificar la crisis, más que a combatirla, a poner alambres y ñapas en la maquinaria que ha dejado de funcionar. Una barbaridad más de este personal indocumentado que nos gobierna.

Y los populares, a manifestarse. Es de risa, la derecha a pie de carretera exigiendo que se ejecute de una vez esa promesa que es decana de las promesas electorales españolas, pues data de las primeras elecciones libres tras la muerte del dictador, de 1979 nada menos.

Resulta por lo tanto absurdo venir a decir ahora que esa infraestructura es absolutamente necesaria para el desarrollo de la provincia, para la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos también. Y resulta inútil decir que sería una excelente inversión para el Puerto de Huelva, por ejemplo, cuando desde la Autoridad Portuaria no se dice ni mú. También resulta absurdo decir que este desdoble, así como la conexión con Cádiz son vitales para la provincia, cuando se viene diciendo desde hace ya tanto tiempo, desde antes de la democracia incluso. Y ya decir que esto sí que es necesario y el aeropuerto ridículo que quieren hacer los socialistas una solemne gilipollez, pues tampoco debería ser necesario, a no ser por el hecho de que los populares en eso, en la estulticia electoralista del aeropuerto, están de acuerdo con los socialistas en gastar dineros públicos en unas instalaciones aeroportuarias que sobran y que además van a ser un gasto constante y sonante para las paupérrimas arcas provinciales. Estos del PP podrían ser un poco más listos y exigir, ya puestos, que se ejecute un tramo de autovía desde antes de entrar en el Aljarafe hasta el aeropuerto de San Pablo, lo cual pondría este aeropuerto a tres cuartos de hora, como mucho, de la capital onubense, distancia más que razonable y mucho menor que la que tienen los habitantes de cualquier otra ciudad hasta su aeropuerto. Esto sí que sería mejorar la calidad de vida y las infraestructuras de los onubenses, pero lo del aeropuerto, que ya nos lo vemos venir, es que no se sostiene, es de tontos… o de listos que sólo buscan el voto fácil. Un horror.

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Monday, October 19, 2009

Y si fuéramos somalíes

somalia

Si fuéramos somalíes, muy probablemente, o usted querido lector, o aquí servidor, estaríamos muertos. Nos habría matado el hambre, la guerra o la enfermedad, qué más da, pero muertos, lo que se dice muertos, seguro que al menos uno de los dos, lo estaría. De eso puede estar usted seguro.

No debería ser menester remontarnos a esos tiempos que en la historia de occidente conocemos como el Medioevo, pues sería demasiado prolijo andar ahora relatando como los primitivos somalíes deberion largarse hacia el interior, hacia Etiopía o las llanuras abisinias, cuando el territorio empezó a ser ocupado por árabes ya islamizados. Podríamos empezar nuestra singladura somalí por los tiempos en que Otto von Bismarck reunió en Berlín a lo más granado de la diplomacia internacional, de las grandes potencias de la época, se entiende, para escuadra y cartabón en mano, iniciar el reparto, entre otros territorios, del ya para entonces cada día más conocido continente africano. De resultas de todo este tinglado colonial, y pasado el tiempo, ingleses e italianos deciden inventar un bonito país. Sí, en efecto, ese que podría haber sido nuestro país en lugar de España o Alemania, en lugar de Chile o la República Oriental del Uruguay: Somalia.

Pues bien, somos somalíes y no nos conformábamos, algunos, esa minoría que siempre anda dando por culo en un lugar y en otro, en todos afortunadamente, con la situación. De hecho en la década de los años sesenta los jóvenes somalíes, educados según la cultura occidental o, directamente, en Occidente, elegimos a uno de los nuestros, a Abdul Rashid Shermaque, para dirigir los destinos de la joven como su partido en el poder Somalia. Por poco tiempo, claro está.

A finales de esa década, otro jovencito con ganas de andar dirigiendo el cotarro, se pone al frente de un golpe militar y se sube al sillón del primer ministro. Es Mohammed Siad Barre, que decide alinearse con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (q.e.p.d.) hasta que Moscú decide, porque aquí todo el mundo decide lo que le interesa, obviamente, apoyar a Etiopía en la guerra que por aquél entonces le enfrentaba a nuestro país, que recuerden que es Somalia y que nosotros somos somalíes como el que más. Faltaría, también, más.

Hasta ahora todo bien. Bueno, lo de bien es un decir, porque para entonces Somalía está más tiesa que un tollo y al margen de subfusiles ametralladores, minas antipersona y otras barbaridades, la despensa está más vacía que el ojo de un tuerto. El ojo que le falta, se entiende. Pero hasta ahora todo iba todo lo bien, o mal, que podía ir en un país cuyas infraestructuras respondían a los intereses de dos metrópolis, Roma y Londón, y no al sentido común de un país que, ya que lo habían inventado, podrían haberlo desarrollado también. Vamos, digo yo. Pero, no.

El caso es que en el norte a finales de los ochenta surge un nuevo grupo armado que quiere acabar con el Régimen de Barre. En poco tiempo, prácticamente todo el territorio somalí está en manos de este grupo que sólo un año después se va a convertir en dos. En dos grupos quiero decir. Armados, por supuesto. Son el Movimiento Patriótico Somalí y el Movimiento Nacional Somalí, que en 1991 empiezan a practicar el deporte con más licencias federativas de esta catástrofe en la que nos ha tocado vivir, Somalía.

Uno de estos grupos dominaba el norte del país, mientras el otro controlaba el sur, ¿pero quién había tomado las riendas de Mogadiscio, más o menos en el centro del país?… Efectivamente, lo ha acertado usted, otro grupo distinto, el Congreso Unido Somalí, que le dio una patada en el culo a Barre y se hizo con el control de la ciudad y poco más, pero que a todos los efectos eran la referencia para todos los países del mundo, muchos de los cuales aprovecharon la situación de caos que, esta sí que sí, dominaba el país, para negociar con el gobierno de Mogadiscio asuntos tan triviales como el poder tirar en sus costas los residuos tóxicos y nucleares que en nuestros países tan democráticos y tan lindos no queremos ver ni en pintura. Pero qué pasaba con el norte y con el sur: pues ya se pueden imaginar, un circo.

En el norte se crea un país nuevo que no reconoce ni la madre que lo parió y al que llaman Somalilandia, que suena a chiste, ya lo sé, pero es lo que hay. En el sur, aparece otro nuevo país o chiste llamado Jubalandia, y todavía a finales de los noventa surge otro más llamado Puntlandia, nombre derivado del nombre que egipcios y romanos dieron a estas tierras durante la Antigüedad Clásica, el país del Punt. Pero ni a uno ni al otro ni al de más allá, le reconoce nadie en el mundo. Para entonces, la miseria, esta sí, se ha apoderado de todo el país, del sur, del norte y del centro. Un desastre.

Y llegamos a este siglo y a este milenio con una Somalia federal. Como lo oyen, con dieciocho autonomías o algo parecido, aunque no con tanto poder decisión como aquí en España, pero para que se hagan una idea, un descontrol parecido en un país en el que de verdad de la buena, el que manda es el hambre. Y si no el hambre, sí la miseria. Como les venía diciendo, un desastre. Pero un desastre difícil de cuantificar, porque en pleno siglo XXI nadie es capaz de ponerse de acuerdo ni siquiera para conocer el número aproximado de somalíes que hay y poder poner en marcha una ayuda humanitaria que funcionara más o menos bien. En fin, repito, un desastre.

Instalado una especie de gobierno provisional federativo en Mogadiscio, se continúa con lo que los somalíes, usted y yo en este caso, han estado haciendo en el último medio siglo, es decir, a lo largo de toda su vida y la de sus padres y sus abuelos, la guerra. De hecho el país ahora, hace tres o cuatro años, estaba dividido tan sólo en dos, el territorio controlado por un galimatías de señores de la guerra agrupados en la rimbombante Alianza para la Restauración de la Paz y Contra el Terrorismo, muy propio; y las  milicias que sólo responden de sus actos ante los líderes religiosos musulmanes, que también están unidos en la Unión de Tribunales Islámicos. Hace poco más de tres años, en diciembre de 2006, los etiopes se lanzan al asalto de este país o lo que sea y arrinconan a los islamistas en el sur del territorio teóricamente somalí. Los mulahs, obviamente, que para eso están, declaran la guerra santa, la yihad. La guerra, el terror, la desolación y el más absoluto de los descontroles, continúan imparables, pero ¿qué hacenlos occidentales mientras tanto? Anda, pues que van a hacer, venir aquí a pescar, a tirar sus residuos y no vienen de turismo porque no está el horno para bollos, que si no, seguro que estaban tan ricamente tomando el solito en el cuerno de África, con los negritos bien retirados para que no estropeen su visión de otro paraíso más. El mar, el sol, una tumbona, un daikiri y una bandeja de fruta tropical. Ah, qué bonita es la vida. Para el que la vive, claro. En Somalia, la vida no se vive, se muere.

En la actualidad Somalia está en manos de facciones armadas, bandas de delincuentes o cómo ustedes nos quieran llamar, que reciben órdenes o bien del gobierno provisional de Somalia, formado por todos los anteriores territorios y partidas armadas; o bien de la Alianza para la Reliberación de Somalia, que está formada por todos los milicianos y líderes religiosos musulmanes que antes estaban en la Unión de Tribunales Islámicos y que no quisieron hacer como uno de sus líderes, Sharif Sheid Ahmed, que se pasó al gobierno de transición somalí, entre otras cosas para ser el nuevo jefe de estado.

Pues bien, si usted ha conseguido leer esto hasta aquí, dígame lo que haría si su pueblo está muertecito de hambre, pero de manera literal, si su país está absolutamente condenado a la miseria ya que no dispone apenas de infraestructuras, herencia de un pasado colonial y de una guerra que no cesa, y si las posibilidades de subsistencia al margen de tomar un fusil de asalto, tienden a cero. ¿Se iba a quedar viendo como las únicas redes que se calan en sus caladeros pertenecen a barcos extranjeros? ¿Se conformaría con ver cruzar mercantes y yates de placer frente a sus costas mientras sus hijos están desnutridos y tienen ante sí un panorama absolutamente desolador?

Ahora, sigan ustedes, occidentalitos de los cojones, llamando piratas a estos muertos de hambre. Continúen con su sinrazón cuando cortan con el mismo patrón a los hombres santos que asisten a los pobres, a los huérfanos y a las viudas y a los enfermos, mientras con la mano que les queda libre, cuando la tienen libre, llaman a la Yihad con rabia contenida y con la esperanza de que si no se consigue vencer, al menos el paraíso prometido puede que esté ahí, justo ahí, a tan sólo una milésima de segundo de distancia y al otro lado de la muerte.

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Friday, October 9, 2009

La canción del pez volador

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Ángela Lergo posa sobre el mar de sal de una de sus obras (foto: El Mundo - Huelva Noticias)

Científicos cultivados en las técnicas aeroespaciales y en el origen de la vida, se afanan en buscar un rastro de agua en el planeta rojo. Pero Marte se oculta a sus sabias miradas.

En el Museo Provincial de Bellas Artes de Huelva, Ángela Lergo muestra el agua en el hueco que dejó el corazón extraído de una mujer que en su último aliento insufla vida. Y la vida son peces voladores que se le escapan desde esas entrañas abiertas. Ave fénix, nacimiento, muerte y resurrección. Vida, al fin y al cabo.

Obtuvo la artista el pasado año una de las prestigiosas becas Vázquez Díaz y ahora ofrece el resultado de otro afán, distinto y distante al de aquellos científicos empecinados en el hallazgo de átomos de oxígeno ligados a pares de hidrógeno. Agua. Como la que encuentra a su alrededor Ángela Lergo desde que iniciara, hace ya años, un discurso en el que el agua juega un papel esencial. También agua como inicio de la vida, como elemento esencial, pero buscado y hallado felizmente con otras técnicas, más ligadas al alma, que tienen los artistas. En realidad, lo que la artista ejecuta, es una forma de desvelar sus sentimientos. Y allí están, junto a lo que ella descubrió, apaciblemente expuestos en la sala Siglo XXI del Museo Provincial que gestiona la Diputación Provincial de Huelva – convocante también de las antedichas becas –.

En la antesala y nada más penetrar en el espacio expositivo de la primera planta, nos encontramos con unos ángeles manifiestamente humanos, surgidos de líquidos que en otros tiempos estuvieron coloreados de azules casi negros, pero que en este por ahora último capítulo que nos ofrece Ángela Lergo de esta historia afortunadamente inacabable, como la propia vida, esa que resurge de sí misma desde el albor de los tiempos, se nos aparecen desde la nada. Figuras que emergen iluminadas con la pura idea de la ilusión, del agua dadora de vida; o quizás desde un espejo en el que se observan a sí mismas, superficie acuática que encierra todos los secretos del origen de la vida, esos secretos que algunos científicos andan empeñados en desvelarnos, sin mirar a su alrededor y descubrir que hasta los más inescrutables misterios se revelan al hombre gracias a la intercesión del alma, fugaz y leve instrumento que no alcanza siquiera y a pesar de su infinito poder, a tener forma, tamaño ni dimensión alguna. La vida, en suma, explicada a los niños.

En esta sala primera que antecede a la instalación principal, están también “todos los momentos vividos” que Lergo nos ofrece de una manera descarnada y aparentemente dulce y sencilla, pero dura y dirigida directamente a los sentidos. Allí, y rodeado de todas esas inquietantes figuras, la artista ha escrito un poema de Apolinaire, encendiéndolo de carmín sobre una superficie plana y transparente. Agua. De esta superficie emerge una de sus figuras casi humanas, transformada en bestia. Y de aquí, a unos metros tan solo, el espectador se enfrenta a un mar de sal del que emerge, siempre el nacimiento presente, el misterio de la vida desvelado: una hermosa y silenciosa canción con peces voladores y almas abiertas de par en par.

Una figura femenina yace apacible sobre el mar de sal. De su pecho abierto brotan peces voladores. He ahí el misterio en todo su esplendor. Por ahí se escapa la primera creación de los dioses, de todos los dioses. Peces voladores que emprenden un vuelo lírico y coral tras abandonar el corazón entregado generosamente por la Madre. De nuevo ave fénix que hace brotar su propia vida de su propia muerte. Amor con amor pagado.

Lejos de aquí, a distancias siderales, máquinas exentas de alma, acechan cualquier resquicio del planeta rojo en busca del origen de la vida. Agua. Agua que Ángela Lergo hace brotar con generosidad desde un corazón hondo como el principio de los tiempos. Y sobre la figura yacente, sobre un mar de sal, un coro de peces voladores inician la danza más ancestral y simple que existe. La vida como fluir eterno. La vida, siempre después de la muerte.

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Monday, June 29, 2009

Funcas: la jubilación, a los setenta

La Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), recomienda llevar gradualmente la edad de jubilación a los setenta años, y además considerar los últimos veinticinco años cotizados para calcular la pensión que te queda cuando ya no puedes con el cuerpo.
Estando el gobierno regalando dineros a manos llenas, no es de extrañar que quienes curramos tengamos que apoquinar, pero que nos lo digan las Cajas de Ahorro, que llevan años prejubilando a su propio personal con cincuenta años y cosas así, para ahorrarse un dinero curioso, no es que nos sepa a cuerno quemao, es que es para cagarse en los muertos de todos los hijos de puta que primero prejubilan y luego nos dicen a los demás que curremos que hay que pagarles a los trabajadores que ellos se han quitado de enmedio.
La solidaridad empieza o debería empezar por uno mismo, así que en lugar de dar tanto dinero a tanto pobrecito que se quitaron de enmedio para en lugar de ganar tropecientos mil millones, ganar ni se sabe cuantos mil millones, pónganlos ustedes a currar de nuevo, a ver si tienen huevos, porque lo normal es que esta nómina realmente extensa de subvencionados por la gracia de las cajas (y de otros negocietes ayudados por los distintos gobiernos que nos han desgobernado), cuando oigan decir que se van a tener que poner a currar de nuevo, se van a partir de la risa y les dirán a los de la Funcas esta de los cojones, que santa Rita, Rita, lo que se da no se quita. Por eso es más fácil decir a los demás que sigan currando hasta los setenta, aunque se callen que es para pagar a prejubilados de cincuenta años que cuando te suena el despertador para ir a trabajar, ellos están preparando las cañas para irse a pescar y estar de vuelta a la hora de las cañas. Tócate los huevos.
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Saturday, June 27, 2009

El ecoCarrefour

Por fin una gran empresa que hace las cosas de manera inteligente. Se supone que con la decisión que acabamos de conocer, de hacer desaparecer las bolsas de plástico de sus centros comerciales de aquí a finales de año, conseguirá fidelizar a numerosos clientes, entre ellos por supuesto a mí, que abandono el Mercadona a pesar de tenerlo al lado de casa, pero colateralmente contribuirá de manera notable y eficiente a mejorar el medio ambiente de la mejor manera que se puede hacer, no contaminando.
Hasta ahora nos andaban contando el cuento de hadas de que el plástico hay que reciclarlo, que se puede recuperar, que si pitos y que si flautas, pero al fin y al cabo, el plástico se queda ahí, varios siglos, hasta que desaparece. Una barbaridad. Por eso lo mejor que se puede hacer es eliminar el uso del plástico, y muerto el perro, se acabó la rabia.
No voy a andar ahora dando cifras escandalosas de lo que supone el uso de bolsas de plástico de un solo uso en España (tercer consumidor europeo) y en el resto del mundo, sólo advertir que una estupidez tan enorme y que tanto mal está causando al planeta Tierra, no es posible que se esté cometiendo del modo en que lo está haciendo. Mientras Zapatero se da un baño de popularidad entre la militancia conservacionista más despistada con lo de Garoña, el Carrefour, miren ustedes por donde, está haciendo más por la mejora del medio ambiente que estos que pretenden cerrar nucleares para consumir más combustibles fósiles y, por lo tanto, provocar más contaminación y ser más dependientes aún del exterior. De cierto exterior.
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