Sunday, November 15, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

hector-y-bruno

HÉCTOR Y BRUNO. Dirección: Ana Rosa Diego. Guión: Ana Rosa Diego, Encarnación Iglesias, Jesús Ponce, Teresa Vilardell y Miguel Casamayor. Música: Michael Thomas. Sonido: Daniel de Zayas.  Montaje: Miguel Doblado. Fotografía: Nuria Roldós. Dirección artística: Antonio Estrada. Principales actores: Txema Blasco, Edu Bulnes, Sergi Calleja, Maite Sandoval, Fermí Reixach y Montserrat Carulla (colaboración especial).

España, 2009. 84’

 

Problemas de la edad

Dilemas familiares y soledades compartidas. Un viaje con retorno feliz y previsible.

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Hay veces que con una historia trivial, simple, se puede construir una película enorme. Ejemplos hay casi tantos como películas, aunque claro está, menos. En cambio con un guión endeble, por muy buena que sea la historia, la película se cae irremisiblemente. En esta ópera prima de Ana Rosa Diego, no ocurre ni lo uno ni lo otro, quiere decirse que ni hay una historia trepidante, ni profunda, ni que transmita la menor emoción más allá de lo puramente previsible e incluso lacrimógeno, pero tampoco hay un buen guión que soporte una construcción sólida, sino que el guión termina de cercenar las ya de por sí pocas probabilidades de éxito que tenía el film. O que se pudiera pensar que podría tener esta fallida película.

Llama la atención sobremanera, en esta narración que discurre entre lo precipitado y lo intermitente, que haya actores capaces de llevar a buen término, al menos, su propia actuación. Txema Blasco lo consigue. Milagrosamente, pero lo consigue. Debe haber buena madera de actor ahí oculta, tras ese papel cuyas frases se pueden ir adivinando desde dos planos antes. También consigue una actuación por encima de la película Montserrat Carulla, que forma excelente pareja con el anterior, protagonizando las escenas y los momentos más salvables de la película.

De lo demás, poco que salvar. El montaje es igualmente precipitado, cortado con prisas y sin motivo aparente, y pondríamos como ejemplo una escena en la que el protagonista, de espaldas a la cámara, mirando a un tristísimo paisaje urbano, que podría servir para emocionar al espectador, para meterlo más en las soledades que intenta transmitir la película, es cortada de malas maneras para entrar en un diálogo forzado, estridente desde su simpleza como buena parte de los diálogos de este película construida sobre un guión mediocre, que ya es ganas de ponerse a poner ladrillos con semejante argamasa que se desmorona en un ritmo, como ya decíamos, entrecortado.

Vísteme despacio que tengo prisa, nos decían de pequeños cuando queríamos terminar rápidamente cualquier tipo de tarea. Héctor y Bruno han sido obligados a ir demasiado deprisa, y no nos estamos refiriendo al decidido caminar del actor, que eso es otra cosa salvable de la película, sino a los diálogos que les han puesto en las manos.

Una historia normal y corriente, cercana, a la que se le podría haber sacado, no obstante, otro partido. Y sólo hay que pensar en los desaprovechados paisajes rurales del norte, y urbanos del sur, toda una sinfonía para disfrutar filmando y que no han sabido mirar. Una historia para haberla contado de otra manera. Y más lenta, por supuesto. Hay tiempo para todo, para trabajar con paciencia y sensibilidad, también.

Publicado en El Mundo - Huelva Noticias (15.11.09)

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Críticas de Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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LA NANA. Dirección: Sebastián Silva. Guión: Sebastián Silva y Pedro Peirano. Música: Pedro Subercaseaux. Sonido: Roberto Espinoza.  Montaje: Danielle Fillios. Fotografía: Sergio Armstrong. Dirección artística: Pablo González. Principales actores: Catalina Saavedra, Claudia Celedón y Alejandro Goic.

Chile, 2009. 95

La familia y una más, se psicoanalizan

Los interiores de una casa bien, resueltos con un elegante sentido del humor

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Una familia numerosa da mucho juego, sobre todo cuando en el cuerpo de casa hay una asistenta (nana en Chile y alrededores) un tanto desequilibrada, que no disparatada. Esto último, lo del disparate chusco y simplón, daría también mucho, pero que muchísimo juego si se pusiera en manos de la industria norteamericana, por poner un ejemplo evidente, pero si en lugar de eso la historia cae en un cineasta como el chileno Sebastián Silva, la cosa da un giro de ciento ochenta grados. Pero un giro hacia la calidad, hacia la profundidad en el análisis de los personajes, se entiende.

El film está bien rodado, en un tono amable, pero no tanto como para dejar de permitir la inclusión de ciertas maldades y distorsiones mentales de la protagonista. Las claves para entender a la familia, o a la casa que habitan nana y familia, que es un entramado bien amalgamado después de veintitrés años de convivencia, se van a ir ofreciendo paulatinamente, de forma certera y limpia, de modo que en el desarrollo de la película ya está el espectador perfectamente avisado de todas las circunstancias que rodean la vida de una y la de los otros. También de los que llegan, incluso la de la última incorporación a la trama, una chica joven, opuesta en carácter y sentido vital a la protagonista, que desenlaza este entretenido largometraje.

Es historia para ir meditándola, pero es sobre todo historia relatada para ir entrando en los personajes y en el sentido último de la vida: aburrimiento y depresión frente a desinhibición y alegría de vivir pese a las dificultades. La psicología pues ocupa un lugar esencial en la trama y en la disección del personaje central, pero también en la de los otros. Hay mucho de psicología, infantil habría que puntualizar, o de psicoanálisis en esta película que busca y sabe encontrar los adentros, que huye de nadar por la superficie, dónde por supuesto se podrían haber sacado muchos gags y escenas para desternillarse de risa. Aunque, no. Ya les andaba avisando que está historia ha caído en manos (o es propiedad) de un cineasta que le ha sabido sacar partido. Es cine para pensar, para meditar en torno a cómo somos y como nos complicamos la vida.

En cuanto a los aspectos más técnicos, están todos ellos muy bien puestos al servicio de la acción. La película está trabajada por alguien que ama el buen cine, ese cine que tanto se agradece y que tiene como premisa fundamental adobar cada plano, cada secuencia, con la exquisitez de lo que debe ser el buen cine, puro arte. Y esto es buen ejemplo de cómo desarrollar una historia simple, cotidiana, de esas que se pueden tener más cerca de lo que uno piensa, y aún haciéndola en tono amable, tocar las fibras sensibles del espectador.

Un buen trabajo cinematográfico en el que habría que destacar el papel protagónico de Catalina Saavedra, muy metida en el papel y convenciendo en cada fotograma con cada uno de sus gestos, con cada una de sus reveladoras miradas.

Publicado en El Mundo - Huelva Noticias (15.11.09)

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