Friday, November 20, 2009

Críticas cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

zona-sur

ZONA SUR. Dirección: Juan Carlos Valdivia. Guión: Juan Carlos Valdivia. Montaje: Ivan Layme. Fotografía: Paul de Lumen. Dirección de arte: Joaquín Sánchez. Música: Cergio Prudencio. Sonido: Ramiro Fierro. Principales actores: Ninón del Castillo, Pascual Loayza, Nicolás Fernández, Juan Pablo Koria, Mariana Vargas, Viviana Condori, Luisa de Orioste y Glenda Rodríguez.

Bolivia, 2009. 109’

 

Cine medido y cuidado: una obra de arte

De la intensidad de los silencios filmados en interiores deliciosos, a la vertiginosa e impresionante hermosura de los exteriores

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Aquí está la película del Festival. Una gran película. Toda una obra de arte. Para recordar.

Pudiera ser el manejo de la grúa, o bien esos giros lentísimos y certeros de la cámara a la que se van adaptando actores y guión, pero también es la historia, lo que cuenta esta obra maestra realizada por Juan Carlos Valdivia, sobre un guión suyo y con un elenco de actores que están suficientemente a la altura de lo que se estaba rodando. Y lo que se estaba rodando era mucho y bueno. Ahora lo hemos visto en un festival que con películas de este tono sube de nivel y cumple una de sus principales funciones, una de la que se habla poco y se escribe menos, ofrecer al público de Huelva y por supuesto a todos los invitados, cine de altura. “Zona Sur” es eso, cine de calidad rodado con harta sensibilidad y muy meticuloso, muy respetuoso con las formas y con todos los principios que son axiomas en la construcción de una película cuando el cine se entiende como arte. Séptimo o noveno, qué más dará, arte a secas.

Si la confección de la película nutre al espectador sobre esas formas exquisitas y precisas de hacer cine, también se puede afirmar que la historia y los paisajes, al margen del palacio de cristal en el que se encierran sus personajes, vienen a dar cuenta de una realidad – sociedad y sistema económico - que atraviesa unos cambios estructurales importantes: la Bolivia de Evo Morales, ese triunfo del mestizaje o del elemento indígena sobre una minoría criolla que ha dejado de manejar, o casi, los resortes del país. Y sobre esa minoría es la historia y las circunstancias descritas en “Zona Sur”, una minoría en franca decadencia que observa atónita como el edificio en el que se criaron, dónde nacieron y luego crecieron, se les viene abajo. Cambios.

Hay historia y hay paisajes fuera del recinto, la casa, en la que se desarrolla casi toda la acción, y cuando el realizador decide sacar al espectador – y a la historia - de esa claustrofóbica morada, lo hace a unos paisajes conmovedores por lo impresionante, a una atmósfera absolutamente heroica, subyugante, que atrapa al espectador, hasta ese momento circulando con la cámara a un ritmo lento y delicioso, para hacerle abrir los ojos, hasta entonces entornados ante la visita a un caserón cuyas nobles paredes son también un personaje de la obra.

Buen cine y muy preciso y medido, como decíamos antes, y en consecuencia, unos actores bien seleccionados, muy metidos en el papel y realizando cada uno de sus movimientos a la perfección. Los diálogos, también son los justos y necesarios para seguir la trama, pero son igualmente intensos los silencios, ese hablar de la cámara que es trasunto esencial en el cine. En el buen cine, queremos decir, y “Zona Sur”, lo es. Una obra de arte, no nos cansaremos de decirlo nunca. Una película para recordar.

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Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

navidad

NAVIDAD. Dirección: Sebastián Lelio. Guión: Gonzalo Maza y Sebastián Lelio. Montaje: Soledad Salfate y Sebastián Lelio. Fotografía: Benjamín Echazarreta. Dirección de arte: Rodrigo Bazaes. Música: Los Jaivas y Los Jockers. Principales actores: Manuela Martelli, Alicia Rodríguez y Diego Ruiz.

Chile / Francia, 2009. 84’

Vidas jóvenes con huidas al fondo

El fin de la adolescencia, un tema eterno en el cine y en la narrativa de todos los tiempos, sobrevuela esta Navidad

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Problemas de familia y dilemas en la narración, un tanto confusa, de tres vidas adolescentes o casi, porque esos años tibios están ya vividos en este recorrido por el interior de tres almas desamparadas de forma más o menos voluntaria. El film se va dejando querer, pero tiene eso, que confunde y no termina de cuadrarse en el imaginario del espectador, por lo tanto, es mejor dejarse llevar, olvidarse de aquello de presentación, nudo y desenlace, para apropiarse de lo que en principio pudiera ser la intención del director: retratar tres vidas adolescentes, ciertamente conflictivas al menos en el caso de dos de ellos, pero vidas adolescentes al fin y al cabo. Relatar eso y punto.

Estaríamos entonces ante un documental sobre jóvenes que buscan su lugar en el mundo, como en teoría todos los jóvenes suelen hacer a su debido tiempo sin que ello suponga un trauma irresoluble. Aquí, no. Aquí el drama no hace sino empezar en las primeras escenas y no termina en todo el metraje. Sin solución. Es como si un muñeco de plástico se inflara de aire para levantarse y luego, terminado el soplo divino, cayera irremisible y nuevamente a tierra. Así una y otra vez. Un drama, ya les digo. Los jóvenes, que lo tienen todo en contra y no nos preocupamos demasiado por ellos. Quizás porque más de uno y más de dos, fuimos niños, luego adultos, y no se nos quedó la cara que se le queda al protagonista masculino, o a la extraña visitante que no se termina de enterar de lo que ha sido su vida huérfana de referente paterno. O que no quiere enterarse, vaya usted a saber. Pobrecitos. Uno está viendo la película y se pregunta si es que la Logse ya llegó a Chile.

La película es cámara al hombro y a rodar. Diálogos pretendidamente intrascendentes, de jóvenes que se interesan, como siempre sucedió, que para eso son jóvenes, por la trascendencia de las cosas. Jovencitos un tanto perdidos, pero eso sí, tórridos como es pura obligación en esas edades aptas para el apareamiento y la reproducción, aunque no dentro de un orden. Faltaría más.

A esta peli le falta también algo más que introducirse en el interior de tres adolescentes, le falta que pasen cosas y que te emocionen esas cosas, por ejemplo. Navidad desangelada, tristeza sobre tristeza y tres vidas vacías, es poco bajaje para una película que gusta en ese cierto intimismo que logra desmenuzar ayudándose de una ambientación que parece encontrada así, tal cual, tan natural como los tres elementos que se juntan para celebrar una Navidad la mar de tristona y simple, tan simple como ellos mismos. Eso y bien encontradas destrezas en el rodaje, aunque luego se noten algunos saltos, son lo que pueden salvar a una película que se deja ver, pero que al fin y al cabo, necesitaría algún sobresalto que acabara con tanta linealidad.

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Thursday, November 19, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

paraiso

PARAÍSO. Dirección: Héctor Gálvez. Guión: Héctor Gálvez. Montaje: Eric Williams. Fotografía: Mario Bassino. Dirección de arte: Iván Lozano. Sonido: Francisco Adrianzén. Principales actores: Joaquín Ventura, Yliana Chong, José Luís García, Gabriela Tello y William Gómez.

Perú / España / Alemania, 2009. 91’

 

Una balada triste y vecina

Cinco jóvenes están atrapados en un barrio marginal, una celda sin barrotes que poder soñar siquiera con cortar

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Unas chicas viajan desde el barrio irónicamente llamado Jardines del Paraíso al centro de la ciudad. En el autobús se quitan de los zapatos el polvo que inunda el inframundo que habitan; a escondidas, evitando las miradas aviesas de otros jóvenes que podrían saber de su origen y condición justamente por ese polvo delator. En el barrio están otros tres amigos que, como ellas, pretenden salir de esa cárcel con barrotes invisibles que no se puede soñar siquiera cortar. De esas vidas, y de los paisajes que circundan sus escasas esperanzas, trata esta película tan dura como real.

También está detrás de la historia lo que ocurrió años atrás, en otros tiempos violentos y sangrientos. Eran momentos inundados por la oscura y fanática luz de quienes pretendían cambiar el estado de las cosas en el Perú con bombas y asesinatos. De aquellos tiempos queda todavía el recuerdo, pero sobre todo el dolor. Ahora, las nuevas generaciones continúan una lucha soterrada y tan dura como aquella, pero más simple y necesaria, la de salir, individualmente, de esa miseria sorda y aparentemente inexistente en la que han nacido y en la que han crecido.

La película podría encuadrarse por lo tanto en un documental de ficción, por lo real, por lo que describe; y también en un documental de denuncia de una situación imposible de soportar. El director establece un tono cansino en el ritmo del film que es necesario para apoyar las imágenes de Jardines del Paraíso, de sus gentes y sus circunstancias, terribles circunstancias. El sol sin sombras en un polvo que devora el paisaje hasta aniquilarlo, alternándose con las noches, con la oscuridad de unas vidas sometidas a la pura idea de la nada. Todo ello está descrito de una manera quirúrgica, necesariamente aséptica, único modo de entender la necesidad de escapar de una celda en la que los barrotes no son físicos, en absoluto tangibles, sino más fuertes aún, es hierro soldado en la pobreza y la marginalidad. De ahí que a veces aparezcan notas que delatan la imposibilidad de salir de ese círculo vicioso: el fracaso escolar, el alcohol, la superchería, o un curioso animismo religioso derivado de una colonización que pasó por allí después de reventar el oro y la plata, como de pasada oímos a un profesor relatar a sus alumnos en una escena que muestra, otra vez, la impotencia en la que están sumidos todos estos personajes.

Cine para reflexionar. Cine para conocer esas realidades que se ocultan a las programaciones de las grandes cadenas de televisión, cine para descubrir todo aquello que está vedado a nuestros felices y orgullosos ojos de occidentales blanquitos y todopoderosos, cine para reflexionar y hasta para encontrar a nuestra indiferencia, a nuestra lejanía, como culpables de tantas situaciones como culpables de tantas situaciones de marginalidad y pobreza extrema como hay en el mundo. Héctor Gálvez ha sabido componer esta balada triste que tenemos tan cerca , en las afueras, en la periferia de toda gran ciudad. De esta en la que usted vive, también.

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Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

cuestion-de-principios

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS. Dirección: Rodrigo Grande. Guión: Fontanarrosa y Rodrigo Grande. Música: Ruy Folguera. Sonido: Martín Grignaschi.  Montaje: César Custodio y Miguel Pérez. Fotografía: Pablo Schverdfinger. Dirección artística: Mariela Rípodas. Principales actores: Federico Luppi, Norma Aleandro y Pablo Echarri.

Argentina, 2009. 110’

 

El dulce sabor de la derrota

Excelente dirección de actores y juego de malabares con unos personajes evidentes pero complejos

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Una vez sabido que todo en esta vida tiene un precio, cuestión por otro lado muy recurrente en el cine de hoy y en el de todos los tiempos, tan preocupado por cuestiones morales y éticas, nos faltaba por saber qué hay detrás de la tozudez de aquellos pervertidos que se empeñan en negar tamaña tautología.

Rodrigo Grande nos lleva una vez más a este tipo de cuestiones que tantos disgustos suele dar a quienes las protagonizan, pero sobre todo a quienes están alrededor de ellas. O de ellos, como es el caso de la historia que se cuenta en “Cuestión de principios”, una película que va de menos a más. Necesariamente de menos a más.

Tarda su tiempo el realizador en hacer los planteamientos pertinentes, llegando a introducirse en pleno nudo de la película, de manera harto inteligente, con nuevas pistas que nos harán disfrutar de un excelente desenlace, y no tanto de un demasiado redondo final, que se termina esperando después del crescendo tan medido que se pasea por la película en sus últimas secuencias. Todo muy bien medido.

Juega Rodrigo Grande con el espectador, le lleva al terreno que quiere con inteligentes diálogos, con personajes que se va sacando de la manga como el buen prestidigitador que es, y como el buen ilusionista que debe ser todo realizador cinematográfico. Juega, y gana, por supuesto.

Juega y se debe divertir. Pues cuando te convence de que lo que está haciendo es introduciendo una aguja de gran calibre en la aorta de la sociedad argentina con una dosis casi letal de realismo, alza los pies del suelo para dar un giro completo a la historia. Nuestro gozo en un pozo. Pero al final, lo que queda es un delicioso néctar en el que se confunde el dulce sabor de la derrota con esa monumental inamovible que es la vida tal como es. Y no otra cosa. Juega, en consecuencia, y te lleva finalmente a donde quería, en un último tercio del film en el que el humor se derrocha, a veces, en grandes y generosas dosis. Pero para entonces estamos riéndonos ya de nosotros mismos. Una buena película. Como en realidad trato de ir diciéndoles.

Es también medido y bien calibrado el ritmo que impone a la acción, lento cuando es menester serlo, con una fotografía que sabe ser poética incluso en el interior de una oficina; a grandes zancadas cuando es menester darlas, y entonces también se impone una fotografía que sabe dirigir su objetivo a lo más sensible del espectador, no ya de los paisajes que recorre, que también, los de un Rosario de Santa Fe hermoso y cálido, feliz como son, como somos, en el fondo todos los personajes, evidentes pero complejos, de esta bonita película en la que el realizador ha sido capaz de meternos a todos – excelente ilusionista, les decía antes -.

Cine para disfrutar, y cine para pensar. Por ahí andan los valores de este tipo de historias contadas directamente al entendimiento y al corazón. Todo tiene un precio, o casi.

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Wednesday, November 18, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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LA MOSCA EN LA CENIZA. Dirección: Gabriela David. Guión: Gabriela David. Música: Mariano Núñez West. Sonido: Sebastián Gómez.  Montaje: Enrique Angeleri. Fotografía: Miguel Abal. Dirección artística: María Salinas. Principales actores: Luís Machín, Cecilia Rosetto, Luciano Cáceres, M. Laura Caccamo, Paloma Contreras y Vera Carnaval.

Argentina, 2009. 98’

 

La piel amarga de la prostitución, acariciada a un ritmo líricamente cruel

La crónica negra de una gran ciudad, cualquier ciudad, relatada desde sus adentros

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Es cosa harto sabida que sin clientes no existiría prostitución. La bajeza moral de quienes son incapaces de conmoverse ante semejante drama, es diseccionada fotograma a fotograma en la cinta de Gabriela David “La mosca en la ceniza”. En realidad la historia narrada podría estar sacada de un diario editado en cualquier país de los denominados civilizados. Aquí o allá, suelen aparecer sueltos en los que se da cuenta del desmantelamiento de una red de trata de blancas en las que una red criminal obliga a prostituirse a mujeres que llegaron engañadas a su última esperanza. Y esa es la historia que cuenta la directora bonaerense, que ha situado en su propia ciudad, como podría haberlo hecho en cualquier otra, esta tremenda y cercana, historia.

Está situada en Buenos Aires, con imágenes que alternan lo más cotidiano detrás, o delante, con la tragedia que se vive tras unas ventanas tintadas de cal. Y el relato se efectúa conscientemente pleno de lirismo: un puesto de flores o la rutina de un café, para alternarlo, una y otra vez, con lo duro, cutre y desolado de un burdel. En este juego de contrapuestos es donde la directora ubica al espectador, haciéndole ver una realidad que de otro modo pasa tan desapercibida como esa noticia repetida a la que tan frecuentemente le echamos un vistazo rápido, que dura justo el tiempo de pasar, que todo pasa, una simple página de un periódico.

Realismo social, pero contado con un tempo preciosista, con la lucidez también de quién sabe que está moviendo a la reflexión desde la emoción, o, en este caso, desde la conmoción más bien.

El producto final habría que analizarlo desde todas sus ópticas: buena iluminación, buena dirección artística, excelente ritmo… aunque nos quedamos con el argumento, con la historia, con esa terrible verdad que denuncia “La mosca en la ceniza”.

Hay una buena dirección y hay también buenas actuaciones, buena dirección de actores que se dejan la piel en el rodaje y consiguen, como es natural, un buen fruto, una película coral en la que intervenimos todos. Otro logro de la directora, con una amplia experiencia en las artes cinematográficas, pero que tan sólo había rodado un largometraje antes, “Taxi, un encuentro”, en 2002. Ahora, afortunadamente y gracias a la labor del prestigioso festival Sundance y dentro de su laboratorio de guiones, hemos podido ver este interesante pero sobre todo necesario trabajo de la realizadora Gabriela David. Cine para meditar, y para conocer mejor este mundo a veces tan deshumanizado que habitamos todos, tan pleno de desigualdades e injusticias, como de indiferencias, tan condenables, como denuncia la cineasta en este filme, las unas como las otras.

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Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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CINCO DÍAS SIN NORA. Dirección: Mariana Chenillo. Guión: Mariana Chenillo. Música: Darío González. Sonido: Santiago Arroyo y Matías Barberis.  Montaje: Óscar Figueroa Jara y Mariana Chenillo. Fotografía: Alberto Ayala Adalid. Dirección artística: Alejandro García Castro. Principales actores: Fernando Luján, Cecilia Suárez, Ari Brickman, Enrique Arreola, Angelina Peláez y Verónica Langer.

México, 2008. 92’

 

Epílogo con lección de amor

Deliciosa narración de unas vidas separadas y llevadas a un encuentro. También la vida según los mexicanos, y por supuesto también la muerte

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Sólo una mujer podía pergeñar una historia como la que se cuenta en “Cinco días sin Nora”. También sólo una mujer podía rodar una película sobre esa historia de esta manera, con unos modos tan deliciosamente líricos. Y al tiempo, sin renunciar a trufar el metraje de contadas pero certeras dosis de humor. De buen humor, a pesar de las circunstancias, que de velatorios estamos hablando.

Se cumple el dicho de que sólo las mujeres pueden hacer varias cosas al mismo tiempo, y menos mal, porque así Mariana Chenillo imparte clases de cine en la capital azteca y dirige películas como ésta. Y menos mal que a nosotros nos queda el consuelo de al menos poder disfrutar de su trabajo. Porque la película, se disfruta desde el primer plano: el vuelo de un mantel de hilo bordado con delicados encajes; hasta el final, cuando estamos ya no sólo metidos, sino que sentimos como nuestra esa historia de amor, de desamor también, de encuentros al fin y al cabo.

La película por lo tanto no es que se deje ver, es que se debe ver y recomendar. Es buen cine, hecho con delicadeza, con absoluta y rotunda profesionalidad. Bien medido. De la historia, lamentablemente no podemos contarles nada para no fastidiarles a ustedes los noventa y dos estupendos minutos que van a pasar recorriendo los entresijos de un óbito en una familia judía con muchos más ingredientes.

Está la colonia judía, pero también está la rotunda presencia cristiana, apostólica, romana y todo lo demás en el pueblo llano mexicano. De ahí extrae la directora algunos de sus guiños evidentes al espectador, con objeto de mantenerlo entretenido, que en cine, fundamentalmente, es de lo que se trata. Pero por encima de todas esas anécdotas que suceden en torno al dicho fallecimiento, encontramos una historia de amor finamente hilvanada.

La luz, o más bien la luminosidad que desprende la película y que se te queda hasta mucho después de abandonar la sala de cine; el ritmo deliciosamente llevado de la película; la exacta ubicación de los actores, muy bien dirigidos – y con excelentes interpretaciones, valga lo que en principio pudiera parecer una redundancia –; y sobre todo el movimiento de cámara, dócil a ese tempo impuesto por la directora para introducirnos en una historia hermosa y cercana unas veces, y profundamente distante en otras. Eso es lo que nos queda y lo que disfrutamos. Un juego, como debe ser el buen cine, puro divertimento fílmico bien trabajado y mejor conducido.

Sorprende saber que es “Cinco días sin Nora” el primer largometraje de Mariana Chenillo, pero más sorprendería no encontrarnos dentro de poco con otro trabajo de esta calidad filmado y firmado por la mexicana. Eso esperamos.

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Tuesday, November 17, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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CRÓNICAS CHILANGAS. Dirección: Carlos Enderle. Guión: Carlos Enderle. Música: Pablo Mondragón. Sonido: Andrés Franco.  Montaje: Carlos Enderle y Roberto Bolado. Fotografía: Arturo de la Rosa. Dirección artística: Martha Papadimitriou, Gabriela Rodríguez Farah y Erick Zayala. Principales actores: Regina Orozco, Patricio Castillo, Rodrigo Murria y Silverio Palacios.

México, 2009. 100’

 

Dante se despoja de toda divinidad

Historias que se cruzan en el rompecabezas mexicano. Cine para divertir condensado en una entretenida trama

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Dante llamó “Commedia” a un tremendo drama con final feliz, de ahí la obligatoriedad de denominar de tal manera a su canto poético. Posteriormente se le añadiría lo de divina, quizás para situarla en su justo lugar. Estas crónicas chilangas son evidentemente una comedia, pero eso sí, una comedia dibujada sobre el drama de un país que va a necesitar un arduo trabajo para alejarlo de la corrupción como modo de vida.

Carlos Enderle ha trazado una serie de círculos concéntricos que terminan cerrándose en la coda finale de esta comedia disparatada, y disparada por el ritmo que sabe imponer a veces, que viene a ser sobre todo entretenida. Y he ahí el fin de todo buen cine, entretener, que no otra cosa se pide. Entretener, que no es poco. Por eso, no se apuren con la película, que a poco que pasen un par de escenas ya van a estar atrapados en su ritmo y en su trama. Disparatada, ya les digo.

Y concéntrica, que tiene lo suyo esto de armar una trama como la de estas crónicas chilangas sin perder la cabeza. El espectador, desde luego, no va a perder la cabeza, pero si puede partirse por la mitad, de unas risas que si no atacan durante el visionado del film, sí que irán a parar al retrogusto, como los buenos vinos.

Además de concéntrica, y por seguir con el gran Dante Alighieri, la historia se centra en un trío si no divino, sí absolutamente genial. El padre, quiero decir el Hombre, recuérdese que ya dejamos atrás el teocentrismo, pues andamos en tiempos en que el centro de todas las cosas, son seres como usted y como yo, no alienígenas de ningún tipo, ni los que construyen en los USA para sacarnos los cuartos con su todopoderosa industria, ni estos que aparecen por la razón, o mejor dicho, por la sinrazón, una especie de anti Virgilio apodado entre los mortales como Jairo, oídor privilegiado del maestro Osiris. Y seguimos con Beatriz, la fe, un personaje bicéfalo, pues anda entre la señora gordita y lujuriosa que termina cerrando el círculo infernal, y la buena esposa de Dante, el padre que dejó de creer para quedarse con los cuartos y terminar de arreglar el entuerto citando a otro grande del cine. Ah, que no les había contado nada… Bueno, es que en la película está Tarantino y Berlanga, está el Indio Fernández y, por supuesto Ripstein, que era el grande que faltaba por citar, pero sobre todo, lo que hay en estas Crónicas Chilangas, es cine, cine del bueno, del que entretiene y del que divierte. Trufado además con esa visión pesimista que tienen los mexicanos de un país imposible de reparar. Una genialidad, ya la verán. De momento, Dante, el divino Dante, se despoja, para todos ustedes, de toda divinidad. Y lo hace trazando unos círculos infernales en los que el Paraíso y el Infierno no necesitan de tránsito alguno por el Infierno. Están Unidos.

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Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

francia

FRANCIA. Dirección: Israel Adrián Caetano. Guión: Israel Adrián Caetano. Montaje: H. O. Ester. Fotografía: Julián Apezteguía. Dirección de arte: Pablo Tanno. Música y sonido: Iván Wyszogrod. Principales actores: Milagros Caetano, Natalia Orebro y Lautaro Delgado.

Argentina, 2009. 78’

 

Retrato de familia (actualizado)

Una buena película, que viene a demostrar que para hacer cine sólo hace falta una historia y saberla narrar

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Es sorprendente cómo se puede hacer una buena película, o como en este caso, una muy buena película, sin un duro en los bolsillos. O casi.

Israel Adrián Caetano tomó de una mano su cámara de video y de la otra a su hija de tan sólo doce años –magnífica actriz, por cierto, en mitad de un muy buen reparto que se gana el jornal fotograma a fotograma con sobrada profesionalidad-, y se puso a filmar. Una toma tras otra y luego a montar todo aquello con sus justas dosis de sentido del humor: un poema solapado, un reparto anunciado en las escenas finales, justo antes del fin, o unas instantáneas en las que juega con las más actuales técnicas del humilde diseño gráfico, y todo ello para contar una historia en la que los personajes están extraídos directamente de la realidad, como les cuento. Aunque no es un docudrama a juego con las tendencias más actuales, sino que de bien rodada que está la cinta, y de tan creíbles que son los personajes, uno cree que el director se ha ido con una cámara al hombro siguiéndoles los pasos hasta en la hora de la siesta. Pero, no. Es ficción. Una excelente y bien contada ficción. Genial, incluso.

Es gente ordinaria, les vengo diciendo. Gente muy probablemente como usted o como yo, con problemas en el trabajo, con el dinero que no llega ni a mediados de mes, con el paro acechando a cada instante, y además, como usted y como yo muy probablemente, con los niños creando problemas en el colegio. Todo normal.

Y en estas andábamos viendo la película cuando nos fuimos a dar cuenta de que lo genial, lo verdaderamente asombroso de la cinta, es que nos retrata tal como somos. Sin necesidad de alharacas ni estridencias, sino directamente como somos. Para ello, fíjense en la cantidad de elementos electrónicos, multimedias, que nos asolan al cabo del día, y que también están ahí, poniendo distancias entre nuestros sentimientos y esa realidad que a fuerza de retratar y memorizar, cada vez es más abismal. Desencuentros. Soledades. Paradojas de un mundo hipercomunidado que se esfuerza en que nos demos la espalda. ¿Tan complicado es tocarnos, sentirnos, vernos tal como somos? Al parecer puede que sea así, que necesitemos tan sólo vernos retratados, grabados y ya está. Se acabó. ¿Conocernos, sentirnos? No, gracias. Pues vaya.

De todo esto trata esta película que parece escrita y dirigida por un chaval de veinte años, aunque tampoco es que sea un señor muy mayor este Israel Adrián Caetano que acaba de tomar su cámara de video, a su hija y a una muy excelente trouppe de actores para firmar una película de muy buena factura y en la que debe haberse gastado prácticamente lo que usted en la entrada para ir a verla. Bueno, tan poco, realmente no, a lo mejor habría que incluir también las palomitas y la botellita de agua. Pero más, no. Con poco más, ha realizado una creación brillante y genial. Una buena película. Y además, entretenida. Más, desde luego, no se puede pedir.

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Monday, November 16, 2009

Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

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COMO DESENHAR UM CIRCULO PERFEITO (Cómo dibujar un círculo perfecto). Dirección: Marco Martins. Guión: Marco Martins y Gonzalo M. Tavares. Montaje: Joao Braz. Fotografía: Kaka. Dirección de arte: Artur Pinheiro. Música: Bernardo Sassetti. Sonido: Pedro Melo. Principales actores: Rafael Morais, Joana de Verona, Beatriz Batarda, Daniel Duval y Lourdes Norberto.

Portugal, 2009. 123’

 

Un teorema indefinido

El alcance de la edad adulta en mitad de una trampa intimista y apasionada. Lo que ocurre al abrir el círculo

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Marco Martins establece un teorema en el que todos sus elementos son esencialmente discordantes. A pesar de ello se esfuerza en definirlo, abrazando unos axiomas que se le escapan de las manos, por lo que la fuerza de los personajes, sus complicadas vidas, atrapadas entre cuatro muros insalvables, llevan inexorablemente a una absoluta indefinición, resuelto luego el teorema más a las tremendas que a las lógicas estipulaciones de toda cuestión matemática.

El círculo descrito es tan potente que es complicado abrirlo en una cinta preciosista, dónde los diálogos están más establecidos en la propia imagen que en lo que pueda salir de los labios de los complejos y herméticos personajes, a menudo excesivamente silenciosos, como ocurre con la niña que transita a mujer, la hermana del chico experto en trazar círculos más herméticos aún que él mismo, en la pared. Cuestión de adolescentes, de no ser por las circunstancias que rodean a estos personajes tan hábilmente presentados ante el espectador, ante estos elementos de un teorema realmente indefinido a pesar de la intención del realizador o quizás por lo contrario, pues también podría caber la posibilidad de que el desenlace elegido no fuera a ser el que el autor buscara… Quizás, la fuerza que emana de esos silencios, haya terminado por confundir a su propio creador. Quizás.

Desde luego la película está rodada íntegramente en una gama cromática y en una atmósfera que no hacen sino describir esa decadencia en la que nadan a duras penas los personajes. El ritmo, endiabladamente suave, exquisito, también está incorporado a esa intención o necesidad del realizador de contar una historia de adolescencias, pero también de adultos que dejaron hace tiempo las ilusiones aparcadas lejos de sí. Color y ritmo decadentes, necesariamente ajados por el tiempo y la despreocupación de quienes han elegido vivir al margen de convencionalismos. La inteligencia, rendida.

Hacía tiempo que no nos encontrábamos con un cine portugués tan buscadamente nórdico. Cine bien hallado al fin y al cabo, cine para meditar, destinado a calar hondo en el alma del espectador, que encuentra en esos retratos pinceladas de su propia existencia, pero, esperemos, que no brochazos de una vida que te la hicieron drama a fuerza de incomunicación, de circunscribir a los personajes en un mundo en el que resultaría muy difícil entrar y en el que, obviamente, es más complicado aún salir. Círculos cerrados.

Dos horas de una canción de amor juvenil, en las que las notas discordantes establecen una melodía tan fuerte como impactante. Dos horas de convivencia con esos años tan complejos en los que mal que bien, algunos, conseguimos huir de la infancia para refugiarnos en el mundo de los adultos. Dos horas, además, de buen cine.

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Críticas Cine. 35 Festival Iberoamericano Huelva

corredor-nocturno

EL CORREDOR NOCTURNO. Dirección: Gerardo Herrero. Guión: Nicolás Saad. Montaje: Fernando Pardo. Fotografía: Alfredo Mayo. Sonido: Eduardo Esquide, Sebastián Sonzogni Dirección de arte: Uxua Castellón, Nora Spiyak. Principales actores: Leonardo Sbaraglia, Miguel Ángel Solá, Erika Rivas, Santiago Daicz y Juana Daicz.

España, 2009. 98’

 

Un intenso thriller, clásico y de medido rodaje

Sabor a buen cine, con unas interpretaciones para recordar. Miguel Ángel Solá da una lección magistral

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- La sorprendente incorporación al concurso, muy a ultimísimo hora, resultó ser un thriller psicológico de buena factura, de corte clásico y sin florituras, pulcro y bien medido en sus tiempos, que mantiene una tensión justa a lo largo de sus noventa y ocho minutos de metraje.

El desenlace se limita a la última escena, a los últimos fotogramas casi, como no podía ser de otra manera en una película como esta, de misterio, que es como nominábamos de pequeños a este tipo de thrillers. Pero recordarán ustedes otras denominaciones más cinematográficas, como la de películas de intriga o de suspense, y eso es justamente lo que agarra al espectador y lo hunde en la butaca durante toda la sesión, el suspense, dejándole respirar sólo lo justo para que siga con vida hasta el final. Para tranquilidad de quienes opten por este título en sus tardes de festival, les diremos que la película es de las que cuando finalizan no te has dado cuenta de su duración, de las que te parecen que han sido incluso cortas, y ello a pesar de la tensión que acumula desde prácticamente su inicio hasta, como les decíamos, el final. O quizás por ello.

Un buen thriller que prescinde de florituras en el manejo de la cámara o en la dirección de actores, sobre cuya actuación no vamos ni por un momento nosotros a dejar de hacer referencias y cumplidos elogios. Una película ortodoxa en su confección. De libro, vamos. Sin más sorpresa que la que depara el final, aunque alguno más avisado podrá imaginarlo y predecirlo antes de la escena final, sobre todo si el director, como ocurrió el sábado en la sesión de inauguración, te la medio cuenta antes de empezar. Una escena final, por cierto, con sabor a cine antiguo, a sesión doble de fumanchús y agentes secretos, de doctornoes y héroes repeinados, de policías y ladrones. Una escena final… de película.

Y vamos con los actores. Erika Rivas y Leonardo Sbaraglia, lo bordan. Ejecutan sus papeles ofreciendo una credibilidad a prueba de incrédulos con licenciatura y doctorado. Están extraordinarios y metidos en el papel, tanto que a Sbaraglia se le ve sufrir de angustia vital – trasunto de toda la historia -  cada segundo, y a Erika Rivas la entendemos en cada momento. Bueno, a ella no, a su personaje, a lo que interpreta e interpreta con la rotundidad que sólo una buena actriz, y una actriz bien dirigida, puede hacerlo. A Miguel Ángel Solá, lo dejamos aparte, lo de este señor es simplemente impresionante. Qué pedazo de actor. Cómo mantiene la mirada ante la cámara, cómo le habla a la cámara, estableciendo un diálogo confidencial con el espectador, mostrando carácter y rol de manera abierta y sencilla, como hacían los grandes monstruos sagrados del cine más clásico y eterno de Hollywood. Miguel Ángel Solá, jopé, qué actor.

Posted by Bernardo Romero at 23:35:52 | Permalink | No Comments »