Mapas, ejes e intersecciones
Se suele establecer un eje noroeste - sureste para explicar las desigualdades en España. Las regiones o zonas más pobres están situadas a Poniente de esta lína imaginaria, mientras que las zonas más ricas están a Levante. Si solapáramos el mapa electoral con el de la riqueza, veríamos sin sorpresa alguna, como coinciden las regiones más ricas con el azulón que se suele utilizar para representar las provincias en las que el PP se ha llevado de calle las elecciones, mientras que el tinte rojo se viene a ubicar sobre las regiones o zonas más desfavorecidas. No debería llamar la atención tampoco que el rincón suroeste peninsular, el más extremo de la media España pobretona y exenta de desarrollo, de infraestructuras, de trabajo no ya de calidad, sino de trabajo puro y simple, se haya tintado de rojo, una vez más, en estas últimas elecciones.
Ahora bien, se podría sostener que es lógico que los más desfavorecidos se echen en brazos de una izquierda que por estos lares mantiene un lenguaje y un tono absolutamente decimonónicos, pero es difícil de sostener cuando estamos viendo que en los periodos en los que la izquierda ha gobernado en España (en esta zona meridional, los socialistas llevan gobernando treinta años) estas regiones más pobres han sido significativamente desfavorecidas por el poder en lo que se refiere a inversión o o más elementalmente a la pura aplicación de políticas tendentes a desarrollar y mejorar las infraestructuras o la red industrial existente. Por lo tanto, el éxito que una y otra vez obtienen en las elecciones, habría que buscarlo en otras razones de índole puramente formativa, en razones que pasarían por estudiar las mentalidades de una sociedad arrinconada en formación y educación como en ningún otro lugar de España.
En Andalucía, y en concreto en Huelva, la provincia dónde más apoyos ha obtenido el Psoe en las últimas elecciones europeas (algo así como el 53% de los votos emitidos), los índices de analfabetismo cultural, los índices de lectura, o el consumo de libros, por poner algunos ejemplos a vuela pluma, son absolutamente escalofriantes. Estamos ante una población especialmente sensible al discurso simple y repetitivo con el que los socialistas inundan los hogares andaluces y onubenses, unos hogares presididos por un aparato televisor a todo volumen y donde los libros, esos elementos que nos hacen libres, campan por su ausencia. Si a esto añadimos el férreo control que los socialistas tienen de los medios de comunicación de masas, de las televisiones públicas y privadas, no es de extrañar que en los lugares más pobres y más retrasados en cuanto a formación y educación, arrasen en las elecciones. El tiempo, que todo lo cura, terminará arreglando este entuerto electoral, pero la mejora de los sistemas educativos también ayudarán a terminar con estas bolsas de marginalidad económica y electoral en el que se ha convertido Andalucía la Baja. Véase el mapa electoral, imagínense los ejes y busquen entre sus intersecciones los comportamientos electorales de los españoles.
Ahora bien, se podría sostener que es lógico que los más desfavorecidos se echen en brazos de una izquierda que por estos lares mantiene un lenguaje y un tono absolutamente decimonónicos, pero es difícil de sostener cuando estamos viendo que en los periodos en los que la izquierda ha gobernado en España (en esta zona meridional, los socialistas llevan gobernando treinta años) estas regiones más pobres han sido significativamente desfavorecidas por el poder en lo que se refiere a inversión o o más elementalmente a la pura aplicación de políticas tendentes a desarrollar y mejorar las infraestructuras o la red industrial existente. Por lo tanto, el éxito que una y otra vez obtienen en las elecciones, habría que buscarlo en otras razones de índole puramente formativa, en razones que pasarían por estudiar las mentalidades de una sociedad arrinconada en formación y educación como en ningún otro lugar de España.
En Andalucía, y en concreto en Huelva, la provincia dónde más apoyos ha obtenido el Psoe en las últimas elecciones europeas (algo así como el 53% de los votos emitidos), los índices de analfabetismo cultural, los índices de lectura, o el consumo de libros, por poner algunos ejemplos a vuela pluma, son absolutamente escalofriantes. Estamos ante una población especialmente sensible al discurso simple y repetitivo con el que los socialistas inundan los hogares andaluces y onubenses, unos hogares presididos por un aparato televisor a todo volumen y donde los libros, esos elementos que nos hacen libres, campan por su ausencia. Si a esto añadimos el férreo control que los socialistas tienen de los medios de comunicación de masas, de las televisiones públicas y privadas, no es de extrañar que en los lugares más pobres y más retrasados en cuanto a formación y educación, arrasen en las elecciones. El tiempo, que todo lo cura, terminará arreglando este entuerto electoral, pero la mejora de los sistemas educativos también ayudarán a terminar con estas bolsas de marginalidad económica y electoral en el que se ha convertido Andalucía la Baja. Véase el mapa electoral, imagínense los ejes y busquen entre sus intersecciones los comportamientos electorales de los españoles.
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09:25:31
Falta un detalle importante. El voto en regiones desfavorecidas en materia de educación y formación, es siempre muy conservador. Se vota al que está en el poder. Si se saben leer los resultados electorales de los treinta últimos años en la provincia de Huelva, se podrá comprobar cómo el voto se dirige muy mayoritariamente a quienes el común de los electores perciben como detentadores del poder.
Algunos ejemplos:
a) Durante el franquismo prácticamente no hubo oposición al mismo en la provincia de Huelva.
b) Durante la llamada transición democrática, apenas se desarrollaron y consolidaron en el entramado social, formaciones políticas que rompieran con el pasado franquista en la provincia de Huelva.
c) En los años que electoralmente comandaba la UCD en el conjunto del estado, en Huelva arrasaban en las convocatorias electorales.
d) Desde que los socialistas implantaron un sistema de control de las estructuras sociales, y sobre todo de los medios de comunicación tan extremadamente eficaces, el comportamiento electoral en la provincia es el de una auténtica sumisión a esta formación política. El caso de Huelva capital, habría que analizarlo aparte, pero podríamos apuntar a la personalidad, cercana y tranquila del actual alcalde, a un mayor consumo de prensa o a una mayor cercanía a los círculos de poder político y social de la provincia.
O sea, que el votante capitalino culto, que lee la prensa y que no está preso del aparato socialista vota al cercano y tranquilo Perico en las municipales pero se vuelve un botarate sometido a los sociatas en las generales y autonómicas. Un aplauso, sí señor. Espero que esa misma explicación sirva para el voto valenciano y madrileño después de la que está cayendo, y no haya que fabricar una ad hoc.
¿Por qué desprecian de esa manera a la gente y no aprenden a encajar mejor las derrotas? Tiempo y oportunidades han tenido, sobre todo con el joven Arenas al frente del cartel.
Saludos.