Crítica teatral. Alterio y Sacristán recorren un escenario

La vida en un gag
DOS MENOS, de Samuel Benchentrit, versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dirección: Oscar Martínez. Escenografía: Emilio Valenzuela, adaptada de una idea original de Alberto Negrín Vestuario: Sofía di Nunzio. Iluminación: José Manuel Guerra. Sonido: Virginia Martínez Lastra y Ernesto Candenas. Intérpretes: Héctor Alterio, Pepe Sacristán, Cecilia Solaguren y Nicolás Vega.
Escenario: Palacio de Congresos. Casa Colón. Aforo: 900 personas (Lleno) Fecha: 20 de marzo, 2009.
(****)
Bernardo Romero
Huelva
A priori podría parecer cosa fácil pronosticar cómo se va a desarrollar una función de teatro si el afiche de la obra está tintado con dos nombres idolatrados por la crítica y, lo que es más complejo o complicado aún, por el gran público. Podríamos decir que sí, que va a ser todo un acontecimiento, pero resta ver a los dos genios sobre las tablas, verlos encontrarse y desencontrarse, jugar con los gestos, buscarse y esconderse con las miradas, hacer ese teatro que soñó o más bien previó el gran Chejov, que también tiene su homenaje en el texto original de Samuel Benchentrit. Hacer teatro, queremos decir, interpretar, de la manera más natural posible. Y ahí, este par de dos, lo bordan. Actúan como el que está tomando un café, como usted que ahora mismo lee el periódico, sin que se note que están actuando. Naturalidad, o algo más allá de la naturalidad, sencillez. Y téngase en cuenta que a la sencillez sólo llegan los grandes, los que tienen madera de actor. Estos que tienen el maderamen cristalizado, ya me dirán ustedes como se merendaron el escenario el viernes, en un tour imposible que te lo van poniendo delante de las narices y eres capaz hasta de olerlo.
En la road movie que se montan dos ancianotes condenados a muerte por mor de ciertas metástasis y otros topónimos de la sierra y el mar, están implicados otros sujetos, no crean. Alterio y Sacristán, no están solos. Es evidente que hay una dirección de actores detrás, por mucho que nos inclinemos a pensar que estos ya no necesitan dirección alguna. Pero sí, hay dirección y certera, como también tienen un apoyo indescriptible en el escenario, en el diseño de tanto truco fino, de tanto concepto en tan poco elemento. Ya lo ven, naturalismo y conceptualismo juntitos y sin pelearse. Qué cosas tiene el teatro. Y si la escenografía es un elogio a la inteligencia y al buen gusto, el vestuario no se le queda atrás, quede para la memoria el terno del ahogado, o del suicida frustrado, un Nicolás Vega en el que nos querríamos parar un rato y precisamente en esta escena del suicida, del ahogado que surge del fondo oscuro y helado del lago. Perfecto, tremendo en cada uno de sus más mínimos movimientos, de su tono de voz, de su ritmo perfectamente ordenado en sus silencios, tanto como impecable en cada uno de los jirones de su chaleco, o en ese pelo encrespado, pelo de eso, de ahogado. Qué perfección. Teatro.
Están bien acompañados Alterio y Sacristán o Sacristán y Alterio, y eso nos debería haber ahorrado tanto preámbulo. Tampoco iban ellos a necesitar ahora a críticos de provincias que les descubran, qué barbaridad, por lo cual podríamos y deberíamos habernos ahorrado unas líneas antes, para dedicarlas a dos secundarios que demuestran que sobre un escenario no hay segundos planos que valgan.
Nicolás Vega en todos y cada uno de sus papeles, e igualmente Cecilia Solaguren, creíble como el anterior, actriz, bordando y rizando el rizo, hasta en la escena final del Tío Vania que sirve a los veteranos protagonistas para escapar por un momento del intenso tour que realizan sin descanso alguno por el escenario para recorrer el patio de butacas sin que se diera cuenta el acomodador. Dos actores excelentes estos que venían de acompañantes, pero que resulta que multiplican su exquisita labor de actuantes sin fisuras para permitir que dos grandes, dos tremendos actores se puedan empeñar a fondo en contarnos lo compleja que es la vida encerrándola en un gag.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias (22 de marzo, 2009)