Monday, December 15, 2008

CRÍTICA TEATRAL: España, dos en una (afortunadamente)


LA CENA DE LOS GENERALES, de José Luís Alonso de Santos. Dirección: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D’Odorico. Vestuario: Ana Rodrigo. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Espacio sonoro: Luís Miguel Cobo. Intérpretes: Sancho Gracia, Juanjo Cucalón, Ana Goya, Víctor Manuel Dogar, Jesús Prieto, Borja Luna, Candela Arroyo, Lorenzo Area, Tomás Calleja, Antonio Escribano, Emilio Gómez, Virginia Mateo, Luís Muñiz, César Oliver, Lucía Bravo, Luís Garbayo, Juan de Mata y Adolfo de Grandy.

Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 12 de diciembre, 2008.

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Bernardo Romero

Huelva

El Gran Teatro ha querido cerrar la temporada de otoño con una obra de relumbrón, con un elenco amplio y nombres sagrados de la escena española: Miguel Narros, José Luis Alonso de Santos, Andrea D’Odorico, Sancho Gracia, Juanjo Cucalón… La apuesta no podía ser más fiable y el resultado más desolador.

“La cena de los generales” ha venido a ser una tragicomedia de ritmo sobresaltado, en la que se alternan momentos de histrionismo agudo y evocaciones a teatrillo escolar, un ritmo salvado por la experiencia y el buen tono de actores de peso como Sancho Gracia o Juanjo Cucalón, y este último a pesar de los saltitos grotescos que el autor y el director le obligan a dar. El caso es que sobre un texto desacertado, que acude al chiste zafio y grueso para salvar los muebles entreteniendo a un público que responde con enormes risotadas, es complicado mantener la necesaria tensión y, mucho menos, despertar emociones. Nada más lejos de la intención del autor, que debe andar con otros propósitos, cuando escribe este panfleto en el que una de las dos Españas, la que queda, afortunadamente, se merienda el recuerdo de la otra, a la que ridiculiza sin percatarse de que el rebote le da de lleno en el teclado del ordenador.

Pero ya se sabe, una de las dos Españas, para poder helarte el corazón, necesita inexorablemente de la otra. Es por ello que José Luís Alonso de Santos, héroe de la que queda de las dos Españas, se ve en el trance de tener que rescatar al glorioso ejército vencedor y hasta al mismísimo Caudillo del dicho glorioso ejercito nacional, para construir sobre lo que ya no son ni siquiera cenizas el último capítulo, esperemos, de la venganza de una de las dos Españas, la que queda, desgraciadamente, sobre la otra, la que ya no queda ni en el recuerdo, afortunadamente.

Semejante ejercicio intelectual sería o debería ser de todo punto inútil, a no ser por lo que venimos diciendo, que una España necesita a la otra, por que se retroalimentan para poder devorarse las entrañas y desgarrarse el alma a dentelladas, que es su vicio. Malditas sean ambas dos.

En la mitad misma de todo este embrollo cutre y triste, como la propia tragicomedia con que nos regala tan prolífico autor, está el común de los españoles, los españolitos que nos quedamos tan panchos como helados del corazón cuando el autor ridiculiza el nombre de España, o cuando nos presenta como centrado y bonachón a un clero vasco que hace siglos sabemos qué es: absurdo independentismo (de qué), decimonónico y reaccionario hasta la médula, desde su propia raíz carlista hasta el aberrante hecho de haber hecho germinar otro glorioso ejército salvador de patrias, el de la intransigencia fascista etarra.

El esperpento, ahí, desde luego no para, sólo hay que asomarse a este disparate histórico para ver cual es la intención de la paupérrima intelectualidad española afecta al régimen que hoy reina en las alturas de esta última España que aún sobrevive.

Deberíamos haber hecho referencia también al teatro, a la admirable escenografía, una vez más, de Andrea D’Odorico; a la maestría de un viejo conocedor del oficio como Narros que ha sido capaz de poner un mínimo de orden en semejante patochada; a los actores, pero no a todos, que alguno o por mejor decir a alguna, habría que recomendarle un curso rápido de interpretación y sosiego. También podríamos hablar de teatro, pero en estos tiempos en los que se intenta recuperar una España ya olvidada para dar vida a la otra, la verdad, lo que se apetece es gritarle a todos estos que nos dejen en paz, que de fascismos estamos ya bastante hartos.

 

Posted by Bernardo Romero in 14:44:51
Comments

One Response

  1. raquel says:

    Me ha encantado la obra.Los actores están genial y me parece una obra muy interesante. Y me gusta el sentido del humor con el que está tratada.

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