Sunday, November 30, 2008

Gibraleón, vino nuevo con jazz

Llueve y “Los cuatro elementos” siguen tocando en el alpende de la bodega Maroto. Foto El Mundo - Huelva Noticias

Al mediodía, ya estaban los músicos tocando en la vieja taberna y bodega de Maroto, en Gibraleón, poniendo las notas a esta peculiar manera de recibir al vino nuevo que tienen en la villa tendida al Odiel. Olontia se llama la sociedad cultural que anima este y otros saraos, siempre con la música, las letras o las bellas artes de fondo. Cultura que sirven, atentos y bien dispuestos, con el lógico, normal y necesario deseo de divertir.

El cielo era otra cosa. Amenazaban hermosos nubarrones grises casi azulados por la parte de poniente, y el personal, ajeno a la información meteorológica, de aquí para allá, portando jarras de vino nuevo y bolsas con carnes de ibérico, con chuletitas de cordero, con piezas de todo tipo y color que por riguroso turno iban acercando a las brasas de la chimenea.

Los tostones merodeaban también el calor y los asiduos de la taberna, sonreían y se removían inquietos ante el impropio quebramiento de su rutina. En el patio, bajo unos antiguos lavaderos, las orquestas se fueron turnando todo el día, como la carne en el asador, unos detrás de otros. Jazz, mucha música popular devuelta a sus orígenes, a las tabernas, como esta de Maroto. El sábado pasado, desde la una del mediodía y hasta que los músicos se cansaron de tocar y la lluvia ya no lo permitió más, hubo mosto, vino nuevo a ritmo de jazz, risas y agitación en las miradas. Diversión, mucha diversión.

De vez en cuando el agua mandaba callar. Llovía, quiere decirse, y los músicos abandonaban los instrumentos para arrimarse también a la jarra de vino y al tostón con chuletas, animados como estaban por el humo que les envolvía, como en los conciertos heavy, pero no crean que humo artificial y falso, sino auténtico y verdadero, humo de las barbacoas que en el patio sumaban su esfuerzo al de la chimenea del interior, alimentadas con magnífico carbón de encina, el que mantiene las brasas más tiempo. Chuletas en la parrilla, mosto en la jarra y música en el alpende. Así que almuerzo musical, una matinal como las del Price, pero con chuletas de cabezada y pancetas de cerdo enormes y grasientas: humo para el personal actuante, fumarolas con sabor a encina e ibérico que envolvían una canción. Gibraleón, un poco de mosto y jazz.

De jóvenes íbamos a Gibraleón, a las bodegas. Comprábamos algunas chuletas o unas sardinas embarricás, de esas que ahora venden al vacío y llaman sardinas arenques. Pues de esas, de esas que antes recibían al cliente en las tiendas de ultramarinos y en los colmaos, en cajas redondas de finas tablitas blancas, bien dispuestas en su interior, radios oscuros de un plateado brillante que giraba al oro viejo, salado cromatismo opaco. Las aplastábamos en las puertas para extraer con más facilidad la piel y las escamas. Luego las acercábamos al tostón caliente, adornado de manera funcional con cuidadas incisiones reticulares y brillando al hilo del aceite de oliva sobre el ajo refregado con ansia. La jarra de vino allí, justo al lado, acompañando el festín.

Se ha mantenido la tradición en Gibraleón, en pocos sitios ya, de andar trajinando entre las brasas de las chimeneas de los antiguos bodegones, de las tabernas. Todavía hoy, como antes, se puede llevar usted unas chuletitas para acompañar el vino joven, el mosto que de forma harto equívoca llaman al vino joven, al que se vendimió a finales de verano y que ahora está listo para salir de las botas, delicioso, con su peculiar sabor afrutado y con cierta turbidez que no empaña las ganas que te da el probarlo con solo oler la fruta que desborda el vaso. Ahora al vino blanco, le sigue el tinto, nuevos experimentos en esta tierra vieja de vinos. Las cosas todavía no están muy finas en algunas bodegas, en algunos aficionados que se animan a dejar la uva más tiempo en contacto con el hollejo, así que en alguna ocasión puede salir el vino húmedo, bastante incómodo de beber. Mejor seguir con el blanco, con el vino nuevo a ritmo de jazz. Llueve.

El interior del bodegón se anima y en la barra se animan las raciones de garbanzos con bacalao, los platos de jamón… No todo iba a ser carne a la brasa. El menú es de un tabernario impoluto, abre las ganas de comer. Más vino. Escampa.

Un tropel de niños pequeños juegan con un grifo y luego, alejados por algún adulto responsable, se van a la corbata del escenario, a bailar y a gritar delante de los músicos de jazz, que cuando pueden les responden con una sonrisa. Acabo de volver a los años setenta y para colmo me encuentro con amigos de la infancia y de la primera pubertad, la más complicada. Más vino. Y jazz, más todo lo demás… un saturday como los de antes. Qué cosas, a esta edad.

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Monday, November 24, 2008

La concejala, el alcalde y otras cosas de meter (la pata)

Os vais a tronchar. Para que veáis en manos de quién estamos. Y esto es sólo un ejemplo de lo que nos gobierna mientras nosotros estamos en otro mundo, sin darnos cuenta de nada…
http://aureliada.wordpress.com

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Toda la memoria histórica

Claro que hay que tener memoria. Memoria histórica, pero sobre todo buena memoria. Es absolutamente lamentable que se pretenda resumir o reducir un conflicto civil como el que asoló a España en la segunda mitad de los años treinta del pasado siglo, a una historia de buenos contra malos. Esto es tener muy mala memoria, histórica y de la otra. Muy mala memoria o una memoria incompleta, como la que tuvieron los otros, que tenían más reciente el conflicto y disfrutaron su victoria con la sangre caliente aún, sin piedad, construyendo glorias para unos y miserias para los otros, para los perdedores. Sin memoria y sin piedad, penoso futuro para la patria. Y ahora se pretende corregir aquella barbaridad recuperando una parte de la historia, una sola parte de la más desgraciada y lamentable historia reciente española. Un horror.

Eso de tener sólo una parte de la memoria que ahora les ocurre a algunos, es justo lo que le ocurrió al dictador Francisco Franco, al vencedor, al caudillo invicto que ahora se ha venido a encontrar con la misma moneda, con su propia moneda pegada en la frente, no en la lengua, que es lugar más a propósito en el que depositar la dádiva que permitía pagar al barquero un viaje tranquilo y seguro al más allá. Pero miren ustedes por donde , en la frente no vale. Luego será por eso que al ya casi olvidado dictador lo quieren desenterrar para extraerle alguna muestra de pelo, si es que le quedan, y buscar su secuencia genética, una prueba de su existencia. Lo requiere Garzón, quede claro, que por mi y como ustedes comprenderán, si le ponen tres losas más encima, pues mejor. Seguro que así no sale.

Pero, no. A quienes se ocupan ahora de una parte de la memoria histórica, no de toda, que conste, a quienes simplemente quieren cambiar el rol de buenos por el de malos y el de malos por el de buenos, el asunto de recuperar toda la memoria histórica y encontrarse de frente con el disparate de la II República como fue y no como ellos lo tienen idealizado en sus lindas cabecitas, no les mola en general.

La guerra pasó y es menester recordarla. Por supuesto. Es una cuestión de pura y simple dignidad. De dignidad y de derecho a que se recuerde lo que ocurrió y sobre todo a los olvidados, a los inocentes, a quienes cayeron porque sí, porque a unos cuantos descerebrados les dio por destrozar España con tal de encontrar buenos réditos y beneficios políticos, en uno y en otro bando, en el de los vencedores y en el de los perdedores. En ambos bandos de una guerra fratricida que enfrentó a malos contra malos y en medio andábamos todos los demás, la inmensa mayoría de un país que quería vivir en paz, tal como hoy quiere seguir viviendo, en paz España. Complicada cuestión.

Casi un siglo después, a aquella guerra civil no se la quiere recordar para no caer más en tamaño desatino, en tan tremenda crueldad; se pretende por el contrario abrir las heridas para volver a conseguir réditos políticos. Y en este trasunto, de nuevo, se vuelven a enfrentar esas dos Españas irreconciliables pero minoritarias, esas dos Españas a las que ni usted, que continúa leyendo esto, ni yo pertenecemos.

Recuperar la memoria histórica. De eso se trata, pero de toda la historia, y en ese caso entenderemos lo que en realidad ocurrió y por qué desaparecieron tantos inocentes, tantos fusilados, torturados, asesinados a sangre fría por el mero hecho de estar ahí, en esos convulsos años de pobrezas y rencores a flor de piel. Si lográramos recuperar toda la memoria histórica, nos iría mejor, pero lo más importante, no nos veríamos obligados, como algunos pudieran pretender, a vivir de nuevo aquél horror. Sería bueno, que la gran mayoría silenciosa que somos todos, continuáramos guardando silencio. Guardando silencio y, por supuesto, recordando todo aquello.

El Mundo - Huelva Noticias, 24 de noviembre, 2008

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Friday, November 21, 2008

Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano)´y 12

MORENITA. Dirección: Alan Jonsson Gavica. Guión: Alan Jonsson Gavica. Montaje: Ana García. Fotografía: Emiliano Villanueva Rabotnikof. Dirección de arte: Lorenza Manrique Monsour. Música: Leoncio Bon Lara. Principales actores: Ignacio López Tarso, Maya Zapata, Horacio García-Rojas, Everardo Arzate y Dagoberto Gama.

México, 2008.
92’

Narcos, palomas mensajeras y medida acción

Una buena película, bien rodada y con el disparatado México, sus consabidas cotidianeidades y sus extravagancias, de fondo

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Uno es incapaz de saber si está el horno para bollos en México. Desde luego las noticias que nos llegan de Tijuana y similares, no pueden ser más desalentadoras, El gobierno ha decidido acabar con el narcotráfico, o con el poder descontrolado del narcotráfico en la zona, y se ha desatado una salvaje y demencial guerra entre las bandas organizadas y el propio gobierno federal, que a duras penas puede meter baza en un asunto como este de acabar con un poder paralelo que todo lo puede y todo lo arrasa. En México, cuando no es por el sur es por el norte. La cosa no debe andar demasiado bien. Sobrados muertos y una violencia y crueldad que no parecen tener límites son el pan nuestro de cada día. Eso, al menos, nos cuentan, aunque según nos comentan, la cosa es incluso peor.

La película mexicana “Morenita” desde luego hace un repaso demasiado directo de la realidad como para que la imagen que tenemos acá del país azteca no se ajuste a la realidad. Los narcos tienen mando en plaza, la policía está a la que cae, y lo que suele caer es la oportunidad de embolsarse algunos pesos con los que acarrear mejor la vida que llevan, y en medio una inmensa marea humana que sobrevive como puede, que no es poco. Todo eso retrata la película, una película que no va de esto, sino que lo describe con absoluta naturalidad, y eso nos da algunas pistas.

La película, por si la quisieran ver, es un film de acción bastante bien rodado y mejor llevado, con la lentitud que exige una situación como la que cuenta Alan Jonsson Gavica, una situación verdaderamente disparatada y que de tan irreal como parece, podría hasta ser verdad en un país como México: El asunto es el secuestro de la venerada Virgen de Guadalupe, patrona de la patria y no se sabe a ciencia cierta cuántas cosas más a tenor del sobresalto generalizado que genera tamaño desatino. La película, entretiene, entre otras cosas, porque está bien llevada. Es una buena película a pesar de que va dejando cabos sueltos, tantos que alguna vez uno está en el trance de meterse en la pantalla y decirle a los agentes del orden como deberían llevar un asunto como este. El final, también queda algo suelto y es más irreal aún que la película. Exigencias del guión, supongo. Pero ya no les cuento más.

De los actores sí, pues al margen de la dirección, hay actuaciones verdaderamente relevantes, como la de un viejo conocido de los cinéfilos onubenses, don Ignacio López Tarso, que fue homenajeado en esta muestra onubense hace ya demasiados años como para que una persona come io tenga conciencia de cuando fue. Excelente el trabajo de López Tarso y de sus jóvenes compañeros de reparto, muy metiditos en el papel y acompañando estupendamente la intención de esta película, que no debe estar muy lejos de encontrar distribuidores eficaces y llenar las salas, cosa que puede hacer perfectamente esta entretenida y bien rodada película.

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Wednesday, November 19, 2008

Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano) 11

POLVO NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS (MASÁNGELES). Dirección: Beatriz Flores Silva. Guión: Beatriz Flores Silva y János Kovácsi. Fotografía: Francisco Gozón. Música: Carlos da Silveira. Montaje: Marie Hélène Dozo. Dirección de arte: Inés Olmedo. Principales actores: Antonella Aquistapache, Elisa García, Héctor Guido, Margarita Musto, Myriam Glaijer, Augusto Mazzarelli, Ileana López, Lucio Hernández, Enrique Vidal, Juan Gamero, Nicolás Furtado, Ignacio Cawen.

Uruguay, 2008.
120’

Una lección de historia: muerte y resurrección del Uruguay

Entre el realismo mágico y la tremenda realidad de un país que necesita recordar el pasado para afrontar con mayores garantías su propio futuro

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- De ser cierto que un pueblo que no conoce su propia historia está obligado a repetirla, la República Oriental del Uruguay, gracias a obras de arte como esta, no tendría que volver a pasar por aquellos tremendos años que dominaron, por un lado la bestial e inhumana represión que llevaron a cabo los militares, con la violencia como único argumento, y por el otro una izquierda mesiánica y estéril, todo ello sin olvidar a los partidos que hicieron del nepotismo y otras corrupciones su credo. Una barbaridad.

La película de Beatriz Flores Silva, cuenta lo que entonces sucedió con todo lujo de detalles, describiendo cada una de esas sinrazones, y lo hace utilizando a partes iguales pinceladas de aquél realismo mágico que tanto brilló en la literatura suramericana, como brochazos certeros y contundentes de una realidad a la que no se le puede volver la cara, so pena de que ocurra aquello que algunos se niegan a mirar de frente, con el argumento falaz de que todo aquello está muy cercano o de que es menester olvidar. Pero ni una cosa, ni otra, el Uruguay necesita conocer, que algo bien distinto es. Evitar aquello de tropezar de nuevo en la misma piedra del odio y la barbarie que tanto daño hizo en las entrañas mismas del país. Es película entonces para que sea contemplada por todos, pero sobre todo por quienes no conocieron aquél desastre, los más jóvenes, y que en teoría no imaginan siquiera que todo aquello sucedió. Sobrevivir.

Hemos comenzado por relatar lo que cuenta esta “Polvo nuestro que estás en los cielos”, o “Masángeles” como también se pudiera llamar, pues no sabemos todavía que nombre tintará los carteles promocionales de esta bien dirigida y mejor narrada película. Por ahí se fueron nuestras palabras, pero no podrá el lector pensar que es eso todo lo que se encontrará en una película plena de simbolismos y de historias, grandes y pequeñas, dentro de la historia; en una película en la que no falta el humor, ni un surrealismo que podría ser simplemente esta astracanada tan cotidiana que fue y, en algún sentido sigue siendo, la realidad suramericana, de este cono sur que parece que al fin empieza a ver el final de un túnel que le llevó a la destrucción más autocomplaciente que ha conocido la historia del siglo XX en Occidente.

Es película coral esta de Beatriz Flores Silva, con excelentes actores y muy notables actuaciones, en la que todo el metraje está cuidado con esmero, ofreciendo al espectador un resultado preciosista que no se aparta del drama que siempre está al fondo, incluso en un final que pudiera parecer salvador y que es sólo una puerta por la que escapar de la realidad. Sólo eso. Una de las películas de obligada visión en este Festival.

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Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano) 10

PERRO COME PERRO. Dirección: Carlos Moreno. Guión: Carlos Moreno y Alonso Torres. Fotografía: Juan Carlos Gil. Montaje: Felipe Guerrero, Santiago Palau y Carlos Moreno. Dirección de arte: Jaime Luna. Vestuario Luz H. Cárdenas. Música original: Sultana. Principales actores: Marlon Moreno, Óscar Borda, Álvaro Rodríguez, Blas Jaramillo, Andrés Toro, Hansel Camacho, Paulina Rivas, Diego Quijano, Julián Caicedo, Rodrigo Vélez y Gianina Arana.

Colombia, 2007.
97’

Cuando la historia se narra en sus paisajes

Cine negro bien rodado y mejor interpretado, acción e intriga que se acercan a la realidad. Último y de los pocos filmes de un gran actor: Blas Jaramillo

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Hará un par de meses que murió un grande de las tablas colombianas, Blas Jaramillo. Aquí le recordamos por su papel en “Satanás”, que compitió en Huelva el pasado año y que llegó a ser nominada en Colombia para optar al Óscar a la mejor película en lengua extranjera de este mismo año. En el país suramericano, “Satanás” batió todas las marcas de taquilla logrados por una película colombiana. Aquí dejó un buen recuerdo entre cinéfilos que gustan del cine de acción, o del cine negro, como estarán encantados con esta “Perro come perro” de Carlos Moreno, una película muy bien rodada y con guiños y claves que se adentran igual en la magia negra que en el mundo de las bandas criminales organizadas, pues en el seno de una de ellas, cuenta el guión, se produce un robo cuyo esclarecimiento pasará por una espiral de violencia.

El “Orejones”, es el jefe de esta banda de delincuentes que agrupa a gente a matones de poca monta pero con una ausencia de escrúpulos y un sentido de la violencia fuera de lo común. Este jefe de la banda es el personaje que interpreta el malogrado actor Blas Jaramillo, que realiza un trabajo verdaderamente encomiable, tal como el trío protagónico, conformado por Marlon Moreno, Óscar Borda y Álvaro Rodríguez, encargado de un muy bien logrado contrapunto tragicómico en este duelo de desalmados que termina, como se puede suponer, como el rosario de la aurora.

El cóctel ofrecido por Carlos Moreno no puede ser más atractivo para los amantes de la comedia negra: sangre con un parte de pólvora y por lo menos tres de mala uva, ambientes la mar de pintorescos, en su mayoría urbanos, aunque buena parte de la acción se desarrolle en la habitación de un hotel de tercera regional, y sobre todo unos personajes que aunque muy probablemente sean superados por la realidad, no les van a la zaga. En este sentido, el trabajo de los principales actores – observen el excelente trabajo actoral del tandem Marlon Moreno/Óscar Borda - es más que notorio, no restando credibilidad a la historia el elevado número de muertos, porque en el caso de que algún espectador europeo estuviera poco avisado, ahí tiene al actor principal abriendo diarios caleños para dar cuenta del ambiente de violencia que se respira en los ambientes marginales de la coca y la balacera. El refrito, en todo caso, está bien dirigido, se deja ver y tiene un final con un ritmo muy medido, un crescendo que es una auténtica gozada.

Cine fresco, bien llevado por un director que ha logrado una atmósfera que ayuda a la credibilidad del film. Cali, su ciudad natal y la elegida por Carlos Moreno para filmar esta que es su opera prima, también ayuda lo suyo. Recomendable.

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Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano) 9

PARAÍSO TRAVEL. Dirección: Simón Brand. Guión: Jorge Franco y Juan Manuel Rendón, de una novela del primero. Fotografía: Rafa Lluch. Música: Ángelo Milli. Montaje: Alberto de Toro. Vestuario: Sandra Camacho. Principales actores: Aldemar Correa, Angélica Blandón, Ana de
la Reguera, John Leguizano, Margarita Rosa de Francisco.

Estados Unidos / Colombia, 2008. 110’

La inocencia perdida o un encontronazo con el paraíso

La película más taquillera de Colombia se aleja de los temas habituales: guerrilla, narcotráfico…, para relatar una historia de amor y desencuentros

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Si nos atrevemos a mirar detrás de lo evidente, “Paraíso travel” es algo más que una historia de inmigración clandestina. Eso pudiera ser la pura escenografía, pero la historia es más contundente y más interesante que un drama ya sabido y denunciado que aquí, es cierto, se trata aunque sea de forma lateral, y se trata ilustrándolo con todo lujo de detalles, fuertes, duros y tristísimos detalles.

Pero convendremos en que la película colombiana y norteamericana, con algo más de cuatro millones de dólares americanos de presupuesto, es una historia de desencuentros, de pérdidas de la inocencia y por encima de todas las cosas es un encontronazo con la realidad en ese paraíso que buscan los personajes y que les marcará para siempre.

Bien narrada aunque con un ritmo que sobresalta a veces más un final que quizás se podría haber redondeado algo más, “Paraíso travel” combina el trabajo actoral de dos jóvenes desconocidos al menos en España, Aldemar Correa y Angélica Blandón, que aportan una frescura en la interpretación realmente sorprendentes. Luego, cuando alcanza el drama, la tensión, también saben estar a la altura, superando el envite con sobresaliente. Junto a ellos actores ya más conocidos, como es el caso de un histriónica John Leguizano, que interpreta a un hortera tartamudo que sobrevive con cierto brillo y pretensión en los submundos de Nueva York, donde transcurre el nudo y el desenlace de la película, ya que la presentación se distribuye en una serie de flash back a lo largo de la cinta que también se podrían haber presentado de una manera más ortodoxa, aunque realmente los problemas de ritmo no le llegan a la cinta de este asunto y tampoco son tan graves como para que nos detengamos más en ellos, pues será más conveniente para ustedes que les animemos a ver esta cinta colombiana que nos ha causado una muy agradable sorpresa, por la historia y por la forma en que se cuenta. El amor, siempre es fresco y agradable, por muy dramático que sea y por muy inocentes que sean los amantes. Él, pero también ella.

La música, sobre todo para quienes gustan de la música latina, está bastante bien introducida en el film, no se olviden de que Brand es o al menos fue director de videoclipes de afamadas y rutilantes estrellas de la música comercial de aquellas latitudes, desde Shakira a Chayanne. Por último, aunque la fotografía no es que sea muy allá, los exteriores y sobre todo los decorados son absolutamente creíbles, incluido el esperpéntico apartamento de John Leguizano, que está sensacional en su papel, como también lo está la veterana actriz mexicana Margarita Rosa de Francisco y en general un grupo de actores muy bien dirigidos que nos regalan una hermosa historia de desamor.

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Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano) 8

MENTIRAS PIADOSAS. Dirección: Diego Sabanés. Guión: Diego Sabanés, de relatos de Julio Cortázar. Fotografía: Julián Elizalde. Música: Rudy Gnutti. Dirección artística: Juan Mario Roust. Montaje: Alberto Ponce. Vestuario: Marta Albertinazzi. Sonido: Guido Beremblum. Principales actores: Marilú Marini, Walter Quiroz, Claudio Tolcachir, Paula Ransenberg, Hugo Álvarez, Claudia Cantero, Rubén Szuchmacher, Verónica Pelaccini, Lydia Lamaison, Víctor Laplace.

Argentina, 2008.
100’

Reconocernos en la isla de la Soledad

El derrumbe económico y moral de quienes optan por inventar y luego creer sus propias mentiras. Argentina se encuentra con su propia historia

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Narrada a un ritmo admirablemente lento, gustándose en cada fotograma y acompañada de una deliciosa ambientación musical, Diego Sabanés utiliza distintos cuentos de Julio Cortazar para componer esta sinfonía inacabada que es “Mentiras piadosas”.

Inacabada no por que la película no tenga final, que lo tiene, y excesivamente realista, o real, convincente, sino porque es la pura descripción de ese sutil límite que a veces se desdibuja demasiado entre la verdad y la mentira, entre la realidad y la ficción. Alguno poco avisado podría ver en esta película recién terminada de producir, un dibujo de la historia última, o eterna, de Argentina, de un país que se negó a ver la realidad y se disfrazó de potencia militar para arrebatar las Malvinas a los británicos, tuvieran razón o no en el conflicto de las Falkland, y que acabó encontrándose de frente con la realidad, con una realidad a la que no quiso abrirle las puertas. Luego, pasó lo que pasó y ahí anda ese ubérrimo país, intentando recomponer todavía hoy, tantos años después, semejantes despropósitos.

Pero esa interpretación de la película sólo la pueden hacer quienes no estén avisados de que Sabanés o Cortazar escriben por escribir, no para relatar la verdad que más les preocupa, con lo cual podremos seguir felices y contentos viendo esta irrealidad que tenemos, también aquí, en la España próspera y europea, delante de nuestras propias narices. A ver ahora quién se atreve a ser uno de esos individuos poco avisados que pretenden arreglar el mundo.

Interpretaciones al margen, realidades también al margen que no queremos ni ver, la película narra el proceso de autodestrucción de una saga familiar que tras la desaparición de la figura del cabeza de familia, es incapaz de adaptarse a los tiempos, a continuar progresando, sobre todo debido a la ausencia de uno de sus miembros, que se embarca en una aventura musical de poco futuro pero que lleva a la familia a construir una farsa a la que no se le vislumbra un final feliz ni dichoso, sino todo lo contrario. Mentiras piadosas, un peligroso recurso este de apartarse de la realidad.

El derrumbe económico pero sobre todo moral de una familia sin recursos para enfrentarse ahora a los problemas, sumergida en juegos de niños que lejos de ver un final, fuera cual fuere, se enreda cada vez más y los arrastra, los sumerge como un torbellino en mitad de un mar ignoto.

Las puertas cerradas separan a la familia de la calle, de una realidad que aparecerá de nuevo, pero muy tarde ya para aceptarla. “Mentiras piadosas” es un juego con el espectador, al que se obliga a reflexionar. Es un libro abierto que te ves obligado a leer más que a mirar. Es una película con una fuerte ligazón al original u originales literarios, una película para disfrutar.

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Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano) 7

LLUVIA. Dirección: Paula Hernández. Guión: Paula Hernández.  Fotografía: Bill Nieto. Música: Sebastián Escofet. Dirección artística: Mercedes Alfonsín. Vestuario: Roberta Pesci. Montaje: Rosario Suárez. Sonido: Martín Grignaschi. Principales actores: Ernesto Alterio y Violeta Bertuccelli.

Argentina, 2008.
110’

El reposado y delicioso ritmo del último cine argentino

Tres días de lluvia y un encuentro inesperado sirven a Paula Hernández para definir ese impasible transitar que llamamos vida

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- Dos personas corrientes, se encuentran de forma inesperada. En mitad de sus caminos, entre sus miradas y sus palabras, tres días de lluvia que propiciarán un encuentro intenso y emotivo, desnudo. Esto podría ser una sinopsis de la trama argumental, del guión escrito por la propia directora, Paula Hernández, que ha querido ir mucho más allá y construir un filme hermoso y justamente medido, que atrapa desde las primeras y herméticas escenas, hasta no permitir que el espectador se separe ya ni un solo milímetro de cada una de las tomas, todas perfectamente estudiadas, con un ritmo cromático tan equilibrado y hermoso como el discurrir de esta historia de un encuentro causal que sirve para mucho más, para ofrecer una visión fría y calculada de este impasible transitar que llamamos vida.

La música, la fotografía, que alcanza niveles de auténtica obra de arte, pero sobre todo los silencios que hablan a gritos, atrapan y permiten justamente lo que el cine más estereotipado y falso hurta al espectador, la reflexión. Cine pues para encontrarse quien alcance a disfrutarlo, con esos sólo dos personajes perdidos en tres intensos días de lluvia en los que el amor se dibuja nítido delante de la soledad. Contrastes. Lluvia. Intensidad también en el ritmo de la narración cinematográfica, en ese contar la vida de dos personas que viven momentos duros, de los que te hacen ver la vida de frente, sin compasión, sin autocompasión, y todo ello lo hace Paula Hernández acercando el objetivo a cada uno de los suspiros de Alma y Roberto, de Violeta Bertuccelli y Ernesto Alterio, a cada una de las tristezas de esos personajes ordinarios, corrientes. Narrar la vida. Nada menos. Contrastes. Lluvia. Intensidad.

Hay dos actores de altura – por aquí pueden asomar los premios – que parece no estar interpretando ninguno de ellos ni un solo momento. Están viviendo y para ello hace falta una alta categoría profesional, pero también una buena dirección. Ambas cosas están bien tangibles en “Lluvia”, pero lo de la dirección es punto y aparte. La dirección es capaz de contar una historia pero también de crear un clima absolutamente creíble, pleno de emoción y con medida intensidad y acertado ritmo. Cine para regalar al espectador.

Y ello con dos únicos personajes, por mucho que aparezcan algunos otros a su alrededor, evitables realmente, que apenas les miran desde la barra de un bar o desde la recepción de un hotel, gente con la que no se mantiene una conversación de más de tres minutos seguidos: figurantes, extras en una historia que la directora y guionista maneja de forma inteligente, para que el espectador no se mueva ni un solo segundo de su asiento. Cine desde el principio hasta el fin. Cine. De este último cine argentino que tanto nos está cautivando en los últimos tiempos. Cine.

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Críticas de cine (Festival de Cine Iberoamericano) 6


LA BUENA VIDA. Dirección: Andrés Wood. Guión: Mamoun Hassan.  Fotografía: Miguel Littin. Música: José Miguel Miranda y José Miguel Tobar. Dirección artística: Estefanía Larrain y Rodrigo Bazaes. Montaje: Andrea Chignoli. Sonido: Miguel Hormazábal. Principales actores: Alinne Kuppenhein, Eduardo Paxeco, Roberto Farias, Manuela Martelli y la participación especial de Bélgica Castro.

Chile, 2008. 98’

El espejo en que te miras

Cuatro vidas, cuatro sombras en una gran ciudad. Tras de ellos una cámara mostrando como se derrumban los sueños

 

BERNARDO ROMERO

HUELVA.- La narración de cuatro vidas anónimas o casi. Cuatro historias que no llegan a tocarse pero que se entrecruzan en un Santiago de Chile atosigado de sirenas, tráfico y prisas. Andrés Wood nos ha puesto un espejo delante para que nos miremos. Da igual la procedencia y la condición social de cada cual, todos tenemos delante un espejo para mirarnos como somos y no como querríamos ser.

Recuerdo al Camarón cantando por seguirillas: “El espejo en que te miras, / te miras como tú eres. / Pero nunca miras, / los sentimientos que  tienes…” Y eso es precisamente lo que hace Wood, animarnos a mirarnos como somos y también los sentimientos que tenemos. Después es todo pura técnica fílmica que facilita esa intención, esa de mirar los sentimientos que tan poco dados somos a compartir. En “La buena vida” no tenemos otro remedio que compartir esos sentimientos, esas vidas empujadas hacia delante de una manera tremenda e inevitable.

Hace tiempo que el cine iberoamericano dejó de protestar. A un tiempo en el que la denuncia de la situación política era pura marca de la casa, siguió, tras la llegada de las democracias formales a países tan castigados como Argentina, Brasil o Chile – donde hubo y hay una industria cinematográfica relativamente sólida – las narraciones se escoraron hacia la ironía, también hacia el retrato crudo de la realidad. “La buena vida” habría que enmarcarla ahí, entre una y otra intención. Lejos de tratar siquiera de buscar soluciones, se ha optado ahora, como lo hace Wood, por mostrarnos como somos, allí, y por supuesto acá, en todo sitio y lugar donde las personas se ven obligadas a habitar un territorio muy alejado de sus sueños.

Intentar pasar a formar parte de una orquesta filarmónica, o algo aparentemente tan simple como comprar un automóvil, o tratar de solucionar problemas cuando te ves rodeados por ellos, y por fin la desesperada lucha atávica por la mera supervivencia. Estas son las historias que narra “La buena vida” y estos son los registros vitales sobre los que Wood monta su película y en los que el realizador chileno coloca un espejo, que no otra cosa es su cámara, el espejo en que nos miramos y podemos observar perfectamente nuestros sentimientos, el desasosiego, la desesperanza, la frustración… Todo eso narrado con la ironía y un realismo que en otro tiempo podría considerarse contrarrevolucionario, en esos tiempos en que había un culpable claro y no había que preocuparse por más. La culpa era del chachachá y se acabó, pero ahora resulta que la bota militar no pisa tan fuerte, por lo que la culpa sólo puede ser la inevitable y secular desdicha nacional, como reconoce el joven músico que renunció a un discreto futuro en Berlín para volver a un país que no le iba a ofrecer más oportunidad que la de tocar el clarinete en una banda de carabineros. Triste ironía. Triste país. Esto es lo que queda de todo aquello. Un triste y nublado sentido del humor.

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