Wednesday, October 1, 2008

Zitman y la descripción del alma

Viajeros. Una de las obras del holandés Cornelis Zitman (Leiden, 1926) que se exponen en el Museo Provincial de Huelva hasta el 23 de noviembre. En ella, uno de los personajes de este mínimo grupo escultórico se refugia en unas mantas que le cubren casi por entero. Está sentado. A su lado, una mujer aparece tendida en el mismo banco de un andén. Entre ambas figuras, honda sensación de soledad, emerge la figura de un niño, casi un bebé, que sonríe a un mundo que aún no entiende, que no comprende. Contrastes. Todo un relato en aquél grupo escultórico de apenas cuarenta centímetros de largo.

Al fondo de la sala está el artista, un hombre ya octogenario al que apenas divisamos por entre los discursos institucionales que arropan su presencia en Huelva. Es el inicio de una gira europea que ya tuvo prólogo en Beas, en el Museo de
la Casa de Venezuela. Habría que detenerse y explicar esto. Clarines, la pequeña aldea de Beas, está hermanada con otro Clarines de Venezuela, la de ese Chavez que insulta al poderoso Tío Sam mientras su familia engorda patrimonios y cuentas corrientes: ya este artículo no se adosará al seguimiento de prensa que el gobierno bolivariano hará de la gira de un artista al que pasean por Europa como venezolano. Y lo es, desde que a la edad de 21 años decidiera abandonar su patria para evitar alistarse en un ejército colonialista que defendía los intereses holandeses en Indochina. Acabó
en Venezuela Cornelis Zitman y allí sigue. Una vida de aventurero que le impediría centrarse en la creación artística hasta que a mediados de los sesenta remodela un antiguo ingenio azucarero que transforma en vivienda y estudio. De allí sale Muertito, otra de sus extraordinarias figuras mínimas. Es un cadáver en decúbito supino y tendido de costado, tal como se encuentran en las tumbas precolombinas. Se inicia de este modo una producción diferente de todo lo que el artista había realizado hasta la fecha: diseño de muebles, dibujos y por supuesto esculturas, cuya técnica de vaciado aprendió en su tierra natal en uno de los viajes de retorno que realizaría al Viejo Continente. Este de ahora es otro y el azar ha querido que principie aquí en Huelva.

La ciudad, por lo tanto, y la provincia – recuérdese la exposición de enero en Beas – ha tenido la suerte de contar con la obra de Cornelis Zitman para disfrutarla y dejarse llevar por el hondo contenido de cada una de sus esculturas, de las de gran tamaño y de las miniaturas. De todas, porque todas son de una excepcional calidad.

Ciclistas. Un elemento muy común en su tierra europea, la bicicleta, es soporte y contraste, siempre los contrastes, que definen las figuras que en ellas se apoyan. Son cuatro figuras, todas de pie, cada una con las manos en el manillar de la bicicleta, pero no apoyándose en ellas, sino buscando refugio o justificación de su situación, de su estar allí. Soledades compartidas. Es otra figura mínima, de pequeña escala. Pero las sorpresas, las emociones, no acaban aquí, el discurrir del escultor, del dibujante, se reparte, en un muy logrado montaje general de la exposición, por varias salas. Aquí estos grupos de los que les vamos dando cuenta por ilustrarles un poco, y allá la figura de un niño, de pie y silencioso, espectador impasible del hacer del escultor. Cada figura es una declaración de intenciones, una manera de entender la figura humana que está lejos de aceptar los cánones clásicos, Cornelis Zitman desfigura la realidad para encontrarse con un canon de belleza que acepte una realidad muy por encima de lo que se ve. Ya les decía antes que el artista cuenta, narra emociones, por eso es un artista y no un artesano, un maestro que modela formas más o menos bellas, o cosas que aceptan como bellas. Pero sin emoción. Zitman, muy al contrario, dota de vida a sus figuras, les insufla sentimientos para que puedan transmitir emociones: soledad, tristeza, resignación… Está describiendo en definitiva la realidad que le rodea, pero no como si de una máquina de fotografiar se tratara, sino a través de la mirada curiosa y sería de un artista que es psicólogo o sociólogo en cada una de sus figuras con tanta intención modeladas.

De ahí que los elementos nativos terminaran por ser sus modelos, las gentes que el artista observaba, con las que se relacionaba. Una vez más el artista es honesto con su entorno y refleja fielmente lo que ve. Zitman nos describe con sobrado amor todo aquello que él siente y conoce. Cornelis Zitman es por ello un artista universal al que ahora tenemos acceso en el Museo Provincial de Bellas Artes de Huelva, gracias al empeño de la Diputación de Huelva, de la delegación provincial de Cultura de la Junta y de la Fundación Cajasol. Vayan y disfruten.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias el 30 de septiembre de 2008

Posted by Bernardo Romero in 19:14:13 | Permalink | No Comments »