Wednesday, October 29, 2008

Flamenco del de antes

foto: deflamenco.com

Entre unas cosas y otras, estoy casi dejando de escribir en el periódico. A partir de ahora sólo firmaré una página los lunes y las habituales críticas de teatro, así como algo que de vez en cuando vaya surgiendo. La verdad es que estoy con otros proyectos y uno ya no está para mucho trabajar. Entre los años y el que el vicio de escribir lo remedio con esto de los blog, pues eso, que cada vez escribo menos. En el periódico, quiero decir, ya que por otro lado me estoy encontrando con la literatura y ando metido en un nuevo berenjenal relativo a la cocina, y además en un cuento corto.
Pero el motivo de esta entrada es que ayer estuve en la Peña El Higueral, donde cantaba nada menos que José el de la Tomasa, acompañado de la guitarra de Paco Cortés. Eso mereció un esfuerzo y a altas horas de la madrugada, cuando regresé a casa, escribí un artículo de estos extemporáneos para El Mundo - Huelva Noticias. Es exactamente el que sigue a estas líneas:

CALLEJILLA DEL DUENDE

José el de
la Tomasa, por fin en Huelva

 

Bernardo Romero

Por fin en Huelva. Eso es lo que exclamó don José Giorgio Soto, más conocido como José el de la Tomasa, cuando se encontró en la Peña del Higueral con otro cantaor que es de esta ciudad, la mía y la suya, aunque haya nacido usted donde a Dios le haya venido en gana, que para ser de Huelva es sólo menester vivir y laborar aquí; pues en esta ciudad digo, en esta arrinconada villa que tardará muchos años en reconocer a don Eduardo Hernández Garrocho, cantaor. Huelva.

Es este José hijo de Pies de Plomo y de la Tomasa, y sobrino nieto por parte de madre de Manuel Torre, una leyenda del cante flamenco del que García Lorca dijo que era el cantaor “con más cultura en la sangre” y Pericón de Cádiz que oyéndolo cantar “se te metía el sonío suyo en el oído y ya no lo perdías en tres semanas”. Pues este José, que hoy pasa por ser la pura esencia de lo hondo, volvía a la que también es su ciudad, la que conoció cuando el flamenco era un arte sumergido en las noches negras del Quitasueños y el Pepe Cambra, la ciudad a la que venía y se iba en el coche de Arturo Damas con una caja de pescao que se mercaba en la pescadería vieja, en la subasta: “que no veas la sopa que hago yo con esto” y esto era una cabeza de rape que sólo sabe apreciar gente como él, que aprendió el oficio de marinero de su propio padre en el río Guadalquivir cuando el río era eso, río.

Pero no terminó por ser ese de marinero su oficio, sino el de cantaor, como demostró con la naturalidad que sólo tienen los grandes por malagueñas, que es como principió la actuación que daba inicio a la temporada en la modesta pero grande Peña Flamenca de El Higueral. Anita, Ana Peralta, que sabe hacer las cosas como ella solo sabe hacerlo.

A su lado, Paco Cortés, granaíno que sabe poner, cuando hace falta hacerlo, las seis cuerdas al servicio del cantaor, que daba gusto verlos disfrutar y cruzarse miradas cómplices en un recital que transitó por las ondas saladas de la cercanía. Y ahí estuvo el resultado, en esas malagueñas y en todo lo que siguió luego, como las bulerías por soleá, que los más viejos llaman bulerías del golpe, por el ritmo seco y contundente que sigue el cantaor. Un cante que el propio José el de la Tomasa ubicó en la Alameda de Hércules, en los lugares que el vivió, que no es poca enseñanza esa. Y luego se fue por tarantos, y por alegrías, cantándole a la mar en la que sigue faenando en sueños, para seguir por fandangos, que quisieron primero ser naturales: “por Huelva no, que le tengo mucho respeto”, aunque luego, y con el público entregado, se fueran al Alosno, a la manera de cantar de Juan María, para terminar con el alma en la voz de Paco Toronjo, otro genio a cuya vera aprendió a cantar y a sentir el flamenco, como lo hizo mucho antes con Pepe el de la Nora.

Y a poco a poco, lentamente, la voz se le iba tornando más poderosa, el timbre más enorme, para casi terminar por los cantes más difíciles y más complejos, por los más exigentes y que suelen ser por los que empiezan quienes quieren guardar la voz: soleares y seguirillas. Casi nada.

Tenía metío en las redes y a estas alturas al público, selecto para la ocasión: el guitarrista Antonio Dovao, el pintor Pepe Jiménez, el dicho Eduardo Hernández Garrocho, el también maestro Mario Garrido, o la jovencísima cantaora Rocío Márquez, que acaba de traerse para Huelva la Lámpara Minera. Y con el público a su lado, arropándolo, José el de la Tomasa, leyenda viva del cante jondo, se fue por fandangos, ahora sí con nítidos aires huelvanos, y luego por bulerías para cerrar una noche inolvidable, una noche de cante para rabiar.

El cantaor sevillano estaba por fin en esta que es también su casa: por fin en Huelva. A los que estaban allí, a su vera, les contaba: somos los tres hermanos, él – Eduardo Hernández Garrocho – el Perejil y yo. Y reía. Pero del parecido no sólo se asombra José, que su padre le dijo un día a Eduardo tras encontrarse con él: “Anda, mira tú por donde, ahora mismito he estao yo con tu hermano”. Con José, que bien parecidos que son los tres. El Perejil, Eduardo y José.

Muchas noches de flamenco por estas tierras y ahora un momento para recordar. “Estoy aquí, en Huelva, que es como estar en casa”. Y cantaba José a los mares y a los ríos, al amor y a la muerte, cantaba José con esa naturalidad que sólo tienen los grandes, y con esas calidades tonales, con esos timbres que, también, sólo tienen los grandes. Los grandes como él. José el de la Tomasa, pura leyenda del flamenco, como lo fueron sus padres, Pies de Plomo y la Tomasa, como fue Manuel Torre, gitano analfabeto del que dijo García Lorca que era el cantaor “con más cultura en la sangre”.

Y allí estaba José, con la guitarra medida y dulce de Paco Cortés. Qué noche de flamenco, qué noche en El Higueral.

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Tuesday, October 28, 2008

El saqueo continúa, la revolución más bien no

Me envían un correo que llama a una concentración el día quince de noviembre en casi todas las ciudades españolas. Los argumentos son sumamente atractivos: a) Salvar la crisis en los EE.UU ha costado cinco veces más que el monto aprobado por la ONU para cumplir con los objetivos del Milenio. b) En España se le dan 100.000 millones de euros, de nuestros impuestos, a los mismos bancos que están desahuciando a las familias que no pueden pagar las hipotecas y que fueron estafados al vendérseles viviendas sobravaloradas, cosa que constructores y bancos sabían. c) Quienes hasta ayer se forraban, hoy anuncian recortes salariales, despidos… d) Los partidos políticos gobiernan para la banca y los sindicatos aplauden con las orejas. e) Privatizan los beneficios y socializan las pérdidas. Cojonudo.
Desde luego es para salir a la calle y liarse a pedradas con esta banda de golfos que nos gobiernan, pero no obstante, hay un pequeño problema: Si la banca se arruina, el sistema se va simplemente a tomar por culo. Así que si eres un antisistema y crees que hay alguna solución mejor que esta estulticia capitalista en la que andamos metido, manifiéstate. Los interesados pueden ponerse en contacto secreto conmigo para que les de un curso rápido sobre el modo y manera de levantar adoquines con el mínimo esfuerzo. Esta será mi única aportación a la lucha contra un sistema decadente y terrible en el que, la verdad sea dicha, uno vive bastante cómodamente. De la revolución, lo único que saqué claro es que los que estábamos allí para cambiar el sistema, luego fuimos perseguidos por quienes estaban allí para cambiar el color de sus números en el banco, de los rojos a los extraordinariamente negros y fecundos. Saludos ex-revolucionarios.
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Friday, October 24, 2008

Cumbres y cuestas

Se convoca una reunión de los países más ricos, los emergentes y la UE. El señor presidente del gobierno, mientras un ministro suyo se dedica a insultar a Bush con la que está cayendo, ruega en lugar de por nosotros, porque le dejen asistir a la mentada cumbre, se supone que para poner los pies encima de la mesa y fumarse un veguero, cubano por supuesto, con el señor Bush. Pues bien, si la reunión es para “reformular” el sistema capitalista, es decir, para sacarlo a flote y adecuarlo a estos tiempos de vertiginosos cambios (además de crisis financiera, que esa es otra, pero otra en todos los sentidos), para qué demonios quiere Zapatero ir si el va por otros caminos bien distintos, de alianza de civilizaciones y buen rollito con el de Venezuela que llama criminales a los norteamericanos, con el del chalequito de Bolivia que llama nazis a los norteamericanos, o con el menda ese de Irán que dice que es matemático, pero se supone que matemático con el título convalidado en una escuela coránica, un título talibán. Pues digo yo que lo que debería hacer Zapatiesto es otra cumbre con este personal para rezar por el fin del capitalismo, origen de todos los males, y gritar e insultar a placer al mundo occidental. Oiga, aleluya, aleluya, cada uno con la suya. Bush con su cumbre y estos otros con la cuesta de enero que vamos a tener que subir enterita y con un bloque de hormigón en todo lo alto. Tiempo al tiempo.
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Monday, October 20, 2008

A vueltas con la crisis

Están inyectando dinero contante y sonante en las entidades financieras que se han buscado, ellas solitas, todo este desastre en el que andan metidas. Vale. Pero el caso es que el problema no es que este personal ande con menos fondos que una lata de anchoas, sino que las estructuras económicas no cambian al mismo ritmo que las tecnologías, por lo que se producen desajustes importantes que deben corregirse. Pero cómo se corrigen estos desajustes, pues muy fácil, con una crisis como Dios manda, que para eso están las crisis, para corregir desajustes. Ahora bien, en el caso no demasiado hipotético, de que esta crisis además de al acto vandálico de ofrecer créditos hipotecarios a gente que era evidente que no podía pagarlos a la primera de cambios, responda a esos desajustes que se han producido en una economía global marcada por profundos cambios en las tecnologías que la sustentan ¿qué ocurre? Pues muy fácil, que estos desembarcos multimillonarios que los gobiernos, incluyendo el del sonriente Zapatiesto, están realizando en los bancos y cajas de ahorro ¡CON NUESTRO DINERO!, a lo mejor no sirven para nada. El tiempo responderá a este galimatías, pero a mí se me antoja que esto es más profundo que lo de las subprimes. Veremos a ver. Mientras, al menos respiramos con la esperanza de que el euribor baje al cuatro coma dos, y que la gasolina y el diesel bajen del euro. Eso que nos vamos a llevar, bajadas de precios, como en todas las crisis, claro está. Veremos a ver.
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Sunday, October 19, 2008

Lo que está por venir

Ahora ya no tiene mérito hablar de crisis. Ya todo el mundo lo hace, hasta en los telediarios controlados por el terrorífico tándem De
la Vega – Rubalcaba, se habla abiertamente de crisis. Han cambiado de estrategia, antes la negaban y ahora, como no pueden, hablan de crisis mundial. Eso hace menos daño.

Pero hablamos de crisis y no tenemos la decencia de mirar siquiera al lado, ahí a la orilla africana o un poco más allá, al otro lado de la mar atlántica que es el continente hermano que decían los apologistas del régimen anterior. No nos importa en absoluto lo que allí está por venir.

Y del porvenir es de lo que hoy tratamos. Porque serán ustedes conscientes de que allá por los años sesenta, creíamos que las diferencias entre el mundo desarrollado y los países en vías de desarrollo, eso que se llamó Tercer Mundo, se irían reduciendo, hasta alcanzar una Arcadia feliz en la que todos tuviéramos un saco de papas en la despensa y un televisor en color delante de la mesa camilla. Pero, no. Muy a nuestro pesar, la cosa se agravaría después de la crisis que siguió a aquellos que fueron tan optimistas años, la del Yom kippur, esa que disparó por primera vez los precios del petróleo y puso a cavilar, con urgencia y alevosía, a los países más desarrollados, o a los países ricos que por entonces más comúnmente se conocían.

De aquella crisis se salió prácticamente con el ordenador personal inundando oficinas apenas una década después, y otra más adelante, a mediados de los noventa, era ya habitual ver por la calle Concepción a los representantes con un teléfono pequeñín pegado a la oreja y hablando a voces. De la crisis de los setenta salimos disparados. En el otro mundo, en el que pugnaba por acercarse a nosotros, salieron disparados pero hacia el fondo del pozo. Dictaduras, guerras y más sufrimiento vinieron a certificar que las diferencias que antes eran ostensibles, se habían trocado en abismos imposibles de transitar. Mala cosa.

Luego vino la crisis de los noventa, pero esa fue más nuestra, más de lo que estaba ocurriendo en el Primer Mundo, en Occidente. Fue la primera crisis de este nuevo mundo de las tecnologías de la información y la comunicación. De lo que hoy es el mundo y de lo que caracteriza a las democracias más avanzadas, más prósperas y más fuertes. Fue una crisis, la primera, de estos telemáticos tiempos. El abismo, siguió creciendo. Aunque esto parecía absurdo, esto de que pudiera haber más diferencias aún entre países ricos y países pobres. Los hechos, en todo caso, vinieron a certificar eso que algunos aún se resistían a considerar una tautología, una verdad en sí misma.

Así que las diferencias se abrían y la única solución para quienes viven en aquellos países azotados inmisericordemente por la pobreza, era y es la huida. Ya lo están viendo ustedes, medio Ecuador vive en España como media África sueña con vivir en Europa mientras la otra mitad lo intenta. Un horror. No hay solución. De la crisis de los noventa salieron más diferencias, más terribles, y abiertamente ya infranqueables diferencias. El abismo continúa creciendo y cuando todos pensábamos que la placa africana continuaba su lentísimo proceso de subsidencia, avanzando a cámara lenta bajo la europea, resultaba que no. Las placas, contra la docta opinión del común de geólogos y geomorfólogos, se separan. Qué cosas.

Lo que está por venir, es tan dramático como fácil de deducir. O creen ustedes que en estos tiempos de difusión de la comunicación y la información como sector emergente de las nuevas economías, van a recortar camino quienes aún viven en economías colonizadas por el primer mundo, por los países ricos. Economías de plantación, déficit exterior crónico y tentetieso. Toda una condena.

Lo que está por venir va a ser, ni más ni menos, que dirían Las Grecas, que las diferencias inevitablemente se van a ir agrandando aún más, y cuando termine esta crisis, en Occidente, claro está, que en el Tercer Mundo es asunto crónico como saben, sólo quedará una solución, el desembarco.

Después del colonialismo y la neocolonización, vendrá la poscolonización, la toma de posesión de unos territorios tremendamente atrasados y abandonados a su suerte. Que es mismamente lo que el islamismo radical intenta frenar a toda costa, sabedor como es, de que ahí está el final, un juicio final en el que Dios, el mismo Dios de todas las religiones, pondrá a un lado a los justos y al otro a los pecadores. Pero, quiénes son unos y quiénes son otros. Ah, eso también está por venir y por saberse. Todo depende de quién cuente el final de la historia, que suele ser el vencedor

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Friday, October 17, 2008

Embriones, curas y otras sanaciones

Vaya por delante que no soy en absoluto anticlerical. El hecho de que me educaron en un colegio laíco y, dentro de lo posible de caracteres democráticos, modelaron en mi persona unas convicciones respetuosas con los demás y comprensivas, que viene a ser lo más importante: comprender a los demás.
Pues bien, la Conferencia Episcopal Española se ha descolgado, una vez más y ya más que lejos de la realidad están en otra galaxia, con un comunicado en el que alertan de las implicaciones morales de la, para mí, feliz noticia del nacimiento de un bebé cuya llegada a este complicado mundo ha venido precedida del siguiente proceso: En primer lugar la futura madre, que ya tiene un hijo con un problema hereditario que le lleva a padecer una anemia cuya única solución es tenerle sometido de por vida a una continua serie de transfusiones de sangre, se somete a un proceso de fecundación “in vitro”. A continuación se obtienen células de los embriones que se obtienen para estudiar su ADN y descartar aquellos que son portadores de la dicha enfermedad, denominada Beta talasemia major. A continuación se produce una nueva selección genética para descartar los embriones que no sean compatibles con el hermano enfermo. De este modo el hermano que venga al mundo podrá ser donante en una futura operación que librará al enfermo de la enfermedad y lo librará de toda una vida atado a transfusiones sanguíneas, con la merma en la calidad de vida que ello implica. Y ahora, digo yo: ¿dónde está la inmoralidad? Pues miren ustedes, para mí la inmoralidad es la de condenar a una criatura a vivir enfermo cuando de esta manera y gracias a los avances que el hombre consigue llevar a cabo a trancas y barrancas (eppur si muove) o a pesar de los pesares, es fácilmente evitable.
Pero gracias a Dios, no al de la Conferencia Episcopal, que es un Dios terrible que dice ser el único y verdadero, sino a esa idea de Dios que todos llevamos dentro y se corresponde a la idea amable de la creación, del impulso del Big Bang o de la pura contamplación de este hermoso mundo que sería más luminoso si no hubiera tanta intransigencia, el chaval podrá tener una vida mejor y, además, podrá tener un hermano (Javier, nacido sano en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla) que tampoco va a sufrir esa enfermedad y además va a tener el orgullo y la satisfacción de haber contribuído a mejorar la vida de su hermano ¿Puede haber una mejor lección de amor que esta que han dado los médicos que han ayudado a nacer a Javier?
Ahora sólo falta que al hermano enfermo, una niña en realidad, le realicen un trasplante de médula ósea sirviéndose de las células de la sangre del cordón umbilical de Javier. Falta por lo tanto rezar, quienes sean creyentes, que servidor se limitará a cruzar los dedos y a llorar de alegría si todo acaba bien.
La Conferencia Episcopal Española, preocupada por las células portadoras de la enfermedad y por las incompatibles con la hermana enferma, podría simplemente poner los pies en el suelo. No se le escaparían tantas ovejas del redil.
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Monday, October 13, 2008

Tiempo para leer

Hay un especial consenso a la hora de quejarnos de lo poco que leen los jóvenes españoles, o en su caso los jóvenes andaluces, que son no ya los que más cerca nos caen, sino que son nuestros propios hijos, esos que a primera hora de la mañana están a nuestro lado, junto a usted, con cara de sueño y liados como pueden con el colacao, el pan tostado y la mochila, absolutamente plúmbea, cargada y atosigada como ellos mismos, la mochila que yace allí al lado de su hijo, junto a sus ya rendidos pies.

Leen poco. Asegura todo el mundo que leen poco. Lo asegura buena parte del cuerpo docente que se hace cargo de ellos desde que usted se va a currar hasta que vuelve a la hora de comer; y hasta las dignísimas autoridades que ahora han tenido la ocurrencia de encerrarlos media horita más en el Instituto todos los días.

Todos lo dicen, todos lo afirman, solapada o abiertamente, justificando de paso el bajísimo nivel que presentan los alumnos andaluces a la falta de lectura, a lo poco que leen estas criaturas humanas que tras desayunar con prisas se dirigen a su centro escolar sin rechistar, en silencio, solos o en compañía de algún colega que va con más sueño que él todavía, o con el mismo, que un mismo sueño es. Y al Instituto, lo que es llegar, llegan.

Allí despiertan, y allí empiezan un nuevo día. Seis horas y media. Seguidas, una detrás de la otra con media hora para poder charlar con los amigos, con los compañeros, mientras atacan un sándwich o un bocadillo de mortadela con la impasible avidez de quién necesita recuperar fuerzas aunque no lo sepa. Fuerzas para terminar la larga, larguísima jornada matinal. Una mañana en el Instituto, claro está, donde tienen que superar diez u once asignaturas, todas con igual nivel de exigencia, que esto de la democracia entendida como media aritmética, ha llegado también a la escuela. Qué se le va a hacer. Así que diez u once asignaturas, una detrás de la otra, como las seis horas, más media de recreo y un bocadillo, que se comen cada día. Una brutalidad.

Luego llegan a casa. Están ahí al mediodía, con el telediario ya alcanzando la información deportiva, lo más cercano que tienen a sus reducidos mundos, jibarizados como están por el exceso de comunicación que les alcanza totalmente desnudos, por la absoluta falta de solvencia a la hora de digerir semejante volumen de información que les llega por todos lados: Internet, televisión, radio, mp3, playstation, videojuegos…, que le atosigan por mucho que no lo sepan. Ahí los tienen ustedes, devorando el filete con patatas y rehuyendo las preguntas de sus progenitores cuando las hay, aunque puede que ni eso.

A las cuatro y media se largan a su habitación. A estudiar, ¿eh? Sí, claro que sí. A estudiar, para qué descansar, para qué quedar con los amigos, para qué jugar a la play, para qué oír su música preferida, para qué ir al parque a descubrir el mundo mientras comen pipas sentado en el respaldo de un banco… para qué vivir.

A las ocho en casa para hacer las tareas antes de cenar y luego a la cama. La televisión es para los mayores, así que si quieren compartirla, ahí tienen cochambrosos programas de cotilleo en el que aprender que la vida es mucho más fácil de lo que le cuentan en el Instituto. Total, cuatro putones y cuatro golfos que presumen de consumir y trasnochar reciben recompensas millonarias por aparecer en las pantallas de un televisor. Famosos, además. Es lo que hay.

A la cama. Después de dejar el rabillo de la pera en el plato que está reflejando el resplandor del televisor, la pantalla que guarda esas glorias efímeras como la propia vida, a la cama.

Y estos jóvenes ¿cuándo leen?

Hace poco, desde
la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, saltó una idea luminosa y espléndida como todo lo que hacen, justo como esto de mantenerlos encerrados toda la mañana en el Instituto, mientras dura la jornada laboral de sus padres. Horario de guardería, descaradamente. La idea fue la de ponerlos a leer en el colegio. Estupendo, totus revolutum. Todos a leer una novelita juvenil. Los que podrían estar leyendo a Kierkegaard en danés y los que no saben hacer la o con un canuto, todos por igual valientes. Plan de lectura le llaman a eso. Así que ale, a leer jóvenes que abandonáis la pubertad, venga sturm und drang: la pe, con la a, pa…
Lo que no se les va a ocurrir nunca es ocuparse de la educación, de la educación de los jóvenes. Respetar sus vidas, dejarlos aprender en paz. Horarios consecuentes con el proceso de enseñanza aprendizaje, y asignaturas las justas para que alcancen un nivel de formación adecuado a sus capacidades. Y ya está, hombre, ya está. Qué tampoco es tan difícil tener un poco de sentido común.


El Mundo - Huelva Noticias, 13 de octubre, 2008

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Saturday, October 11, 2008

En el túnel del tiempo


Foto promocional de la Compañía de Revista Puerta de Alcalá

CRÍTICA TEATRAL

LAS LEANDRAS. Libreto de Emilio González del Castillo y José Muñoz Román. Música: maestro Francisco Alonso. Coreografía: Evangelina Esteve. Dirección musical: Félix Sanmateo. Dirección escénica: Adolfo Pastor. Intérpretes y músicos: Compañía de Revista Puerta de Alcalá.

Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 10 de octubre, 2008.

(.)


Casi por estas fechas, a principios de noviembre del pasado año, recalaba en Huelva la compañía teatral “
La Cubana”. Traía uno de los espectáculos más aplaudidos y recordados de sus fecundos veinticinco años de trayectoria: “Cómeme el coco, negro”. De aquello decíamos en este mismo diario que se trataba “de un espectáculo muy bien montado y mejor llevado, pleno de ritmo, de luz y color”. Y también decíamos que además de todo eso estaba “la obra, y un guión que se sinceraba a veces de forma descarnada y tierna con los propios personajes, absolutamente fieles a muchos teatreros y cómicos que ya apenas son historia de la escena última española”.
Eso creíamos, pero no. Para sorpresa nuestra, aunque no para el público que llenó el aforo del Gran Teatro, de apenas historia, nada: las varietés todavía existen, o al menos las han extraído del subsuelo en una suerte de excavación arqueológica que no ha necesitado para ello de la demolición del centenario coliseo de la calle Vázquez López. No ha sido necesaria la piqueta, ni el pico y mucho menos la pala. Los restos arqueológicos estaban allí, sobre la escena. Y uno no daba crédito.
Chistes zafios y bordes, gestos groseros y una pobreza teatral impropia de estos tiempos, servían de envoltorio a una obra que ya en su tiempo, en los primeros años treinta y cuando en España se hacía teatro de altura, con propuestas atrevidas que luego costarían la vida a más de uno y más de dos, era un auténtico desfase, algo anacrónico y muestra evidente de lo que este país no quería ser. Aunque luego, fue. Qué les voy a contar. Ya lo creo que fue… y siguió siendo: sólo hay que ir unos años atrás y recordar eso que llamaron el destape, que nos saca los colores con sólo su recuerdo; o en general toda esa España cutre y salida que pobló burdeles y casas de cita durante todo el franquismo. Un horror.

A estas alturas, con un país metido en la modernidad muy a su pesar, que nos vengan ahora con revistas de este tono, que nos vengan con un muestrario de culos (por cierto, alguno con excesiva celulitis), escotes y mal gusto, pues resulta al menos algo anacrónico, por no excedernos demasiado en calificativos que creemos prescindibles.
El público, en su inmensa mayoría con el carné del Inserso en la cartera, aplaudió cada una de las ocurrencias de las vedettes que se bajaron del escenario a regalar dosis extra de entrepierna y tetamen. Eran del tipo ¡Huy, pero si tiene usted el móvil en el bolsillo! Y cosas por el estilo. Ya les digo, un auténtico horror.
Prescindiremos de hablar de la interpretación o de las canciones con las que regalaron al público, e incluso prescindiremos de hablar de la iluminación o los decorados, que simplemente iban a juego con esta obra que pretende recuperar un espectáculo que ocupó un lugar, triste pero un lugar, en la España de antaño y que ahora tan sólo se puede ver como un mareante viaje a través del tiempo.
Cuando la compañía “La Cubana” hacía ese homenaje a las revistas y varietés que fue “Cómeme el coco, negro”, no pensábamos que se pudiera viajar a ese túnel oscuro en busca de uno de aquellos espectáculos, pero sí. En estos atribulados tiempos, hasta la cutrez vende que se las pela. A pesar de la crisis. Y si no se lo quieren creer, enciendan su aparato televisor. En cualquier canal y a cualquier hora. Es lo que hay.

En El Mundo - Huelva Noticias, 12, octubre, 2008

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Wednesday, October 1, 2008

Zitman y la descripción del alma

Viajeros. Una de las obras del holandés Cornelis Zitman (Leiden, 1926) que se exponen en el Museo Provincial de Huelva hasta el 23 de noviembre. En ella, uno de los personajes de este mínimo grupo escultórico se refugia en unas mantas que le cubren casi por entero. Está sentado. A su lado, una mujer aparece tendida en el mismo banco de un andén. Entre ambas figuras, honda sensación de soledad, emerge la figura de un niño, casi un bebé, que sonríe a un mundo que aún no entiende, que no comprende. Contrastes. Todo un relato en aquél grupo escultórico de apenas cuarenta centímetros de largo.

Al fondo de la sala está el artista, un hombre ya octogenario al que apenas divisamos por entre los discursos institucionales que arropan su presencia en Huelva. Es el inicio de una gira europea que ya tuvo prólogo en Beas, en el Museo de
la Casa de Venezuela. Habría que detenerse y explicar esto. Clarines, la pequeña aldea de Beas, está hermanada con otro Clarines de Venezuela, la de ese Chavez que insulta al poderoso Tío Sam mientras su familia engorda patrimonios y cuentas corrientes: ya este artículo no se adosará al seguimiento de prensa que el gobierno bolivariano hará de la gira de un artista al que pasean por Europa como venezolano. Y lo es, desde que a la edad de 21 años decidiera abandonar su patria para evitar alistarse en un ejército colonialista que defendía los intereses holandeses en Indochina. Acabó
en Venezuela Cornelis Zitman y allí sigue. Una vida de aventurero que le impediría centrarse en la creación artística hasta que a mediados de los sesenta remodela un antiguo ingenio azucarero que transforma en vivienda y estudio. De allí sale Muertito, otra de sus extraordinarias figuras mínimas. Es un cadáver en decúbito supino y tendido de costado, tal como se encuentran en las tumbas precolombinas. Se inicia de este modo una producción diferente de todo lo que el artista había realizado hasta la fecha: diseño de muebles, dibujos y por supuesto esculturas, cuya técnica de vaciado aprendió en su tierra natal en uno de los viajes de retorno que realizaría al Viejo Continente. Este de ahora es otro y el azar ha querido que principie aquí en Huelva.

La ciudad, por lo tanto, y la provincia – recuérdese la exposición de enero en Beas – ha tenido la suerte de contar con la obra de Cornelis Zitman para disfrutarla y dejarse llevar por el hondo contenido de cada una de sus esculturas, de las de gran tamaño y de las miniaturas. De todas, porque todas son de una excepcional calidad.

Ciclistas. Un elemento muy común en su tierra europea, la bicicleta, es soporte y contraste, siempre los contrastes, que definen las figuras que en ellas se apoyan. Son cuatro figuras, todas de pie, cada una con las manos en el manillar de la bicicleta, pero no apoyándose en ellas, sino buscando refugio o justificación de su situación, de su estar allí. Soledades compartidas. Es otra figura mínima, de pequeña escala. Pero las sorpresas, las emociones, no acaban aquí, el discurrir del escultor, del dibujante, se reparte, en un muy logrado montaje general de la exposición, por varias salas. Aquí estos grupos de los que les vamos dando cuenta por ilustrarles un poco, y allá la figura de un niño, de pie y silencioso, espectador impasible del hacer del escultor. Cada figura es una declaración de intenciones, una manera de entender la figura humana que está lejos de aceptar los cánones clásicos, Cornelis Zitman desfigura la realidad para encontrarse con un canon de belleza que acepte una realidad muy por encima de lo que se ve. Ya les decía antes que el artista cuenta, narra emociones, por eso es un artista y no un artesano, un maestro que modela formas más o menos bellas, o cosas que aceptan como bellas. Pero sin emoción. Zitman, muy al contrario, dota de vida a sus figuras, les insufla sentimientos para que puedan transmitir emociones: soledad, tristeza, resignación… Está describiendo en definitiva la realidad que le rodea, pero no como si de una máquina de fotografiar se tratara, sino a través de la mirada curiosa y sería de un artista que es psicólogo o sociólogo en cada una de sus figuras con tanta intención modeladas.

De ahí que los elementos nativos terminaran por ser sus modelos, las gentes que el artista observaba, con las que se relacionaba. Una vez más el artista es honesto con su entorno y refleja fielmente lo que ve. Zitman nos describe con sobrado amor todo aquello que él siente y conoce. Cornelis Zitman es por ello un artista universal al que ahora tenemos acceso en el Museo Provincial de Bellas Artes de Huelva, gracias al empeño de la Diputación de Huelva, de la delegación provincial de Cultura de la Junta y de la Fundación Cajasol. Vayan y disfruten.
publicado en El Mundo - Huelva Noticias el 30 de septiembre de 2008

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