Thursday, September 25, 2008

La vida es sueño

Mientras el Ayuntamiento de la capital onubense presenta sus nuevos sonómetros, alrededor de medio centenar instalados en distintas zonas especialmente sensibles de la ciudad, el ruido impide el descanso a buena parte de la población onubense.
Creemos con absoluta sinceridad que el propósito de la corporación municipal es la de establecer estrategias sobre cimientos sólidos que permitan acabar con este tipo de contaminación, la cual azota muy especialmente a una ciudad como Huelva, que une a la calidad ambiental habitual de cualquier ciudad, hábitos o conductas absolutamente ligados a las características generales de la población, y recuérdese que la mitad de los onubenses, por ejemplo, disfrutan de una situación de analfabetismo funcional, con lo cual se pueden entender perfectamente esos hábitos y conductas que caracterizan a una ciudad que, a partir de ahora y si el plan puesto en marcha por la concejalía de Adame continúa y llega a buen término, es evidente que va a mejorar en cuanto a calidad medioambiental se refiere.
Motocicletas y todo tipo de vehículos a motor que sobrepasan los límites exigidos, pero que parece ser no están sometidos a control alguno a juzgar por la abundancia de coches discotecas y escapes libres que torturan la ciudad a cualquier hora del día y de la noche; obras, talleres e industrias ubicadas en la ciudad, no en polígonos industriales, que no respetan los horarios establecidos por la municipalidad para su actividad… Apenas son los bares de copas los únicos que han podido comprobar en los últimos tiempos como la normativa municipal en materia de ruidos, existe. Pero poco más. Las denuncias por contaminación acústica, en algunos casos no se resuelven en el Ayuntamiento, hay miembros de la misma Policía Local que desconoce la propia normativa municipal, y es el silencio administrativo la respuesta que suele dar el Ayuntamiento a los ciudadanos que exigen una mejora en su calidad de vida.
Queda trabajo por hacer. Mucho trabajo. El hecho de que en la delegación municipal de Medio Ambiente estén ahora colocando los sonómetros que permitirán estudiar el problema, muestra el estado actual de las cosas.
El ruido produce efectos patológicos en el sistema nervioso central, y a otros niveles – según advierte
la OMS a través de la Guidelines for Commnunity Noise (Directrices para el Ruido en la Comunidad) – produce malestar y dificulta o impide la atención, la comunicación, la concentración, el descanso y el sueño. Y la vida, como se sabe, es sueño. De una exposición continua al ruido, se derivan estados crónicos de nerviosismo y estrés que conducen a trastornos psicofísicos, enfermedades cardiovasculares o alteraciones del sistema inmunitario, tal como recogen estas directrices o como, por otro lado, se recogía en el reportaje publicado en el apartado de Salud de este mismo diario el día que se publicaba la noticia de la ubicación de nuevos sonómetros en Huelva.
Esto podría parecer baladí, o no ser para tanto, pero en realidad estamos contribuyendo a la disminución del rendimiento escolar o profesional, al aumento de los accidentes laborales o de tráfico, al incremento de conductas antisociales o a otras consecuencias más directamente relacionadas con nuestros bolsillos, como pueden ser la pérdida de valor de los inmuebles, y quienes viven en lugares congestionados – botellón, por ejemplo – lo saben perfectamente bien; o al abandono de la ciudad por quién puede y tiene medios y libertad profesional para ello, claro está. Desde luego, como explica la asociación Granada Contra el Ruido en el documento “Efectos del ruido sobre la salud, la sociedad y la economía” (puede consultarse en www.ruidos.org), no es casualidad que los países y regiones menos desarrollados sean también los más ruidosos. En el caso español, Huelva se sitúa entre las ciudades más afectadas por la contaminación acústica. Otro dato más que refleja, al fin y al cabo, la educación y la formación de una parte de la sociedad onubense que, afortunadamente, no va a leer esta diatriba contra el ruido por la sencilla razón de que serían incapaces de entender uno sólo de estos párrafos, lo que en ellos se denuncia o se trata de comunicar, pues es esta precisamente la carencia que cita la UNESCO a la hora de definir el analfabetismo funcional.
Aplaudimos la colocación de los sonómetros, pero tenemos al mismo tiempo que insistir en que es menester redoblar esfuerzos para conseguir resultados en esa lucha que en solitario, desgraciadamente y cada día de manera más notoria, tiene establecida el Ayuntamiento de Huelva para mejorar la calidad de vida de los onubenses.
 

Posted by Bernardo Romero in 17:30:11
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