Solbes, ajustes y otras buenas noticias
Creo que una buena parte de ustedes tienen un buen concepto de Solbes. Al hombre se le ve tan educado y hablando siempre tan bajito, que mueve la ternura que todos llevamos dentro. A mí, aunque algunos pudiera estar ya pensando que no, me cae bien.
Es además uno de los pocos políticos que está obligado a decir la verdad, aunque alguna que otra vez calle para no molestar, sobre todo a sus correligionarios. El caso es que se ha dejado caer con una de esas verdades que un político está obligado a no pronunciar bajo ningún concepto. Solbes definió lo que es una crisis, y ya está. Lo que ocurre es que reconocer eso, hiere la sensibilidad del espectador. Es duro.
Solbes intentaba tranquilizar cuando afirmó que se saldrá de esta crisis. O lo que es lo mismo, que siempre que llueve escampa, que si lo hubiera dicho así de llano no habría tenido que pasar apuros de ningún tipo. Pero no, el hombre se fue a meter en un jardín tan florido y tupido como el de tener que andar explicando qué es una crisis, que es a lo que vamos nosotros también.
Y una crisis, decía Solbes, es un desajuste de la economía que siempre viene bien, sobre todo teniendo en cuenta que de las crisis los sistemas económicos salen fortalecidos, y ahí es adonde quería llegar el ministro, a lo de regalarnos, que se agradece, un mensaje tranquilizador en estos atribulados tiempos en los que se regala de todo y no sólo el precio de los automóviles, que cualquier día de estos va usted a la gasolinera y se encuentra con un señor que le regala un utilitario verde limón por llenar el tanque de gasolina. Es como lo del chiste aquél de mi José, que era tan tonto, tan tonto, que vendió el coche para comprar gasolina. Pues eso.
Así que desajustes del sistema económico que sólo los enmienda una crisis como esta, como todas las que en el mundo han sido. Lo dicho, que siempre que llueve escampa.
Y ahora toca lo de explicar por qué razón un sistema económico entra en crisis, así que los licenciados en Ciencias Económicas y Empresariales, que ya lo saben porque para eso han estudiado, pueden y deberían dejar de leer en este mismo instante, así se evitarán el berrinche de leer algo con lo que puede que no vayan a estar de acuerdo.
Bien, ahora que no tenemos testigos, explicamos a la pata la llana que una crisis se produce cuando algo falla en el sistema. Y ustedes dirán, pues anda que vaya este tío con lo que viene ahora, pues claro que algo falla, estaría bueno, lo de las subprime esas de los Estados Unidos, si hasta el ZP lo ha dicho ya. Pues no, algo falla pero la cosa es saber qué es lo que ha fallado para que se nos venga encima este proceso de ajuste en el sistema económico tan alarmante.
Y lo que ha fallado es que hemos pasado por unos años de vacas gordísimas en los que el dinero circulante ha circulado con algo más que alegría. Ha circulado tanto que a casi nadie se le ha ocurrido que es bueno parar y ahorrar, sobre todo teniendo en cuenta que si se ahorra un montón, los bancos o cualquier otro tipo de entidad financiera, puede invertir todos esos dineros en infraestructuras, empresas o fábricas de gran magnitud que generan riqueza, la riqueza necesaria para que el país siga adelante. El caso no es que se haya dejado de ahorrar o se haya ahorrado muy poco, sino que el personal, viendo como estaba el patio, ha decidido hacerse con más bienes materiales de los que les permitía la cuenta corriente, pidiendo dinero como locos para una segunda residencia en el campo o en la playa, o en los dos sitios a la vez, para cambiar de automóvil y meterse en lujos ataviados con faros de esos molestos y horteras, y en fin, para brindar por la concesión de un préstamo, de otro más. Por supuesto con champagne francés, del caré.
Y qué hacían los bancos, pues dar. A ellos les pedían y ellos daban, total, como la vaca más que gorda era gordísima. Pues nada, ale, a dar parné. Y tanto dieron, tanto dieron, que se quedaron sin un duro, sin liquidez. Y ahora qué, mesié. Pues crisis. Una crisis que vuelva a poner todo en su sitio: la nómina escuálida sin préstamos que valgan para una tercera vivienda, el mileurista vacilón sin préstamos para gastarse en un coche lo que gana en cinco años, por mucho que viva en casa con papá, que tampoco tiene un duro pero le pone el plato de lentejas por delante y veinte euros para gasolina por detrás. Todo esto y más, que a partir de ahora, seguro que los precios y los salarios se terminan también ajustando, sobre todo ajustando al sentido común. Verán como de esta se sale y además, fortalecidos. Solbes, que es un genio. Aunque a alguno de su partido, no le guste que abra el pico, que bien poco que lo abre el hombre, no me digan que no. Por lo que a mi respecta, gracias señor ministro. Es usted un crack.