Del Big Bang a los jornales
Mientras en Santa Olalla del Cala se reúne la oposición al gasoducto que cruzará de norte a sur la provincia de Huelva, entre Suiza y Francia se usaba por primera vez para un experimento científico un túnel de
27 kilómetros de longitud en el que un haz de millones de protones se lanzó contra el Gran Colisionador de Hadrones del CERN.
El conducto subterráneo por el que circularán combustibles fósiles, llevará industria y trabajo a una comunidad autónoma que, poco a poco, sale de un letargo de siglos. Extremadura está abandonando los puestos de cola que durante décadas ocupó en todos los indicadores socioeconómicos que publican bancos e instituciones docentes. Aunque claro, la Andalucía de Chaves se lo pone fácil con su empeño en seguir siendo lo que en el Parlamento europeo definen como Objetivo 1, un lugar pobretón al que llegan sin parar, aunque pararán, subvenciones y ayudas comunitarias. Esa Europa que nos manda dineros, es la que prueba en ese Gran Colisionador de Hadrones las claves del origen del Universo, del Big Bang, de la Gran Explosión.
Ambos proyectos, las tuberías que cruzarán Huelva, y el túnel alpino de 27 kilómetros de longitud, han contado y cuentan con una tenaz oposición. Pero ambos, uno ejecutado hace años y otro en proyecto, están ahí. En el que nos toca más de cerca mucho nos tememos que haya más juego político que otra cosa, mientras en el otro la cosa la pintan gravísima a tenor de las declaraciones que han realizado grupos marginales del mundo científico internacional. Nada menos que el fin del mundo, que anuncian llegará el próximo 10 de octubre, cuando finalicen los experimentos que el CERN está llevando a cabo allí. Un halo de mesianismo inspira a esta tozuda oposición a los experimentos que permitirán conocer por qué existe este Universo infinito del que formamos parte a pesar de que seamos sólo muchísimo menos que una partícula infinitesimal.
En el gasoducto que llevará combustibles a Extremadura, obviamente no ocurrirá lo que en Nigeria, un país pobre aunque productor de petróleo, donde son frecuentes los accidentes, explosiones con numerosas víctimas cada vez, en sus gasoductos, debido fundamentalmente a que la propia población los agujerea para extraer oro negro de sus entrañas. Aquí, en esta España presuntamente civilizada, no creemos que llegue la cosa a tanto, sobre todo si tenemos en cuenta que se pondrán todos los medios y la profundidad necesaria para que eso no ocurra. La oposición a este gasoducto no llega a pregonar el fin del mundo, pero tampoco podemos decir que no ponga el grito en el cielo, toda vez que a mayor oposición más medidas de control y seguridad se adoptarán. Y más conociendo como es de permisiva la Consejería de Medio Ambiente.
Industria y jornales para Extremadura, miedos para una provincia a cuya militancia verde se le acumula el trabajo. En el otro extremo del mundo, en un país de enormes contrastes como la India, una potencia nuclear con notables índices de pobreza, la alerta sobre las consecuencias de estos experimentos que pretenden visualizar lo que ocurrió tras la Gran Explosión, ha movido a una joven llamada Chayya a ingerir barbitúricos para provocar su propia muerte. El miedo al fin del mundo que otros han anunciado de forma irreflexiva, ha llevado a tal fin a una joven adolescente. Triste resultado.
La contestación a un proyecto de levantar una refinería en una zona deprimida de Badajoz por parte de un empresario afín al Partido Socialista, está generando también miedos en Huelva. Aquí, afortunadamente, nadie se suicida, pero se pierden energías en la necesaria lucha por el respeto al medio ambiente. No habrá suicidios, pero sí habrá una frustración posterior a la finalización del gasoducto, sólo comparable a la que sentirán los sesudos científicos que anunciaron para el próximo 10 de octubre nada menos que el fin del mundo.
