Wednesday, April 30, 2008

El gordo del politono

En Huelva es difícil ver teatro. Y no lo decimos por la programación, aumentada en los últimos años hasta lo impensable hace sólo una década. Es difícil ver teatro sobre todo ahora, en estos últimos tiempos en que asistir a una representación teatral se ha convertido en una cuestión de prestigio social. El teatro viste, como un traje bien cortado, y en consecuencia se te puede sentar detrás un señor gordo que tose con la boca abierta y luce un solitario que se debe corresponder a tu sueldo de un trienio, pagas extras incluidas. En Huelva, como les digo, es difícil ver teatro.
Sin ir más lejos el otro día me tocó delante y un poco a la izquierda a una señora que no paró de hablar ni un momento. Se le amonestaba, primero cortésmente, con un chis pequeñito y apenas perceptible que no hizo mella alguna en quien debía ser sorda como una cuba. Luego le regañaron con otros chises más sonoros e incluso hubo quién observó en tono alto si aquella señora se iba a callar o se subía de una vez al escenario y nos contaba la obra a todos. El caso es que la señora no oyó o no quiso oír chitón alguno y allí estuvo, contándole a la vecina de butaca todo lo que ocurría sobre el escenario. A lo mejor es que una era sorda y la otra ciega, y entonces es normal que aquello estuviera sucediendo y no fuera una pesadilla colectiva del respetable. También pudiera ocurrir que para facilitar la labor abnegada de la señora de la verborrea continua, terminen por ubicarla sobre la corbata del escenario para que vaya explicándonos a todos, y no sólo a la vecina de butaca, lo que dicen los actores. Pudiera ser.
Pero no fue sólo la señora charlatana el cuerpo central del espectáculo que la platea ofreció a los actores. Estaba el gordo de la tos gargajil y… cómo no, los telefonillos móviles.
Además de que en el Gran Teatro se niegan a advertir antes de cada función lo de que deben mantener los teléfonos móviles apagados y que el personal se abstenga de utilizar flashes, tenemos el más absoluto convencimiento de que los hay que no apagan el teléfono móvil porque no les sale de ahí. Queremos decir que a estos energúmenos les mola que les llamen en mitad de la función, porque en caso contrario no se puede explicar y menos entender que además de que les llamen y les suene el móvil, a los hijos de la gran puta se les ocurra descolgar el teléfono y ponerse a hablar en voz alta, que ya es la repanocha, por utilizar una palabra para todos los públicos, de las que aprendimos leyendo el TBO, y no una ordinariez de las que aprendimos mientras nos peleábamos a pedradas en los cabezos contra los de las Tres Ventanas, que también las podría poner porque las conozco, pero luego mi novia me riñe. Así que queda claro que a estos imbéciles que acuden al teatro por aquello del prestigio social, y no porque les interese, porque les guste o porque les entretenga lo más mínimo, les encanta además dar por la baticola. Guerra pues a la vulgaridad, vayamos a Pilé 43 armados con cerbatanas construidas a partir de un bolígrafo Bic cristal (escribe normal) y granos de arroz. Es la guerra: Ni una agresión sin respuesta, que decíamos en otros tiempos gloriosos.
Pero vayamos abreviando que luego ustedes se me aburren y entonces quién me riñe es el señor director, que me tiene aquí para que les entretenga. Les decía lo de los teléfonos móviles y que si suena uno allí y otro allá, más por supuesto el del idiota que se pone hablar, que ese es ya para lo de la cerbatana hecha con el canuto del boli. Pues además de este, les andaba contando que me tocó un señor gordo detrás, ese que me tosía el cogote y menos mal que hace mes y medio que debería haber ido al peluquero, que si no, me salpica directamente el cuello y no vean ustedes la grima que da eso. Pues bien, no contento con las toses estentóreas que terminaba con un comentario que sobraba a su señora parienta, un comentario inútil del tipo “ojú, cómo tengo la garganta”, al señor gordo que le vislumbré el anillo enorme al observarle, por supuesto con ira, cuando acabó la función, también iba armado con un telefonillo móvil y como es natural en tipos de semejante pelaje, encendido. Le sonó, claro. Y era de esos con timbre politono que asemejan una carcajada o algo parecido, que digo yo que será de algún personaje de estos que se inventan en Tele 5 o en Cuatro, en las cadenas de televisión que no dan prestigio social, pero que les entretiene. Que digo yo que porque no son realistas y se dejan de prestigio social, se van a casa a disfrutar con las mamachicho o con el un, dos, tres y ya está. Pues nada, hijo, que tienen que venir al teatro. A dar por ahí.

En Huelva, no me digan, es difícil ver teatro, aunque el espectáculo, en la platea, esté asegurado.

Posted by Bernardo Romero in 18:46:20
Comments

Leave a Reply