Wednesday, April 30, 2008

El gordo del politono

En Huelva es difícil ver teatro. Y no lo decimos por la programación, aumentada en los últimos años hasta lo impensable hace sólo una década. Es difícil ver teatro sobre todo ahora, en estos últimos tiempos en que asistir a una representación teatral se ha convertido en una cuestión de prestigio social. El teatro viste, como un traje bien cortado, y en consecuencia se te puede sentar detrás un señor gordo que tose con la boca abierta y luce un solitario que se debe corresponder a tu sueldo de un trienio, pagas extras incluidas. En Huelva, como les digo, es difícil ver teatro.
Sin ir más lejos el otro día me tocó delante y un poco a la izquierda a una señora que no paró de hablar ni un momento. Se le amonestaba, primero cortésmente, con un chis pequeñito y apenas perceptible que no hizo mella alguna en quien debía ser sorda como una cuba. Luego le regañaron con otros chises más sonoros e incluso hubo quién observó en tono alto si aquella señora se iba a callar o se subía de una vez al escenario y nos contaba la obra a todos. El caso es que la señora no oyó o no quiso oír chitón alguno y allí estuvo, contándole a la vecina de butaca todo lo que ocurría sobre el escenario. A lo mejor es que una era sorda y la otra ciega, y entonces es normal que aquello estuviera sucediendo y no fuera una pesadilla colectiva del respetable. También pudiera ocurrir que para facilitar la labor abnegada de la señora de la verborrea continua, terminen por ubicarla sobre la corbata del escenario para que vaya explicándonos a todos, y no sólo a la vecina de butaca, lo que dicen los actores. Pudiera ser.
Pero no fue sólo la señora charlatana el cuerpo central del espectáculo que la platea ofreció a los actores. Estaba el gordo de la tos gargajil y… cómo no, los telefonillos móviles.
Además de que en el Gran Teatro se niegan a advertir antes de cada función lo de que deben mantener los teléfonos móviles apagados y que el personal se abstenga de utilizar flashes, tenemos el más absoluto convencimiento de que los hay que no apagan el teléfono móvil porque no les sale de ahí. Queremos decir que a estos energúmenos les mola que les llamen en mitad de la función, porque en caso contrario no se puede explicar y menos entender que además de que les llamen y les suene el móvil, a los hijos de la gran puta se les ocurra descolgar el teléfono y ponerse a hablar en voz alta, que ya es la repanocha, por utilizar una palabra para todos los públicos, de las que aprendimos leyendo el TBO, y no una ordinariez de las que aprendimos mientras nos peleábamos a pedradas en los cabezos contra los de las Tres Ventanas, que también las podría poner porque las conozco, pero luego mi novia me riñe. Así que queda claro que a estos imbéciles que acuden al teatro por aquello del prestigio social, y no porque les interese, porque les guste o porque les entretenga lo más mínimo, les encanta además dar por la baticola. Guerra pues a la vulgaridad, vayamos a Pilé 43 armados con cerbatanas construidas a partir de un bolígrafo Bic cristal (escribe normal) y granos de arroz. Es la guerra: Ni una agresión sin respuesta, que decíamos en otros tiempos gloriosos.
Pero vayamos abreviando que luego ustedes se me aburren y entonces quién me riñe es el señor director, que me tiene aquí para que les entretenga. Les decía lo de los teléfonos móviles y que si suena uno allí y otro allá, más por supuesto el del idiota que se pone hablar, que ese es ya para lo de la cerbatana hecha con el canuto del boli. Pues además de este, les andaba contando que me tocó un señor gordo detrás, ese que me tosía el cogote y menos mal que hace mes y medio que debería haber ido al peluquero, que si no, me salpica directamente el cuello y no vean ustedes la grima que da eso. Pues bien, no contento con las toses estentóreas que terminaba con un comentario que sobraba a su señora parienta, un comentario inútil del tipo “ojú, cómo tengo la garganta”, al señor gordo que le vislumbré el anillo enorme al observarle, por supuesto con ira, cuando acabó la función, también iba armado con un telefonillo móvil y como es natural en tipos de semejante pelaje, encendido. Le sonó, claro. Y era de esos con timbre politono que asemejan una carcajada o algo parecido, que digo yo que será de algún personaje de estos que se inventan en Tele 5 o en Cuatro, en las cadenas de televisión que no dan prestigio social, pero que les entretiene. Que digo yo que porque no son realistas y se dejan de prestigio social, se van a casa a disfrutar con las mamachicho o con el un, dos, tres y ya está. Pues nada, hijo, que tienen que venir al teatro. A dar por ahí.

En Huelva, no me digan, es difícil ver teatro, aunque el espectáculo, en la platea, esté asegurado.

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Monday, April 28, 2008

El cinturón de seguridad

Hablar de crisis a estas alturas no tiene el menor interés. Hace un par de años, cuando veíamos que la ridícula actuación de ayuntamientos, Junta de Andalucía y gobierno central en esa desternillante carrera ladrillar, no tenía sentido alguno, todavía podía ser curioso para el lector. Ahora, ya no.

Entonces ponían el grito en el cielo constructores y munícipes ante cualquier opinión sobre tanta grúa y tanto ladrillo suelto como había por Estepaís. Ahora los hay de entre estos que de tener tratamiento vip han pasado a ser enemigos públicos de su sucursal bancaria, quiero decir que hablar ahora de la crisis y sus protagonistas, pues ya está pasado de moda. Tampoco creo que merezca la pena hablar de los daños colaterales. O quizás sí. Venga, hagamos leña del árbol caído, incluso sangre encebollada. Sí, hablaremos; y por seguir con el mismo ejemplo o con la misma sucursal bancaria, fijémonos en que quienes hasta anteayer eran recibidos con los brazos abiertos cuando entraban por las puertas para solicitar un crédito destinado a comprarse un coche utilitario negro, con los faros de esos caros y deslumbrantes y potentes altavoces, ahora no pasan de una alfombrilla que en los bancos ha cambiado el hola, por un adiós muy buenas.

Ya no es tiempo de hablar de crisis. Entre otras cosas porque ya estamos metidos en ella. Puede que Zetapé lo supiera desde antes de las elecciones, pero desde luego desde que en estas mismas páginas comentábamos lo que estaba por venir, hará cosa de un par de años, no. Es en exceso cruel suponerle tanta maldad al presidente, a quien ajeno a la realidad, en plena crisis, aumenta el gasto inútil con más ministerios, mientras el estado recibe menos por que, aunque él no lo sepa aún, estamos en crisis. Y además, los del ladrillo, los dioses de antes de ayer, están en franca retirada. Aunque no todos, los más listos y apegados al Régimen, están ahora con las energéticas. Qué listos. Qué privilegiados que son.

Las condiciones de la crisis se endurecen, tal como muestra el aumento del paro o la disminución del consumo, lo cual hace reducir la producción y enviar a más personal al paro… Vamos, que la crisis sigue su desarrollo normal, el de todas las crisis. Vislumbramos entonces dos alternativas. O tenemos elecciones el próximo año, o Zetapé no llega siquiera al turrón. Desde luego, capacidad para manejar la crisis con un gobierno diseñado para la publicidad electoral, con guiños a todos los colectivos que le votan con pasión, pues no se le ve que tenga demasiada. El futuro, por lo tanto, lo tenemos confiado a charlatanes de feria que saben camelar como nadie, que se comen las elecciones con papas fritas, pero que luego no gobiernan, sino que preparan las elecciones siguientes. Oiga, ya sabemos que los pueblos prosperan a pesar de sus dirigentes, pero al menos tener un gobierno mínimamente preparado, ayudar, pues ayudaría.

Pero estos no gobiernan, estos a lo suyo, que es ganar elecciones. Un partido convertido en una máquina que construye influencias y poder, en el gobierno. Y lo que es más preocupante, otro partido en la oposición que ve cómo esto se desmorona y simplemente se aprestan a sacar los sables del armario (cada cual tiene en el armario lo que quiere) para ver quién se muda al palacio de La Moncloa. Qué horror.

Mientras esto ocurre en las alturas, aquí en la bajamar el paro sube que se las pela. Normal. Estamos en esa crisis que las grúas anunciaban hace tiempo. Tanto despipote no podía continuar así.

Ahora los datos son incontestables, contundentes, pero nada insospechados. Cuando decíamos que el precio de la vivienda iba a bajar y las consecuencias serían desastrosas para una economía como la andaluza demasiado dependiente de un sector tan inestable como el de la construcción, algunos se echaban a reír o hacían comentarios que pretendían ridiculizar a quienes teníamos la obligación de contar lo que estaba ocurriendo. Ahora no es que ilustres autoridades europeas de la economía aseguren que este año la vivienda terminará costando entre un 15% y un 20% menos que el año anterior, sino que se aventuran cifras de paro por encima del 10% para el conjunto del estado español y de Andalucía ya no les cuento.

También suben los precios, aunque de esto no habría que preocuparse tanto. Continúa descendiendo el consumo, incluso en sectores inimaginables, como el de la alimentación, por lo que antes de que todo esto se enmiende, no es de extrañar que veamos como los precios bajan y no sólo el de los automóviles, que ya lo están haciendo y a toda velocidad, aunque los metrosexuales desnutridos que apenas asoman por encima del volante del coche discoteca, tendrán que apretarse el cinturón. El cinturón de seguridad. Es lo que hay.

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Friday, April 25, 2008

critica teatral: Sonata de Otoño

Las buenas compañías
SONATA DE OTOÑO, versión de José Carlos Plaza y Manuel Calzada de la película de Ingmar Bergman del mismo nombre. Dirección: José Carlos Plaza. Escenografía: Francisco Leal. Vestuario: Sybilla / Val Barreto. Iluminación: Francisco Leal. Música: Mariano Díaz. Interpretación al piano: Juan Robles Cánovas. Intérpretes: Marisa Paredes, Nuria Gallardo, Chema Muñoz y Pilar Gil.
Escenario: Gran Teatro. Aforo: 644 personas (Lleno) Fecha: 25 de abril, 2008.
(****)
Bernardo Romero
Huelva
Dos horas de verdades entrecortadas. Entre unas y otras, algún medido momento para respirar. El espectador, se entiende. José Carlos Plaza da una nueva lección de profesionalidad, de saber ajustar los tiempos y los espacios. Aquí, en estos interiores bergmanianos, también la luz. Una luz prodigiosa.
Hay dos momentos realmente sublimes, identificables a pesar del tono mayor de la obra, exacta como decíamos, medida con absoluta meticulosidad. En uno de ellos la protagonista, o al menos el personaje sobre el que recae el peso de la obra, Eva o Nuria Gallardo, como prefieran, dicta sus más íntimas concepciones teológicas en un monólogo roto tan sólo por la luz. Por esa luz frontal que dibuja una expresión sobrecogedora. Luego, más tarde y ya casi al final de estas dos breves horas en que los actores dan toda una lección de teatro, concepto que queremos llevar más allá de la interpretación: teatro, la misma actriz, el mismo personaje, desgrana con absoluto sufrimiento, las relaciones de la madre con la hija, su versión obviamente, pero las relaciones de una madre triunfadora, elegante, que retiene una belleza juvenil ya casi olvidada, pero firme en sus movimientos, con la hija que necesitó la atención y el cariño que la madre le hurtó incapaz de asumir el papel que sin saberlo había sido el más importante de su vida, el de madre. Allí, de nuevo, la luz en el rostro de la Gallardo, una actriz impresionante, salvaje y dulce a la vez: actriz.
Decíamos antes los actores. Y decíamos bien. Los actores. Impresiona la primera escena en que aparece Elena, una joven que un día fue hermosa y que ahora sufre una parálisis cerebral degenerativa. Es Pilar Gil. E impresiona. Luego protagoniza el momento más tierno y duro de la narración, una demostración de amor filial en la que llega a empujar y rechazar a la hermana que la acoge. Es el momento que humedece el lagrimal del espectador. Si impactante es su primera aparición en escena, en esta vuelta de tuerca a su papel, rompe los límites de la pura interpretación para hacer lo que hace Nuria Gallardo durante toda la obra, vivir el personaje. Pero atención, también están Marisa Paredes, réplica de lujo para la Gallardo y Chema Muñoz, un curtido hombre de teatro que ya dejó en Huelva la pasada temporada su buen hacer, su saber hacer como actor.
Ambos dos permiten que la obra de Bergman, sumamente intimista, dura y descarnada, trascienda desde el escenario a la platea, produzca esa comunicación que el teatro moderno debe tener sin necesidad de que los actores repitan esa caricatura titubeante de desplazarse por entre las butacas del respetable. No, en absoluto. Aquí se trata de llevar el teatro a todos los sentidos del espectador. Eso es lo que hace el impecable elenco de esta “Sonata de Otoño” que nos dejó tan buen sabor, a buen teatro, el viernes en coliseo de la calle Vázquez López. Teatro, al fin y al cabo, que no es poco.
Después tendríamos que mencionar también el equilibrio de la escenografía, el ritmo de color tan delicado como efectista. O las luces, que fueron algo más que esos focos directos al rostro de la Gallardo. O el vestuario, con la sobriedad que necesitan estos interiores de Bergman que José Carlos Plaza, un tipo inteligente, un hombre de teatro, ha sabido llevar a las tablas en muy buena compañía. La de cuatro actores absolutamente de impresión. Magnífica obra, fenomenal estampa. Teatro.

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Wednesday, April 23, 2008

La ciudad y los libros

Empezaron los libreros mirando hacia el cielo y hacia lo que decían los partes meteorológicos. Mal tiempo. Luego, a partir del lunes, la cosa empezó a cambiar. Se abrieron los cielos y los paseantes empezaron a acercarse ya sin temor a la Avenida de Andalucía, el nuevo lugar, el nuevo emplazamiento de esta Feria del Libro que, tras la ausencia de la feria del libro sevillana durante dos largas temporadas, se ha quedado como la más antigua de Andalucía. Que sepamos.
Pero no es todo cielo y nubes, lluvia y sol. A los libreros les hará falta también transformar la Feria del Libro en un acontecimiento cultural. El lugar así lo pide. Ya no estamos en la plaza de las Monjas, donde se podía vender algún ejemplar a cualquier paseante que cayera por allí. Ahora es un lugar más apropiado por el sitio, por el espacio, por las infraestructuras… pero un lugar en el que no se cae así por las buenas, sino al que hay que ir. Es diferente.
El lunes, que ya lucía el sol. Las presentaciones y firmas de libros, que se han confiado este año y de forma casi exclusiva a autores onubenses, una arriesgada apuesta, no están funcionando todo lo bien que debieran. Ahí hay un trabajo extra, y algo de imaginación, para que luzcan como es debido, aunque como es natural, no tengan los autores onubenses el tirón que puedan tener otros más mediáticos, más conocidos, o los superventas, por supuesto. Esto es más arriesgado, digno de elogio, pero otra cosa. Más complicado a fin de cuentas.
El lunes, pues, y a eso de las siete de la tarde, había dos autores onubenses en busca de público, al modo brechtiano pero al revés, por lo que allí pasó y allí se observó. O más bien kafkiano… pero bueno, el caso es que una chica – de profesión animadora sociocultural, supongo - andaba dando brincos seguida de una trouppe de breves infantes que intentaban ser saltimbanquis. Una actuación de la propia feria muy digna de elogio, a no ser porque a la misma hora y en el mismo lugar estaban convocados esos dos escritores onubenses que miraban con estupor como nadie les echaba el menor caso. La feria, a lo suyo, a los saltimbanquis. Y los altavoces a lo mismo, por lo que el salón de las presentaciones estaba más vacío que el ojo Maillo y la tronera dispuesta para el asunto de la firma de libros, expuesta a los vientos de poniente que siguieron a la borrasca del fin de semana, a esa borrasca que ensombreció los primeros días aptos para la venta en esta feria del libro que ha cambiado de emplazamiento. Mejor, como reconocemos y reconocen los libreros con los que hemos comentado este asunto, pero un lugar nuevo al fin y al cabo.
Ahora son los propios libreros, los organizadores, sean quienes sean, los responsables de que la Feria del Libro funcione mejor que en el otro lugar, que en la añorada por algunos plaza de las Monjas, un lugar que a todas luces se nos antoja que no es el lugar. Sólo hay que visitar las carpas de la Avenida de Andalucía para comprobar que el lugar es mejor, más cómodo y más atractivo. Para los libreros y para el público. Más centrado en la ciudad, además.
El sol brilla, pero la luz de los buenos trabajos no termina de brillar. Es difícil y arriesgado cambiar de ubicación, y más si cabe hacerlo a un lugar que no es de paso, ni centro abierto comercial, pero más lo será si no se trabaja adecuadamente, si lo de la feria del libro más antigua de Andalucía se queda en pura palabrería y no en lo que tiene que ser, un acicate para lograr que esta semana onubense de los libros sea todo un acontecimiento en Huelva. Desde luego, con la sala de presentaciones vacía y la señora de los saltitos gobernando la Feria , con todos los respetos para la profesional a la que le dijeron que animara el cotarro, que animar ya creo que lo hace y además como toda una profesional, pues no creemos que la Feria del Libro vaya a triunfar allí. Bueno, ni allí ni en lugar alguno. Para esto no se necesitan alforjas, simplemente se vuelve a la plaza de las Monjas y se echa la caña de pescar, por si algún paseante distraído compra el libro de la sexualidad o las mejores recetas de la cocina tailandesa y bienvenidos sean los duros que entran en caja. Pero esto no es hacer una Feria del Libro, lo que debe ser una fiesta de los libros y de la cultura. Esto, aquí o allá, es otra cosa. Los libreros, y el Ayuntamiento, tendrán que decidir qué hacen y a qué se dedican.
De momento ha dejado de llover, pero el tiempo, las inclemencias meteorológicas que tanto preocupaban al principio, no son el problema. En ese lugar tan estupendo, con un poco de interés, se consigue hacer una Feria de tomo y lomo. Tomo y lomo de libros, que es de lo que se trata. Ya veremos qué ocurre.

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Sunday, April 20, 2008

Fotos para comer

Impresionante. Vais a alucinar con estos portalesdebelén que un señor hace con lentejas, lonchas de salmón y papatas, con brócoli, pimientos o arroz, con perejil, zanahorias y jamón. Un trabajo de chinos que hace con la finalidad de realizar las fotografías que podéis ver en www.carlwarner.com Están en el segundo recuadro, de color naranja que aparece en la página principal. Qué barbaridad y qué paciencia, dios mío de mi alma…
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Saturday, April 19, 2008

Gracias a todos

A quienes estuvistéis allí para acompañarme por aquello de la amistad, a pesar del viento, de la lluvia y de la hora tan intempestiva. Pero, sobre todo, gracias a quienes no conozco de nada y estuvistéis en el pregón de la Feria del libro aplaudiendo y apoyando a esta criatura humana que puede que se encuentre entre las más favorecidas de la población mundial, que cuando los chinos terminen con su censo y nos enteremos de cuántos son, sabremos que estamos por encima de los seis mil quinientos millones de eso, de criaturas humanas como usted y come io. Así que gracias a todos, porque era realmente complicado llenar aquél recinto - seguro que os distéis cuenta de que había persona hasta detrás de las ventanas- con tanta circunstancia adversa: el tiempo, la hora y el día laborable o el cambio de ubicación, que uno piensa que ha sido para mejor aunque se tarden dos o tres años en asimliar este nuevo emplazamiento de la Feria del Libro, más cerca de todos los onubenses y en un lugar mucho más amable, con más espacio y además indiscutiblemente hermoso, símbolo de esta nueva Huelva que está naciendo y que es algo más, muchísimo más, que las tres calles del centro. En fin, que gracias a vosotros…. tachán, tachán…. prueba superada!!!! Gracias, amigos.
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Los señores imputados

Entran y salen de las audiencias, como el que va al cine. A veces rodeados de cámaras que los adoran, como vemos con estupor antes de los telediarios, en el programa de una guapita de cara, delgaína y cursí hasta decir basta, que exclama con admiración que ha podido al fin salir de la cárcel  Julián Muñoz, un hortera de solitario gordo y cadenón de oro que se lo llevó calentito del Ayuntamiento marbellí. Y lo dice con una sonrisa enorme. Pobrecito Julián Muñoz, verdad hija mía, que tenga que estar en la cárcel o con la Pantoja , que no se sabe qué puede ser peor.
En las provincias más alejadas de los centros de producción de noticias, también tenemos a señores imputados. No salen en la prensa rosa, pero al menos la prensa local les dedica unas suaves reprimendas o transcriben lo que les notifica el juzgado correspondiente. Poco, o muy poco. En todo caso, el trato es correcto, de suma educación. Ya se sabe, si robas millones eres un señor con derecho a la presunción de inocencia, faltaría más. Pero si robas una gallina eres un peligro social, como ese mangui que birla una cartera con ochenta y tres euros y le salen siete años de cárcel y le tratan como lo que es, un mindundi, un tipejo al que ya nadie le puede sacar los colores, que ni eso tiene, sino el mote y sus iniciales a lo más: M. C. R. (a) el Carapapa, con antecedentes por atentado a la salud pública – lo cogieron vendiendo chocolate – y robo con agresión (de cuando lo de la vieja que se resistió a que se llevara el bolso y le dio un empujón que estuvo la pobre señora cerca de un mes ingresada con la cadera rota). Uno es un señor y el otro, ya lo saben, un desgraciado. Cuestión de pelas.
Los de provincias salen bien parados por la prensa amiga y no tanto por la enemiga. Teniendo en cuenta que chorizos, lo son. Suelen ser ex alcaldes y/o concejales de urbanismo, que priva mucho. Además han acaudalado millones que nadie sabe de dónde proceden. Por lo cual, oh milagro, nadie puede llamarles chorizos en tanto y en cuanto no se demuestre que la procedencia de los dineros sumados a sus cuentas corrientes es fruto de la extorsión y del consentido chantaje a empresarios del ramo de la construcción. Al final, dinero robado directamente a los ciudadanos que somos todos. Así que a callar, que si no viene la denuncia y la sentencia, esta vez sí, por infamias, injurias y no se sabe cuántas cosas más.
A estos listos de las cuentas corrientes que no son nada corrientes, el señor juez le acusa de lo que puede. La judicatura echa mano de la información disponible y le pide que aclare la procedencia de esos dineros. El menda del que podemos saber nombre y apellidos, aunque no el mote, que queda feo, se defiende de la mejor manera posible: son dineros de mis empresas, y no los de Merimeeeé, y no los de Merimeeeeé. Quiere decirse que son errores contables que se solucionarán con una multita de nada. Total, si robo quinientos y tengo que pagar uno a la Hacienda Pública , pues fantástico. Desde luego cómo son los tíos. De ellos se puede decir que son todo unos señores. Unos señores chorizos, pero al fin y al cabo señores.
Señores imputados que aparecen a diario. Aquí y en Murcia, en Almería y en Pontevedra. Por todos lados. Son auténticos señores, ya lo ven.
Después y para terminar viene la ceremonia de la confusión. Si de un lado caen señores imputados gracias a que disfrutamos de una democracia que, afortunadamente, es una máquina de bombear basura de los sótanos contables a la superficie, para que la veamos al menos; por el otro comprobamos la torpeza de unos progres poco acostumbrados a manejar dineros privados, cuanto más públicos. Y entonces llega la dicha ceremonia de la confusión, que consiste fundamentalmente en mezclar el culo con las témporas. Se señala de inmediato al fulano o fulana que no puede explicar la falta de nosecuantos mil euros en las arcas municipales y ya está. Todos iguales y todos contentos.
Pero, no. Usted y yo sabemos que de eso nada. Que una cosa es que unos torpeen de forma mayúscula en la gestión municipal y otra que los haya montando el chiringuito en la alcaldía con cargo a nuestros esmirriados bolsillos. A unos el juez deberá decirles usted, o usteda, es tonto, o tonta, y va a estar cincuenta y tres años sin poder acceder a cargo público ni nada que se le parezca. Pero a los otros, que se han enriquecido nadie sabrá nunca de qué forma, deberán mandarlos al talego, para que compartan celda y retrete con el Carapapa y con todos los desgraciados que alteran la tranquilidad removiendo conciencias y poniendo al descubierto las carencias de un sistema democrático que, afortunadamente, continúa bombeando mierda a la superficie. Que no es poco.
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Friday, April 18, 2008

El pregón de la Feria del Libro

Autoridades, señoras y señores, queridos amigos… Buenos días.
Lo de buenos días es un decir, claro está. Hoy, mañana, y pasado mañana también vamos a tener agua. El lunes, parece ser que ya no, que podremos tener una feria del libro soleadita, como tienen que ser las ferias libreras aquí en el sur. Apetecibles. Disfrutar de eso de ir a la feria a buscar, a mirar y a comprar… un día especial, un día de fiesta. Eso es una feria. Eso y mucho más… echen un vistazo al programa de mano de esta en la que están, y lo verán.
Antes de iniciar este pregón, pretendidamente gracianesco, me van a permitir que agradezca a los libreros de la Federación Onubense de Empresarios y al Ayuntamiento de la capital, la gentileza que han tenido al invitarme a pronunciar aquí, en la apertura de esta cita anual con los libros, unas palabras.
Querría empezar además fijando vuestra atención y ya que estamos con las inclemencias del tiempo, en esa predicción meteorológica según la cual a partir del lunes brillará el sol y las lluvias nos dejarán en paz. Son predicciones del Instituto Nacional de Meteorología, al que por cierto, le han cambiado el nombre y ahora le llaman Agencia Estatal de Meteorología; ya saben… el Estat, que diuem els catalanistes, per a evitar dir paraules que a ells els donen repelús. De modo y manera que si desean conocer las últimas predicciones meteorológicas, no cliqueen ieneme punto es, sino aemet punto es. Los tiempos, que están cambiando y es eso justamente de lo que quería hablarles y de lo que terminaré por hablarles. Espero.
Les decía antes lo del lunes, lo de que hará mejor tiempo, porque es más conveniente gozar de los buenos pronósticos que entristecerse con los malos, aun cuando es obvio que todos se deben tener en cuenta. Quiero decir que nunca fue conveniente meter la cabeza en un agujero, sino levantar la vista y mirar con generosidad todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Hoy, esto de mirar con generosidad y hasta con optimismo, a nuestro alrededor, también lo vamos a hacer.
Es más conveniente alzar la mirada y alcanzar el próximo lunes, que observar con pesadumbre estos días que nos tienen mirando al cielo con cierta preocupación. A estos días se les pone buena cara y ya está. Se acabó. Con los hábitos de lectura de los jóvenes andaluces, que es de lo que terminaremos hablando, vamos a intentar hacer algo parecido. O al menos, intentaremos mantener la calma.
Sabido es que la escritura, hasta fechas recientes, ha sido un instrumento fundamental para la transmisión de conocimientos. La lectura, hasta ahora, ha sido el modo más eficaz de desarrollo y progreso con el que ha contado cualquier sociedad. Hasta la fecha…, como les iba diciendo.
Fíjense que en los casi dos millones y medio de años transcurridos desde la aparición del género Homo en la Tierra , australopitecos y otros elementos de similar pelaje al margen, tan sólo en los últimos cuatro mil años hemos sido capaces de idear documentos que luego nosotros mismos u otros, pudieran interpretar. Si consideramos documentos ya con escritura semialfabética, nos vendríamos todavía quinientos años más acá, hasta dar con ciertas inscripciones protosinaíticas fechadas alrededor del 1.500 antes de nuestra era. Tres mil quinientos años entonces.
Al principio fueron tablas de arcilla, papiros, o pieles con grafos rotulados de mil maneras que a duras penas han podido ser descifrados y son de dudosa o ambigua interpretación. Pero lo que nos interesa y ocupa es que hasta entonces, hasta ayer mismo si comparamos estos escasos miles de años con aquellos dos millones y medio de años, no había sido capaz el hombre de elaborar documentos que otros pudieran descifrar, interpretar, conocer. Es entonces, a partir de ahí, cuando el progreso humano se hace ya imparable. Incluso yo me atrevería a decir que vertiginoso. Sí, esa puede ser la palabra, vertiginoso.
Para entender mejor estas inabarcables distancias cronológicas, veamos como andábamos, es un decir, hace seis millones de años. Recientemente se han descubierto en las colinas del Tugen, en Kenya, restos fósiles del primate más antiguo conocido hasta la fecha, el Orrorin tugenensis. Estos individuos parece ser que fueron ya capaces de bajar de los árboles donde tenían su confortable nicho ecológico. Abandonar la seguridad del árbol y en consecuencia poder liberar sus manos. Las manos, un instrumento esencial, liberadas al fin de las ramas que eran su prisión.
También fue entonces, al bajar algunos ejemplares de Orrorin tugenensis del árbol, cuando estos primates pudieron alzarse al fin sobre sus dos patas traseras y otear un horizonte más amplio. Ganaban en consecuencia seguridad, confianza y territorio.
Pues bien, desde entonces, en estos últimos seis millones de años y hasta hace apenas nueve mil, tan sólo nueve mil, hemos aprendido a caminar, a dominar el fuego, a tallar piedras para hacer útiles, luego a pulirlas… y hasta aprendimos a criar ganados y a cultivar la tierra. El despegue, desde luego, es la Revolución Neolítica. Este es sin duda el punto de inflexión, pero la lanzadera, es la escritura, esa capacidad de elaborar documentos que tus semejantes puedan descifrar.
Decíamos que el Neolítico fue un punto de inflexión absolutamente crucial, pero en estos tres mil quinientos o cuatro mil años últimos, desde que aprendimos a escribir y a leer, hemos avanzado ya, como les decía, de una forma absolutamente vertiginosa.
A principios del pasado año cuando un satélite artificial, creado por el hombre, inició un largo caminar que en dieciocho o veinte años le permitirá alcanzar los límites de nuestro sistema solar, podrá traspasar la elipse de pequeños cuerpos que incluye al recientemente depreciado Plutón, y se asomará a la oscuridad infinita que enlaza con otros sistemas y podrá luego dirigir sus cámaras incluso más lejos, allá donde el infinito se hace cotidiano. El hombre observando al fin otras galaxias.
Hemos avanzado. Está claro que en sólo tres o cuatro mil años, desde aquellos hermosos días en que aprendimos a leer y a escribir, hemos avanzado, hemos progresado adecuadamente.
Tanto, tanto hemos avanzado, que mientras aguardamos el tiempo en que nos podamos trasladar de manera no corpórea por este universo infinito, hemos ido desarrollado complejos códigos que nos permiten intercambiar y almacenar información de forma absolutamente sin fin. Nuevos tiempos y nuevos sistemas de comunicación, nuevas tecnologías que avanzan con inusual rapidez… tan, tan rápido, que somos incapaces de imaginar siquiera cómo será el mundo en el que vivirán nuestros hijos, nuestros nietos y, quién sabe, incluso nosotros mismos… Todo ha cambiado.
Ahora, métanse en un aula e intenten convencer a un grupo de alumnos con catorce o con dieciséis años, nacidos ya en este tiempo de cambios continuos e impredecibles, donde la ficción es incapaz de desplazarse a la misma velocidad que la realidad, y díganles que tienen que leer, que deben adquirir hábitos de lectura.
¿Para qué?
Pleistechion, áipod, emepecuatros y emepetrés. Móviles de última generación que quedan obsoletos al día siguiente de comprarlos porque ha salido un modelo con más amplias prestaciones; o esto del Internet que a mí me permite estar a diario en contacto con los lectores sin salir de casa, y al mismo tiempo controlar las faltas de los alumnos y colgarles las notas de las evaluaciones mientras ves y escuchas una grabación de Manolo Caracol con la guitarra de Melchor de Marchena; y Lola Flores ahí delante, jovencísima, guapísima, tremenda, bailando, en blanco y negro, “ La Niña de Fuego”; o blackberrys que te conectan con un amigo australiano o bengalí mientras paseas por el espigón o te comes un pescaíto frito en la taberna de Joselito. Toda la información que puedas imaginar, y más, a tu alcance. El mundo en un pañuelo tejido con microchips y cablecitos. Todo en tu bolsillo. Todo.
Ahora, dígale usted a sus alumnos que deben leer para disponer de más información. Cuéntenles eso de que los libros te harán libre… y luego me cuentan a mí lo que les ha ocurrido.
Nunca antes el hombre pudo disponer de una mayor capacidad de almacenar información. Nunca antes, tampoco, pudo tener menos capacidad de reflexión. Algo falla. O a lo mejor es que eso de la lectura, de la adquisición de hábitos de lectura, sirve para algo.
Leer para conocer desde la reflexión. Ah, amigo… Pensar, sacar conclusiones, descifrar correctamente tanta información como tenemos disponible y, en consecuencia, dominar el mundo, este mundo en el que vivimos, que no otra cosa es ser libre. Y recuerden ahora a Kant, la libertad como elemento indispensable para alcanzar la felicidad.
Vaya, con esto parecía que no contábamos. Leer, conocer, pensar, dominar nuestra propia vida, abrir mil caminos a nuestro paso, que es decir mil opciones diferentes, poder elegir de entre ellas la que más nos convenga o, simplemente, la que más nos apetezca… ser libres.
Ahí está. El camino de la felicidad. Increíble. Los libros, esos viejos trastos que parecían no servir para nada, resulta que son un instrumento sin el cual no podremos ser libres, que sin ellos no alcanzaremos la felicidad. Conocer… reflexionar… Volvamos al aula para contarles esto a los alumnos, a esas generaciones de andaluces que nuestra lectura rápida, irreflexiva, de ese informe que la OCDE realiza entre jóvenes quinceañeros, y a los que deja tan mal parados.
Y todos tenemos la culpa. Todos hemos realizado esa lectura rápida e irreflexiva del informe Pisa. No nos engañemos. A mí, que también la hice, me sacó del atolladero en el que andaba metido una diputada de Madrid, una señora que llamó analfabetos a los alumnos andaluces, pero que rápidamente, al instante, rectificó e incluso pidió perdón. Ella, esa diputada, fue la que me salvó.
Es cierto que el célebre informe Pisa nos dejó, un año más, mal parados a los andaluces. Tiramos entonces de teclado y nos lanzamos a degüello contra el sistema educativo. Estrellamos nuestras frustraciones contra la última ley y contra todas las demás, contra todos los proyectos que en los últimos años han intentado mejorar la educación, el sistema educativo en España. Es indudable que a esta última ley seguirá otra, y a esta otra más. También es cierto que todas fallarán y todas se mejorarán. Todo es cierto. Como es cierto también que el nivel de formación de los andaluces, de los españoles también, ha mejorado de una forma absolutamente radical en las últimas décadas. Entre otras cosas porque ahora no sólo ocupamos esas aulas repletas de emepetrés y emepecuatros, unos cuantos privilegiados. Ahora están todos nuestros hijos mejorando día a día sus niveles de formación, de educación, adquiriendo hábitos de lectura también.
La información, ya lo sabíamos, la están extrayendo de muchos más sistemas de comunicación y gracias a otras tecnologías, pero también leen. Aunque algunos no lo quisiéramos ver hasta que pudimos apreciar cómo una diputada de Madrid rectificaba sobre la marcha una burrada que otros, más burros aún, asumimos sin más, sin reflexión alguna, sin querer ver la realidad. Una realidad que nos dice que el común de los andaluces, la inmensa mayoría de los jóvenes andaluces, tienen un nivel de conocimientos superior al que tuvieron sus padres hace treinta o cuarenta años, hace por lo tanto, una sola generación. Hoy los jóvenes, en su conjunto, tomando la media y no particularizando, quede claro, tienen más conocimientos y también, tal como dicen las estadísticas, hoy se lee más.
El cuerpo nos pide, a quienes creamos opinión, a quienes publicamos artículos o impartimos conferencias, a quienes participamos en tertulias o publicamos libros, ver una realidad muy distinta, la de unos andaluces analfabetos que no tienen saludables hábitos de lectura. Pero la realidad es bien distinta. Hace treinta o cuarenta años, hace una generación, cuando teníamos como únicos compañeros que nos transmitieran información a los libros, leíamos menos los andaluces, la media de los andaluces, el conjunto de los andaluces, leíamos mucho menos. A pesar de lo que les decía antes, a pesar de que fueran los libros la única fuente de información de la que disponíamos. Para demostrarlo ahí tienen los índices que cuentan de forma absolutamente objetiva el número de libros vendidos, o el aumento de las cifras de lectores de prensa que también se ha producido en las últimas tres o cuatro décadas… Se publican más libros, se venden y se leen más libros año tras año. Se venden y se leen más periódicos… Y saben qué… pues que esos analfabetos sobre los que nos lanzamos a degüello quienes no hemos sabido leer el informe Pisa, o quienes no hemos sabido tener al lado de ese informe otros datos igualmente necesarios para reflexionar y sacar conclusiones…, esos analfabetos, pues, además de leer más cada día, de tener hábitos de lectura más saludables y, lo que es más importante, más extendidos entre la población, disponen de otros muchos sistemas y tecnologías que les permiten recabar toda la información que les plazca. Algo que quienes pusimos el grito en el cielo cuando repasábamos los datos revelados por el informe Pisa, nunca tuvimos y, lo más divertido de todo este asunto, nunca sabremos manejar esa nueva tecnología de la información y la comunicación con la soltura y la sencillez con que lo hacen ellos, estos andaluces analfabetos que, como desvelan los números, leen más y están mejor formados, tienen más capacidad de información que nosotros, y también, por lo que se ve, más capacidad de reflexión.
Cómo les decía al principio, los tiempos están cambiando… pero cambiando a mejor, por supuesto.
Todavía muchos estamos a tiempo. Hagan, hagamos pues, como aquél Orrorin tugenensis que supo alzarse sobre sus dos patas traseras y gozar en consecuencia de una mirada más limpia y más amplia. Imiten al mono y quizás, a lo mejor, estén todavía a tiempo. Inténtenlo, como yo lo intento… y que tengan suerte.
Muchas gracias.
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Una lección magistral

Hay ciertas asignaturas pendientes en los centros públicos de enseñanza de Andalucía. Oír, por ejemplo, y por supuesto escuchar, a don Rogelio Beltrán el Puebla ( La Puebla de Guzmán, 1928) cantar flamenco es una de ellas. Obligatorio, como el carné de conducir, debería ser el que los alumnos de las enseñanzas obligatorias atendieran a su voz, a esa forma de cantar tan pura y tan firme, tan dentro de la ortodoxia en la que siempre ha pretendido estar. Desde luego, los alumnos de los institutos andaluces, se merecerían que de vez en cuando un catedrático de la altura y perfección de don Rogelio Beltrán el Puebla, se acercara por sus aulas.
Este martes pasado estuvo en la Peña del Higueral, cantando. Dictando una lección magistral. A su lado Gaspar de Holanda, cada día más suave en el mástil, mostrando una progresión enorme con la guitarra el holandés. Cuando se acerca un día grande, y el martes con don Rogelio Beltrán, lo era, uno toma sus precauciones. Llamé a Eduardo Hernández Garrocho, que además de soberbio cantaor, es la enciclopedia onubense del flamenco (con permiso de Onofre López, por supuesto, y de una extensa nómina de entendios en flamenco que en Huelva dominan este ancestral y complejo, infinito habría que puntualizar, arte jondo). Así que con el maestro me encajé en la Peña del Higueral y allí estaba el Puebla, cantando ya por malagueñas, por livianas y por unas bulerías con un sabor muy especial, el que nos lleva a un tiempo del que tan sólo tenemos referencias, cosas que hemos oído, y afortunadamente grabaciones como las que les aconsejo que disfruten en el youtube ( http://es.youtube.com/watch?v=rTHeyZ05HOg ) y en la que Melchor de Marchena comenta lo que suponía para él tocar al lado de un cantaor como Caracol. Por cierto, que utiliza la palabra cantador, como era propio de la época y como escuchamos en grabaciones antiguas como esa en la que nada menos que don Antonio Chacón canta por malagueñas y el tocador le jalea: ole ahí los buenos cantadores.
Sabíamos que estábamos ante un día grande y el de La Puebla de Guzmán no defraudó. Por alegrías, y sin el tirititrán que ahora se utiliza como norma de obligado cumplimiento. Se gustó el andevaleño y al público lo levantó de sus asientos.
Después hizo lo que todo el mundo esperaba y le solicitaba, cantar por Huelva, por el Andévalo que lo vio nacer y por todos los rincones de esta tierra tan rica en palos flamencos, por mucho que algunos no lo terminen de ver así. Seguiriyas y tonás de su pueblo o de Villanueva de los Castillejos, y por supuesto fandangos, con un sabor y una musicalidad que difícilmente la volvamos a disfrutar salvo en la voz de estos sabios cantadores, de artistas como don Rogelio que, ya les vengo diciendo, es un catedrático en pleno ejercicio de sus funciones docentes. Y un artista sobrenatural, además.
Ya abajo del escenario, los entendíos le cantiñeaban y el Puebla entonces explicaba todos y cada uno de sus tonos, de sus matices, cantando con una naturalidad extraordinaria. La lección, que en la actuación había incluido un recorrido por los fandangos de Jaén: Rute, Cabra, Linares… se amplió luego a las murcianas, las cartageneras, las tarantillas de Albacete o los cantes de las minas, sobre los que también dictaba lecciones al tiempo que iba cantando en una noche verdaderamente muy especial. Ya les digo, una noche en la que aprendimos, disfrutando, de un artista por derecho. Que cantar, con toda esa edad que su carné de identidad dice que tiene, canta. Y cómo canta el Puebla, señoras y señores. Cantar, lo que se dice cantar: don Rogelio Beltrán, el Puebla.
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Wednesday, April 16, 2008

El viernes, doy el pregón de la Feria del Libro

En la Avenida de Andalucía, en las carpas, se instala este año la Feria del Libro. El Ayuntamiento y los libreros onubenses han tenido la gentileza de invitarme a dar el pregón de este año, por lo que a pesar de la hora y de las inclemencias del tiempo, espero que si tenéis oportunidad os acerquéis por allí a eso de las doce del mediodía este viernes 18 de abril. Si cuadra, hasta nos tomamos algo juntos.
Y aprovechando que ya estoy por aquí, os cuelgo mi artículo de hoy en El Mundo - Huelva Noticias:

Trampas para enamorados
Que ellas los prefieren fieles es algo sabido e incluso supuesto. A ellos, que venimos a ser nosotros, también. La fidelidad es, entre otras muchas cosas, higiene: precaución. Un equipo formado por investigadores de tres prestigiosas universidades británicas, las de Durham, Aberdeen y St. Andrews, por si querían saberlo, ha venido trabajando en un proyecto que pretendía alcanzar la capacidad de leer la promiscuidad en el rostro de las personas. Los primeros resultados son ya de dominio público al haber sido publicados a través de la revista científica “Evolution and Human Behavior” y, lo que ha sido menos discreto, divulgados luego a través de los medios de comunicación.
Realmente, lo que han hecho estos científicos ha sido demostrar a través de muestreos y encuestas, si era cierto aquello de que basta con mirar a los ojos de otra persona para comprobar si hay cierta química entre ella y usted. Eso que tantas veces nos ha llevado a chascos imprevisibles y en otras muchas ocasiones a aciertos inesperados. Es decir, a jugar a la lotería con distinta fortuna, que si unas veces sí, y otras pues que no. Pues eso.
Bastaría con mirar a la cara, que ya lo sabíamos, ha demostrado ahora los científicos británicos. La cara como espejo del alma, que es realmente donde se encuentra el deseo sexual, la razón última por la que después de seis millones de años, estamos aquí. Desde el Orrorin tugenensis que otros científicos, paleontólogos en este caso, acaban de revelar a la opinión pública y que vivió en las colinas del Tugen kenyatas, hasta usted o el señor que se acaba de manchar la camisa justo a su lado por mojar los churros en el café. Seis millones de años de evolución, uno detrás de otro. Desde el principio de los tiempos, desde que bajamos del árbol, hasta la barra de aluminio en la que está usted ahora tan feliz untando el fuagrás en la rebanada de pan.
Puro deseo sexual, por un lado, y apetito del otro, del de las ganas de comer, por el otro, alimentos en este caso. Eso es lo que nos tiene aquí, como a tantas otras especies animales que averiguan si el ejemplar de sexo contrario está en celo observando que el plumaje se ha tornado más brillante, u olisqueando el tufo hormonal que va dejando tras de sí, tan atractivo. U observando como con cierta elegancia natural, los barriletes de la otra banda elevan al sol la pinza más desarrollada. Sí señor, esa boca de la isla que usted disfruta los domingos acompañándola con cerveza helada  y el partido del Plus.
Los científicos británicos han venido a demostrar también, que los hombres preferimos a las mujeres que están abiertas, con perdón, a relaciones sexuales a corto plazo. Coito, fecundación y asegurar la continuidad de la especie. Mientras que ellas prefieren a machos que prefieran una relación más duradera, asegurándose así el cuidado y pervivencia de la camada, lo que viene a ser lo mismo: asegurar la continuidad de la especie, como decíamos.
Hoy, a pesar de que todo se diluye en este aparentemente tiempo final de la especie humana, somos capaces de vislumbrar aún en el rostro, a través de una mirada limpia, la posibilidad de procrear, de realizar el acto supremo de la fecundidad. Todavía, y aunque milagrosamente, seguimos teniendo ciertos instintos animales que nos pegan a la tierra. Seguimos vivos. Continuamos. De momento.
El estudio incluye algunas reseñas que nos ayudarían a rastrear las posibilidades de realizar el ayuntamiento carnal a los hombres. Las mujeres más proclives a mantener relaciones esporádicas, serían aquellas que, simplemente, vemos como más atractivas. En el caso contrario, las señoras buscarían hombres de rasgos masculinos muy marcados, como pudieran ser unas napias importantes o una mandíbula cuadrada, aunque luego sepan que estas características implican ciertas dosis elevadas de promiscuidad y, como es natural, menos garantías de que le vayan a ayudar en el cuidado de la prole. Quiere decirse que bien para una función, la relativa al coito, pero regular para la otra, la de ser padres y además responsables.
En uno de los corolarios finales, el profesor David Perrett, de la University of St. Andrews, asegura que ellas los prefieren fieles, que ven más atractivos a los hombres con los que auguran poder tener una relación larga y que, además, les interesan muy poco aquellos que pudieran ser estupendos amantes, pero sólo útiles para relaciones cortas. De hecho, Casanova, don Juan o el mismísimo Sören Kierkegaard en su “Diario de un seductor”, no hicieron otra cosa que establecer tretas. Ellos no fueron grandes seductores, tan sólo fueron diestros o especialmente hábiles armando trampas para enamorados.

Posted by Bernardo Romero in 18:05:49 | Permalink | No Comments »