Friday, January 18, 2008

Overli, el tiempo detenido

Tengo la obra de Isidoro Fernández Palma “Overli” (1952 – 2001) presente en todos y cada uno de mis días. También su palabra, su sonrisa de viejo duende, de místico desarrapado y bonachón, su sabiduría innata, ese atrapar la realidad de una manera absolutamente limpia y sincera. Sin atisbo alguno de contaminación en su formación autodidacta, en su carrera pictórica, así era Isidoro: entrañablemente alucinante, coherente en todo caso y docente de altos vuelos sin querer serlo en absoluto, cuando recibíamos de él lección certera y necesaria, más que con su visión del mundo, con su mero existir, con su bendita cotidianeidad.
Ahora que hace tiempo que cesaron las lágrimas por su temprana desaparición, ahora que afortunadamente el recuerdo lo va matizando todo, que su figura se nos hace más grande aún, lo encontramos en la Galería Fernando Serrano de Trigueros (hasta el 31 de enero y en www.art-website.com), ese lugar impregnado por la sabiduría de un galerista que ha sido capaz de poner sala y labor entre las más importantes y rigurosas de la península Ibérica. Ahí está mio Cide Isidoro Fernández Palma “Overli”, cabalgando hermoso por las praderas del arte siete años después de muerto. Y ahora, como entonces, sin necesidad de cadenas que le aten a la montura, porque el artista, y ustedes seguro que lo saben bien, nunca desapareció de nuestros corazones. El sigue aquí, sonriéndonos y haciéndonos saber por donde pueden andar los más hermosos caminos, los senderos de un mundo justo y limpio, como su mirada, como todo su ser. Eso es.
También están delante de mí sus dibujos, sus pinturas, su obra entera, la de un genio que vivió y gritó en el más absoluto de los silencios, por eso precisamente, su mensaje sigue ahí, perfectamente identificable en cada una de sus obras, gritando desde la más absoluta de las hermosuras por conseguir ese mundo que anheló, pero que también dibujó pleno de realismo, con sus monstruos y sus errores, con sus desastres y sus miserias. Encima de todo eso, Overli puso un grito de denuncia pero también de esperanza.
Overli se anticipa, en sus discursos a mucho de lo que hoy estamos presenciando: destrucción del planeta, guerras, contaminación, pero también ambición, poder, dinero, corrupción…, porque su lenguaje, simple y directo, fue y es, a pesar de unas claves propias, no extraídas más que de la pura observación, de carácter universal, perfectamente identificable, reconocible, tanto ayer como ahora o mañana mismo. Resulta curioso, que entonces hubiera quién calificara de delirio aquellas minuciosas composiciones que Overli realizaba en el silencio de un estudio en el que el tiempo siempre estaba detenido –mística y alquimia-, y ahora esos mismos vengan a rasgarse las vestiduras –por necesidades del guión- clamando por aquello que el artista veía entonces tan nítido, tan meridianamente claro.
Si alguno de ustedes no conocieran aún la obra del maestro Overli, tienen la oportunidad de acercarse mediante la dirección electrónica antedicha, aunque es muchísimo más gratificante verla al natural, con su increíblemente bien medido ritmo cromático, con sus estudiadas composiciones fruto de una capacidad natural y también, por supuesto, sobrenatural. El día último de mes, cuando se celebran los cincuenta y seis años del nacimiento de este hijo de las estrellas, se cerrará la muestra que ha propiciado un galerista entregado y atrapado por la obra y la herencia universal del genio.
Ese día 31 de enero y a partir de las ocho de la tarde, hablaremos de él, gozaremos con su recuerdo y compartiremos con su hijo –que ofrecerá un pequeño concierto de piano- y su mujer – que ha preparado unas canciones para la ocasión – esta celebración en su memoria. Será un día para reconocer en sus cuadros todo aquello que él amó: la vida en la Tierra , sólo y nada menos que eso. La vida en libertad, plena de gozo y de amor, la que el artista vivió renunciando a todos los bienes materiales, dedicado a pintar y a humanizar con su palabra un mundo en el que la adicción al poder y a la riqueza, acechaba tras cada uno de los desastres que él, con tanta precisión, dibujó y denunció.
Hoy, la emoción de su recuerdo, me impide reflexionar sobre cuestiones meramente pictóricas. Sobre la hermosura de sus delicados trabajos, sobre su idea del color y de las formas, sobre ese imponer sobre la calidad la idea, el mensaje de su tiempo, que es éste y serán los por venir. Los de un planeta que sobrevive gracias a que no todos estamos atemorizados por el miedo que conduce a la riqueza, a la posesión de bienes materiales. Quienes esperamos ser sabios como el maestro, no necesitamos esas viles defensas para vivir.
Posted by Bernardo Romero in 18:31:01
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