BALLENAS
La fugaz visita de una ballena azul
BERNARDO ROMERO
Al tiempo que nos informan de que Palos es el municipio andaluz que más residuos peligrosos produce, una ballena de ocho metros se vino a perder entre los efluvios contaminantes que se vierten al río, al mar, desde las industrias del polígono Nuevo Puerto. La selva, desvirgada, ya lo ven, tiene estas cosas.
Desde el amplísimo pantalán de la Refinería, algunos trabajadores que faenaban con grúas y cargas de combustibles fósiles, avistaban al perdido cetáceo. Clareaba el lomo azul petróleo por entre las breves olas del río y se sumergía, en un ritual de sombras y resplandores que acompañan el transitar de estos dóciles animalotes por océanos y mares. En otros tiempos, habría salido un suelto en la prensa local, aviso para navegantes, pero hoy la novedad salta más rápido desde las emisoras de radio y las páginas de Internet, así que la subdelegación del Gobierno se limitó a recomendar que aquellos que navegaran por el Canal del Padre Santo, extremaran las precauciones. El cetáceo, de ocho metros de eslora, en su deambular incierto, podría abordar a un carguero o a un barco menor, de los que van a por la sardina o el boquerón.
El puerto, la autoridad portuaria que llaman ahora, se aprestó también a buscar a la ballena perdida en el río. Una patrulla de la policía portuaria enfiló la canal del Padre Santo en busca de un lomo azul combo, que es palabra con derecho de autor y el autor es Abelardo Rodríguez Mora, que se aprestaría a anotar esa curvatura de sal en su “Marismaire”. Sus cenizas, las de Abelardo, que nos dejó, andan por ahí, navegando desde la Canaleta a todos los mares huelvanos. El río, es uno de ellos. Mirará a la ballena desde los limos del fondo y le sonreirá altivo, vestido de blanco inmaculado, barbado y filósofo. Un genio que se fue por la misma canal por la que anda ahora perdida la ballena, el cachalote o lo que quiera que se corresponda con ese reflejo azul casi blanco que los empleados del puerto y de la Refinería avistaron la mañana del jueves nadando por las aguas siempre tranquilas del río. De los ríos estuarios.
Ahora la aparición de la ballena es sólo un recuerdo de que las aguas de Huelva, a pesar de los pesares, siguen vivas. Ya no platean sobre las olas los delfines, como cuando íbamos en la Ángela Marisa a Punta Umbría y saltaban por la proa para que los chiquillos gritáramos y nos soliviantáramos. El río, lo que lleva desde mediados de los sesenta para acá, digan lo que digan, ahuyentó a los golfines y sólo muy de vez en cuando, como ahora con esta ballena azul, se les ha vuelto a ver. Entonces, cuando asoman peces llamativos por aquí y mucho antes de alcanzar la isla de Enmedio o Los Burros, los técnicos de Medio Ambiente, que saben lo que hacen, les salen al paso y les indican amablemente el camino de vuelta. Podrían quedar atrapados en los cabos y las redes que menudean por los fondos, dicen. Y morirse de vergüenza cuando vean la mierda que flota, sigilosa, por encima de las aguas y también por los fondos. Pero eso no se dice, todos convienen que este río siempre estuvo contaminado por la mina y se acabó el dilema. A pocos parece interesar el hacernos recordar que por aquí los delfines aparecían para comer mojarras y roncaores. Para emocionar a la chiquillería asomada a la borda del “Rápido” y la “Bella Ciudad de Alicante”, también.
Cuentan que cincuenta mil toneladas de residuos peligrosos producen las industrias del polígono Nuevo Puerto, las de Palos de la Frontera. Dos tercios del total producido en Huelva por la industria química, que viene a ser un tercio, del total andaluz. Industria química y básica, triste destino para estas costas visitadas por una ballena azul que tomó de nuevo el canal del Padre Santo sin querer mirar, ya lo ven, hacia atrás.
El Mundo - Huelva Noticias. 26 de junio, 2007