Monday, June 25, 2007

BALLENAS

 

La fugaz visita de una ballena azul

BERNARDO ROMERO

Al tiempo que nos informan de que Palos es el municipio andaluz que más residuos peligrosos produce, una ballena de ocho metros se vino a perder entre los efluvios contaminantes  que se vierten al río, al mar, desde las industrias del polígono Nuevo Puerto. La selva, desvirgada, ya lo ven, tiene estas cosas.

Desde el amplísimo pantalán de la Refinería, algunos trabajadores que faenaban con grúas y cargas de combustibles fósiles, avistaban al perdido cetáceo. Clareaba el lomo azul petróleo por entre las breves olas del río y se sumergía, en un ritual de sombras y resplandores que acompañan el transitar de estos dóciles animalotes por océanos y mares. En otros tiempos, habría salido un suelto en la prensa local, aviso para navegantes, pero hoy la novedad salta más rápido desde las emisoras de radio y las páginas de Internet, así que la subdelegación del Gobierno se limitó a recomendar que aquellos que navegaran por el Canal del Padre Santo, extremaran las precauciones. El cetáceo, de ocho metros de eslora, en su deambular incierto, podría abordar a un carguero o a un barco menor, de los que van a por la sardina o el boquerón.

El puerto, la autoridad portuaria que llaman ahora, se aprestó también a buscar a la ballena perdida en el río. Una patrulla de la policía portuaria enfiló la canal del Padre Santo en busca de un lomo azul combo, que es palabra con derecho de autor y el autor es Abelardo Rodríguez Mora, que se aprestaría a anotar esa curvatura de sal en su “Marismaire”. Sus cenizas, las de Abelardo, que nos dejó, andan por ahí, navegando desde la Canaleta a todos los mares huelvanos. El río, es uno de ellos. Mirará a la ballena desde los limos del fondo y le sonreirá altivo, vestido de blanco inmaculado, barbado y filósofo. Un genio que se fue por la misma canal por la que anda ahora perdida la ballena, el cachalote o lo que quiera que se corresponda con ese reflejo azul casi blanco que los empleados del puerto y de la Refinería avistaron la mañana del jueves nadando por las aguas siempre tranquilas del río. De los ríos estuarios.

Ahora la aparición de la ballena es sólo un recuerdo de que las aguas de Huelva, a pesar de los pesares, siguen vivas. Ya no platean sobre las olas los delfines, como cuando íbamos en la Ángela Marisa a Punta Umbría y saltaban por la proa para que los chiquillos gritáramos y nos soliviantáramos. El río, lo que lleva desde mediados de los sesenta para acá, digan lo que digan, ahuyentó a los golfines y sólo muy de vez en cuando, como ahora con esta ballena azul, se les ha vuelto a ver. Entonces, cuando asoman peces llamativos por aquí y mucho antes de alcanzar la isla de Enmedio o Los Burros, los técnicos de Medio Ambiente, que saben lo que hacen, les salen al paso y les indican amablemente el camino de vuelta. Podrían quedar atrapados en los cabos y las redes que menudean por los fondos, dicen. Y morirse de vergüenza cuando vean la mierda que flota, sigilosa, por encima de las aguas y también por los fondos. Pero eso no se dice, todos convienen que este río siempre estuvo contaminado por la mina y se acabó el dilema. A pocos parece interesar el hacernos recordar que por aquí los delfines aparecían para comer mojarras y roncaores. Para emocionar a la chiquillería asomada a la borda del “Rápido” y la “Bella Ciudad de Alicante”, también.

Cuentan que cincuenta mil toneladas de residuos peligrosos producen las industrias del polígono Nuevo Puerto, las de Palos de la Frontera. Dos tercios del total producido en Huelva por la industria química, que viene a ser un tercio, del total andaluz. Industria química y básica, triste destino para estas costas visitadas por una ballena azul que tomó de nuevo el canal del Padre Santo sin querer mirar, ya lo ven, hacia atrás.

 

El Mundo - Huelva Noticias. 26 de junio, 2007

Posted by Bernardo Romero in 23:00:00 | Permalink | Comments (2)

Saturday, June 16, 2007

VIOLENCIA ESCOLAR

 

Unas décimas de fiebre

BERNARDO ROMERO

Esta vez ha sido un automóvil destrozado con una barra de hierro o vaya usted a saber con qué tipo de instrumento se las han ingeniado unos cafres para dejar hecho un desastre el vehículo con el que se desplaza una profesora a su Instituto con ánimo de dar sus clases, de formar y educar a estos jóvenes que no podremos en modo alguna nombrar gamberros o cualquier otra cosa en tono menor, sino simplemente inadaptados.

Gente fuera de la normalidad que las autoridades competentes se empeñan en mezclar con el resto de jóvenes en las aulas. En unas aulas en las que, obviamente, no se puede trabajar. Ni dar clase alguna, ni formar, ni educar. Estamos, simplemente, negando la mayor. Quiere decirse que introducir a estos jóvenes sin ánimo alguno de aprender y formarse, por las tremendas, en las aulas de los colegios e institutos, no tiene absolutamente ningún sentido y los resultados a la vista están. Sobre todo si comparamos el nivel de los estudiantes andaluces con los de otras comunidades españolas. Si lo hacemos con Finlandia o Cabo Verde, entonces la cosa alcanza ya el mayor de los ridículos.

En todo caso, esto del destrozo del automóvil, como el puñetazo del curso pasado y el anterior, o cualquiera de los incidentes que se producen en los institutos onubenses, como en los del resto de Andalucía o del resto del estado español, no es más que el puro reflejo de lo que ocurre con nuestra sociedad, enferma o desvariada, incapaz, en definitiva, de entender los profundos cambios sociales y económicos que se están produciendo de forma tan vertiginosa en estas últimas décadas. Querríamos decir que estas agresiones, como las que más a menudo se producen en los centros hospitalarios, son simplemente las décimas que nos avisan de que esto no anda bien, que alguna enfermedad más profunda debe haber. No se trataría pues de intentar solucionar esto del automóvil destrozado -indemnizaciones a la docente al margen, claro está - sino de intentar buscar soluciones al clima de violencia y malestar que se vive en no todos, pero sí en algunos institutos. En aquellos que incluyen en sus aulas a un número superior de inadaptados de los que se pueden asimilar desde las propias condiciones del centro, tanto en lo que se refiere a recursos humanos, como a estrategias educativas.

Es evidente que esto de mezclar a todos los alumnos en un mismo grupo, sin atender al nivel de formación y educación que tienen, no funciona. Sería menester contar con recursos para poder atender a unos y a otros, quiere decirse contar con personal especializado y suficiente que fuera capaz, o al menos intentara, formar a quienes presentan severas carencias educativas acompañadas de comportamientos incívicos, hasta conseguir incorporarlos a una vida académica normal. Adaptarlos con garantías y no a las tremendas. Ganaríamos todos. Los inadaptados, los propios docentes y, por supuesto, el resto de sus compañeros de instituto, que verían como las clases se pueden - y deben - dar con toda la normalidad del mundo y su nivel de conocimientos, su formación y su educación pasarían a ser mucho mejor de lo que hasta la fecha tenemos en Andalucía.

Queda claro que el problema no es de ningún centro de enseñanza concreto, ni de localidad alguna que se pudiera considerar diferente, sino del conjunto de la sociedad, de una realidad a la que habrá que hacer frente tanto con medios materiales como humanos. Más que bajar las décimas de fiebre, habría que intentar atajar el problema, buscar el foco de infección y tratarlo. Pura cirugía escolar. Es más caro, pero posible.

 

El Mundo - Huelva Noticias. 16 de junio, 2007

Posted by Bernardo Romero in 18:16:01 | Permalink | No Comments »